Sucio

Foto-Grafías

Afiches en una vivienda particular. 2010El sindicalista Carlos Quintriqueo ensució el mobiliario urbano para hacer su campaña proselitista. Ensució con afiches paredes de casas particulares, ensució frentes de comercios y escuelas, ensució ventanas y mamposterías en hospitales, y otros espacios públicos. Lo hizo como ex funcionario del municipio, violando la ordenanza de propaganda política y con el silencio y la connivencia de políticos, concejales y la mayoría de los medios de comunicación.

Por Juan Mario Galdeano

Aunque el intendente de la ciudad de Neuquén, Martín Farizano ha afirmado en varias ocasiones que para tener una ciudad limpia, bella y ordenada no son necesarias más ordenanzas, sino cumplir las que están en vigencia; pese a que todos saben que no se puede crear una ley para regular el acto de ensuciar; y pese a que embadurnar con pegamento y papeles los muebles urbanos es ilegal y tiene una condena social, un ex funcionario de su gestión, el sindicalista Carlos Quintriqueo, tomó los afiches con su imagen, miró a ambos lados, se rascó para dentro, y antes de empezar a pegar sus carteles en lugares prohibidos, con mucho desparpajo se dijo: ‘Si todos los hacen…’.

Afiches en ventanas de un hospital. 2010Con ese instinto, el ex subsecretario de Recursos Humanos, don Carlos Quintriqueo, pegó afiches en las celosías de las ventanas y mamposterías de hospitales, frentes de escuelas, paredes de casas privadas, carteles indicadores del municipio, frentes de comercios, cajeros automáticos, paredones de terrenos privados, columnas de alumbrado público, cajas de electricidad, y otros edificios. Con ello, quebró la premisa de las normas que rigen en la Comuna, que le abonó generosamente un salario mensual de casi 10.000 pesos por un cargo más político que de trabajo; transgredió las reglas fundamentales de convivencia que se pregonan desde esa entidad; infringió las ordenanzas en beneficio propio; incumplió los buenos hábitos de salubridad que se transmiten desde esa entidad; y demostró su profundo desprecio por los trabajadores que dice representar, y los vecinos, quienes deberán pagar con sus impuestos la limpieza y reparación de lo dañado.

El afiche en cuestión, diseñado con poco arte y con el empleo cursi del símbolo de la arroba en lugar de vocales, muestra un Quintriqueo con un flequillo que le tapa casi toda su frente, pómulos algo prominentes y sonriente para la fotografía, casi como riéndose de los vecinos que resignados y con desazón deberán fregar el engrudo y la mugre que él les dejó en las paredes.

Infractor

Afiche en un cartel municipal. 2010Como si hacer pintadas, colocar afiches, esténciles, stickers y pasacalles en lugares prohibidos fuese una sana costumbre o un derecho consuetudinario, Quintriqueo pegó cientos de carteles en lugares no autorizados. Por ello, los inspectores de la dirección Espectáculos, Vía Pública y Actividades Nocturnas de la Municipalidad de Neuquén agregaron a Carlos Quintriqueo en la lista de contraventores de pintadas políticas de la ciudad, aplicándole 23 infracciones por violar la Ordenanza 10009. ¿Pagará Quintriqueo de su bolsillo las multas y los costos que demandarán el cepillado y el lavado o las tareas de remoción del material lo deberá hacer el Municipio, a través de dinero que proviene de los impuestos de los vecinos?

Responsabilidad de los medios

La transgresión que acabamos de ver forma parte de un comportamiento que comenzó a incrementarse a partir de 1983 y que actualmente accedió al rango de ‘común’ y ‘normal’, porque casi todos los partidos políticos, sindicatos, organizaciones civiles, y agrupaciones vinculadas al arte, lo hacen sin tapujos, ya que en esta circunstancia la ley no tiene la fuerza de apremiar u obligar a que paguen por la negligencia y los perjuicios que ocasionan. A ello hay que sumarle la conducta de algunos vecinos que se esmeran para que la ciudad de Neuquén luzca fea, sucia, anómica y hostil.

En esto, también tienen responsabilidad muchos medios de comunicación, los cuales presionados por la publicidad oficial o privada, no se atreven a preguntarles a los candidatos de partidos políticos, gremios y otras entidades por qué abusan de las normas municipales.

Luego del acto eleccionario de la Central de Trabajadores de la Argentina, Carlos Quintriqueo dio entrevistas a varias radiodifusoras en frecuencia modulada, quienes se abocaron únicamente a preguntarle por los resultados del escrutinio y otras nimiedades.

Solamente el periodista Francisco Ramón Casado García, del noticiario de la Radio LU-5, se refirió al asunto, al transmitirle las preocupaciones de algunos oyentes, quienes preguntaron a la emisora sobre el enchastre en las paredes de los hospitales y que el conductor del programa le hizo escuchar al entrevistado: ¿Cuándo limpiarán  el desastre de las pegatinas? y ¿Limpiarán lo que ensuciaron? Sin asumir ningún tipo de responsabilidad, cambiando el hilo de la conversación y desmereciendo el valor de las palabras, Quintriqueo respondió: ‘Seguramente… es el producto del fragor de la campaña de las distintas luchas,… expresando… las formas de poder dar a conocer cada una de las listas… seguramente’.

Afiches en columnas de alumbrado público. 2010Como habrá observado, la contestación sobre su campaña sucia no incluyó las palabras: limpiar, reparar, repintar, blanquear, ni las frases, resarcir el daño ocasionado, disculpas a los vecinos por ensuciar la ciudad, o la promesa de hacer en el futuro una propaganda de forma más prolija y limpia en las marquesinas y bastidores que indica la ordenanza. Con pedantería y descaro dijo: ‘El fragor de la campaña de las distintas luchas…’, como si ‘el fragor’ le diese autorización para el atropello, la impunidad, la ilegalidad y la provocación. Quintriqueo, enchastró, embadurnó, manchó y ensució con dolo, a sabiendas que cometía una infracción, sin interesarle los daños y gastos que provocaría en los vecinos y la Comuna.

¿Con qué fundamento jurídico y social el Municipio puede pedirles a los contribuyentes que cumplan con las ordenanzas si los funcionarios o ex autoridades que aspiran a ocupar cargos políticos en organizaciones desobedecen las mismas normas legales que en alguna oportunidad han hecho cumplir a la comunidad?

La actitud infiel e hipócrita que Carlos Quintriqueo le propina a la comunidad, nos hace más mediocres, más pobres, más brutos, más ignorantes, más descreídos de la actividad política e incita a los contribuyentes y vecinos a la desobediencia civil más que a cumplir con las obligaciones tributarias, las ordenanzas y las buenas costumbres de sociabilidad.

19 comments

  • todos los partidos politicos son unos mugrientos..si es mugriento el que pega el cartel, es mugriento el que dirige la cuadrilla y es mugriento el que maneja la campaña y es mugriento el candidato….la mugre es un patrimonio de todos. Un Mister Músculo a la derecha!!!

  • Jorgelia. No se trata de una cuestión ideológica, sino de buenas costumbres, respeto por las normas que nosotros hemos creado para vivir en una sociedad ordenada, y dar el ejemplo a nuestros hijos.

  • Gazpzar, gracias por dejar tu mensaje. Aunque parezca raro algunas organizaciones políticas y sociales han comenzado a utilizar métodos más prácticos y limpios. La Lista Ciudadana, que se presentó en las últimas elecciones para concejales, no empleó el pegado de afiches para hacer su campaña proselitista. También he visto a algunas entidades sociales que protestaron en la base del monumento al general San Martín, con leyendas en telas plásticas, que luego de la movilización quitaron de la estatua. Además, varias agrupaciones han utilizado pasacalles en lugares permitidos, que luego sacaron, sin ensuciar los muebles de la ciudad.

  • En 1976, en Tucumán, Bussi, gobernador de facto, mando a construir paredones en todos los sitios baldíos, y a todos los pintó de blanco, de blanca cal quedaron los arbolitos, de blanco quedo “la casita de la independencia”, con la calle cortada al tránsito para que todos apreciaramos el símbolo patrio sin que nadie nos atropellado, que tipo preocupado este por la integridad del pueblo, siempre dejo todo “limpito”…. las paredes, los paredones, la casita histórica…. todo Tucumán prolijito y ordenado, hasta los mendigos (feos y harapientos, mugrientos seres!) “desaparecieron”; los invito a vivir al cerro que linda con Catamarca, allí los “alojó”…. que lindo parecía ese Tucumán, los obreros no molestaban más, “el perro familiar” se encargaba de ellos, en los cañaberales solian encotrar muchas veces cuerpos destrozados….tamibén intentó pintar y emprolijar las conciencias del pueblo, la memoria, …… con algunos parece que lo logró…. por suerte, hay mucho pueblo que se escapó. Unos se espantan de afiches en las paredes, otros, disfrutan de esta (aunque tibia pero al fin) democracia. Unos se “rasgan las vestiduras” por afiches que afean, otros, nos amargamos por la miseria y la pobreza de muchos, miseria sin sentido que nos duele y averguenzan de ser parte de la misma especie que expulsa al hambre y al frío a seres de su misma especie… otros, les duele la vista rotosos afiches. Pareciera ser algo natural: que cada uno vea lo que quiere mirar. Parece que la blanqueada de Bussi también llega a la vista.

  • Pablo, gracias por participar en esto. Es cierto lo que dices: ‘Cada uno ve lo que desea mirar’. No obstante, la crónica está basada en el pegado de afiches en el mobiliario urbano, el cual está prohibido, aquí y en cualquier parte del mundo. El sindicalista Carlos Quintriqueo, pudo emplear paredones, con previa autorización del propietario, marquesinas, y bastidores habilitados por el Municipio. En cambio, decidió transgredir la ordenanza y ensuciar la ciudad sin importarle quien pagará su limpieza. Su impudicia puede observarse en la esquina de la diagonal Nueve de Julio e Yrigoyen, donde pegó afiches en las paredes de un edificio de propiedad privada, pero no ensució las paredes contiguas, que son de las instalaciones del gremio de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), y donde Quintriqueo tenía el cargo de delegado. Es es el cinismo, al cual me refiero.

  • “Prefiero un país limpio con paredes sucias”, dijo años atrás Oscar Alende. De todas maneras me llama mucho la atención la nota de Juan Mario Galdeano. Supongo que el mismo habrá escrito notas similares con todas las campañas políticas, sindicales y/o de lo que sea en las que se han pegado afiches. Pero para no ir muy lejos en la misma elección participaron más listas, las que, por supuesto, realizaron las mismas campañas con sus afiches. Por no hablar de la última interna del MPN de la cual todabía en medio Neuquén quedan rastros. Impresiona también los kilómetros recorridos para realizar el seguimiento de los afiches. Por último, resulta extraño que personalice de semejante manera en la figura de Carlos Quintriqueo, de su aspecto o de la artística de los afiches. Te molestan las pegatinas o te molesta Quintriqueo? Te molesta la imagen de los afiches o la CTA Neuquén?… El símbolo “@” es cursi? Lee un poco más la página web de la 8.300, donde publicas la nota que está llena de arrobas…

  • Señor Diego

    Pese a su apología sobre la suciedad en las paredes no puedo tratarlo como víctima sino como victimario, por una sencilla razón: Usted junto a Carlos Quintriqueo transgredió la ordenanza, ensució paredes de casas particulares, ensució frente de comercios, ensució escuelas, ensució hospitales, y ensució otros muebles públicos.

    Para su consuelo, en los archivos de este periódico hallará notas similares a candidatos de partidos políticos y funcionarios que ensuciaron la vía pública, con tanto bríos, como lo hicieron ustedes en la ciudad. También encontrará crónicas sobre la arroba y el empleo incorrecto que hacen algunos redactores en el formato periodístico de noticia.

    Respecto de Carlos Quintriqueo me fastidia su comportamiento de ensuciar la ciudad, actitud que no deseo compartirla. Me agobia su manera hipócrita de ensuciar las paredes del edificio privado ubicado en la esquina de Nueve de Julio e Yrigoyen, pero no las paredes contiguas, pertenecientes al gremio ATE. Me harta el desprecio que Carlos Quintriqueo le propina al vecino, que sin poder defenderse debe pagar con sus impuestos la limpieza y reparación de lo dañado. Eso no es difusión ni comunicación política ni institucional. Sino cinismo y provocación.

    Y sobre la hechura de la crónica no doy explicaciones. En cuanto al empleo del símbolo de la arroba, en lugar de signos lingüísticos, le informo que no solamente es cursi sino mersa. Es de tan mal gusto como dirigirse a alguien en tercera y segunda persona en forma simultánea, tal cual lo hacen algunos futbolistas cancheros.

    Ah…la palabra ‘todavía’ se escribe con tilde y con ‘v’ corta, con la vigésima quinta letra del abecedario español, con la ‘v’ de vocero, de vasco, de vándalo.

  • quintriqueo…mira el kilombo que armaste, vó y tus cartelito… garrá lo balde, jabó y frega la paredes. Dale, no te agai el oso que con la sonrisa ya no alcanza.

  • Que dificil va ser construir un mundo mejor, que dificil, si este es nuestro nivel de tolerancia (parece ser menos que cero), entonces pienso que si así nos tratamos entre nosotros, los que queremos construir algo mejor, algunos con la propuesta, otros con la crítica, exponiendose con nombres y apellidos, con cuerpo y pensamiento a todo el mundo, y los dardos mas venenosos vienen del costado, me parece que la derecha se seguira riéndose con sonoras carcajadas. Triste futuro nos depara.

  • Efectivamente, Pablo, la política de derecha avanza y se fortalece porque el discurso y el accionar de los movimientos de izquierda, junto a muchos gremios, son de una de una marginalidad y pobreza casi absoluta. Como botón de muestra sobran las argumentaciones de Carlos Quintriqueo, y Diego Urretabizkaya de por qué ensuciaron la ciudad con su propaganda política.

  • Prohibido pintar paredes
    Exelente nota de Jorge Gadano
    En nuestro Código Penal hay un capítulo, en números romanos el VII, titulado “Daños”. Tiene dos artículos que prevén penas de prisión para quien hiciere algún daño a cosas o animales que pertenecieren a otro, “siempre que el hecho no constituya otro delito más severamente penado”. En otras palabras es lo que dice el artículo 183, que prevé para el robo simple la pena de 15 días a un año.

    El artículo siguiente, dedicado al daño agravado, penaliza con tres meses a cuatro años. El inciso cinco se refiere al caso del que nos ocuparemos: castiga a quien cometiere el daño “en archivos, registros, bibliotecas, museos, o en puentes, caminos, paseos u otros bienes de uso público; o en tumbas, signos conmemorativos, monumentos, estatuas, cuadros u otros objetos de arte colocados en edificios o locales públicos”.

    No hay previsión alguna respecto de la clase o magnitud del daño, pero se supone que debe ser aquel que signifique para la víctima un perjuicio económico o sentimental. Un caso podría ser, tal vez, el de quien le quiebra una costilla al gato del vecino de una feroz patada porque con sus maullidos no lo deja dormir.

    Es ése, no obstante –y por más que gatos y perros son capaces de arruinarle el descanso a cualquiera, sobre todo si la víctima es un neurótico que requiere de un silencio total– un caso que pocas veces se da. El que se da mucho es el del supuesto daño causado por las pintadas y todo tipo de carteles puestos a la vista del público. Tanto unas como otros causan un daño, porque si el propietario de la pared quiere tenerla limpia e impoluta, sin siquiera el letrero que diga “prohibido fijar carteles”, debe pagar para tapar la pintada o sacar el cartel.

    El delito se comete con independencia de lo que el cartel o la pintada digan. Puede tratarse de textos en los que se lea “Sobisch asesino”, “Dios es amor” o, como uno incomprensible que tengo frente a mi oficina, “Guz-Peín”. La mano feminista sobresale en uno que luce en una pared del SIN: ni golpe fascista ni golpe machista. Y pueden verse algunos residuos de la última interna emepenista, tales como los que exaltan la figura de José Oser o el bigote de Sobisch.

    Como quiera que sea, no he conocido, en toda mi vida (que ya va siendo larga) un solo caso en que alguien haya sido llevado a juicio penal por una pintada. Hasta que, en Neuquén, la policía de Chos Malal –después, por cierto, de haberse puesto en marcha el Plan Integral de Seguridad– detectó, capturó y denunció ante la Justicia a unos vándalos agitadores que, ocultándose en las sombras de la noche, habían pintado unas leyendas que decían “Sobisch asesino” y “Juicio y castigo a los culpables”.

    En cumplimiento de su deber, los agentes del orden persiguieron y capturaron a los responsables de tamaña fechoría. El procedimiento se hizo ante la presunta comisión del delito de daño. Nada que ver, por lo tanto, con el mensaje de las pintadas que aludía al asesinato de Carlos Fuentealba.

    ¿Nada que ver? El fiscal Marcelo Jofré, en el escrito en el que pide la elevación a juicio de la causa, dice que varias personas, a las que sólo identifica por sus iniciales, “realizaron pintadas utilizando aerosol sintético de color negro, azul y rojo, en las paredes de varios edificios públicos provinciales y municipales con asiento en la localidad de Chos Malal” (la sola lectura del delito cometido hace que me invada el horror).

    Sucedió en la madrugada del 4 de agosto de 2007 y también se pintó en el asfalto y en casas de propiedad privada. La denuncia del crimen la hizo la comisaría 24ª mediante un oficio en el que presume que “las pintadas se realizaron porque a las once horas concurrirían a la localidad de Chos Malal autoridades municipales, provinciales y zonales por lo que –señala el fino olfato policial– el fin era realizarla un escrache a éstos”. Había más evidencias respecto del móvil del delito, porque las pintadas tuvieron “un tamaño considerable” y se hicieron “frente al palco oficial que ocuparían las autoridades”. Dos policías que hacían un patrullaje nocturno identificaron a los criminales. Dijeron que la mayoría eran docentes (seguramente, habrían hecho el curso de capacitación “cómo identificar a un docente”) que se cubrían el rostro con una bufanda y que cuando ellos los miraban les decían “libertad”.

    La presencia de las autoridades se debía a que ese día se celebraba el aniversario de la fundación de la ciudad. Pero el plan de escrache fracasó porque el gobernador Sobisch no fue. Sí estuvo, como invitado especial, Felipe Sapag.

    La nota dedicada al acto por este diario dijo que el intendente Carlos Lator fue aplaudido cuando mencionó el asesinato de Fuentealba y pidió justicia. A renglón seguido, el cronista recordó que Sobisch llevaba tres años ausente del acto, desde que en el último al que asistió un grupo de estudiantes le dio la espalda.

    El caso cobró actualidad este mes debido a que el Tribunal Superior de Justicia resolvió en septiembre pasado suspender sin goce de haberes a uno de los pintores, Mario Alonso. Un juez laboral, José Manuel Ruiz, ante quien se presentó Alonso con una acción de amparo, declaró nula “por arbitraria e ilegal” la decisión del TSJ que, no obstante, sigue vigente porque el fiscal de Estado Raúl Gaitán –quien debe su nombramiento a Sobisch– apeló. O sea que, sin sentencia ni prisión preventiva y con una presunción de inocencia a su favor, el pintor de la leyenda “Sobisch asesino” ya padece un severo castigo como es la suspensión del goce de haberes.

    El fiscal que acusa representa al Estado, del mismo modo que el fiscal de Estado. El TSJ es la cabeza de un poder del Estado, el Poder Judicial. Sólo ante ellos están Alonso y sus compañeros pintores. Si se me permite decirlo, el proceso es un modelo de hipocresía y discriminación. Lo primero, porque la acusación encierra el caso en el delito de daño en perjuicio del Estado cuando el móvil ha sido, en realidad, denunciar a Sobisch como responsable del asesinato de Fuentealba (tal como lo señala el informe policial). Y lo segundo porque, como cualquiera sabe, paredes públicas y privadas de toda la provincia están tapadas de pinturas y carteles de todo tipo sin que jamás la Justicia ni la policía hayan movido un dedo por llevar a juicio a los autores de tan monstruosos “crímenes”. Es que, como cualquiera puede verlo, el daño que se castiga no es al Estado sino a Sobisch. Todo ello sin contar el recorte de la libertad de expresión.

  • JORGELINA…VAMOS A COMER UN ASADITO A LAS PARRILLAS DEL RIO..SEGURO QUE SI TE DICEN DE LIMPIAR LOS CARTELES POLITICOS…VOS SALIS A LIMPIAR ZURDOS!! Me Pareces Negativa

  • ¿Está usted bien de entendederas?

    ¿Diego, está bien de entendederas? Le pregunto esto porque usted habla de ‘paredes’ y la crónica ‘Sucio’ se refiere al ‘mobiliario urbano’ y la actitud descarada de Carlos Quintriqueo; porque usted intenta revertir la acción víctima-victimario; y porque mezcla estos dos asuntos con la libertad de expresión.

    Diego, deseo que entienda algo: Carlos Quintriqueo es el vic-ti-ma-rio. Mientras que los vecinos de la ciudad, víctimas de la acción desfachatada, cínica y sinvergüenza de Carlos Quintriqueo.

    El comercio de ropa Kosiuko, ubicado en la esquina de Roca e Yrigoyen; el edificio donde está la aseguradora Mercantil Andina; numerosas columnas de alumbrado público; paredes de escuelas (estatales, por supuesto); varias cajas y dispositivos de redes de servicios públicos ubicadas en las aceras; paredes de casas particulares; carteles (municipales, por supuesto); ventanas de hospitales; mamposterías de edificios, y numerosas personas que padecieron el daño causado por Carlos Quintriqueo, son las víctimas…¿entendió?

    Debido a sus interrogantes y preocupación sobre la transgresión cometida por Carlos Quintriqueo, lo complaceremos con una nueva crónica, ilustrada con fotografías, donde abordaremos las infracciones confeccionadas por la Dirección de Comercio del Municipio, otros detalles que le informaremos en su momento, y sobre todo, para saber si usted entendió bien quien es el victimario y quien la víctima. De lo contrario no lo podremos ayudar, porque entonces la cuestión no es periodística sino de competencia de otra disciplina…

    Sea paciente y espere nuestra respuesta.

    Juan Mario Galdeano

  • Don Juan Mario Galdeano, denota Ud. en su crónica un alto grado de desprecio personal por el compañero Carlos Quintriqueo, lo mal trata, utiliza palabras hirientes y rimbombantes, olvidando que no existe ningún político en toda la provincia de Neuquén que no haya pegado carteles en cuanto lugar pudo.
    Nada le he escuchado decir a Ud. de las pintadas del inmundo ex gobernador y sus bigotitos, quién también ha ensuciado cuanto pueblo encontró disponible.
    Si lo que Ud. intenta es aleccionar a l@s politic@s (me gusta el uso del @ aunque a ud. le parezca cursi, ahora tiempo) para que no pinten, ni peguen carteles, le erró fiero.
    Si por el contrario lo que pretendió fue insultar públicamente al compañero, ha logrado Ud. una de las crónicas más berretas y tendenciosas que jamás haya leído.
    MARIO ANGEL ALONSO
    CHOS MALAL

  • Por supuesto, coincido con Alonso. No se que mal le habrá hecho Quintriqueo a Galdeano, pero la saña con que escribió y continuó la discución es patética.
    Conosco a Quintriqueo hace muchos años y siempre lo vi peleando por esos hospitales y por esas escuelas que Galdeano defiende solo en su fachada exterior. Siempre con los trabajadores, siempre intentando una sociedad mejor…
    Galdeano, no insista con las paredes… entre a esas escuelas, a los hospitales, charle con los compañeros y seguramente en un tiempito lucha junto a Quintriqueo.

  • Por supuesto, coincido con Alonso. No se que mal le habrá hecho Quintriqueo a Galdeano, pero la saña con que escribió y continuó la discusión es patética.
    Conozco a Quintriqueo hace muchos años y siempre lo vi peleando por esos hospitales y por esas escuelas que Galdeano defiende solo en su fachada exterior. Siempre con los trabajadores, siempre intentando una sociedad mejor…
    Galdeano, no insista con las paredes… entre a esas escuelas, a los hospitales, charle con los compañeros y seguramente en un tiempito lucha junto a Quintriqueo.

Deja un comentario