Stencil is not a crime
El mensaje de un esténcil puede ser artístico, informativo, divertido, simpático, inofensivo o zonzo, pero en algunas ocasiones contiene leyendas que pueden ser demoledoras para el destinatario. Es un medio de comunicación alternativo y callejero, más comprimido que un twitter, pero que tiene una contundencia difícil de quebrantar: Todo el tiempo está en el mismo lugar, es imposible no leerlo cuando te lo llevas por delante, y tiene un atributo muy poderoso: siempre dice lo mismo.
Por Mario Galdeano (galdeano @ neunet.com.ar)
Una mano anónima, con un aerosol con pintura negra, trata de borrar en unos esténciles sobre genocidas los nombres de los represores de la última dictadura militar, Jorge Trave y Jorge Luis Pérez; en otros lugares de la ciudad el esténcil de ‘Sobisch asessino’, así, con doble ‘s’, se renueva casi constantemente, luego del asesinato del maestro Carlos Fuentealba; y un caso privado, que no ha tenido trascendencia en la prensa, se ventila en las paredes de la vía pública con una denuncia en letras azules: ‘Bonomo Sergio asesinó a mi papá’.
El contenido de estas expresiones en la vía pública revela varias cuestiones vinculadas con la comunicación y los medios de difusión: la imposibilidad de emitir estas denuncias o críticas en las emisoras de radio y televisión o a través de carta de lectores y solicitadas en la prensa escrita, ya sea porque las editoriales desean evitar delitos de calumnias e injurias, por asuntos relacionados con la ética y políticas editoriales, intereses publicitarios, presión del poder político o por la simple decisión de la empresa periodística de no dar a conocer ciertos hechos policiales.
Del mimeógrafo a la pared
El esténcil, con esta grafía, es la posible castellanización de la voz inglesa stencil, que significa, plantilla, estarcir, estarcido. La palabra en cuestión, que no está registrada en la vigésima segunda edición del diccionario de la Real Academia Española, designaba una plantilla de plástico, papel, acetato, goma, metal u otros materiales, que se horadaba para hacer impresiones a través de un mimeógrafo. Esta técnica de impresión consistía en una plantilla de acetato que se grababa o picaba con una máquina de escribir y que luego se colocaba en el mimeógrafo para hacer las copias. Este método, y el vocablo esténcil, que se utilizó en la Argentina durante los años 70 y 80 para hacer diversas publicaciones, perdieron vigencia cuando fue sustituida por la fotocopiadora y otros sistemas offset.
Sin embargo, a principios de los noventa el término esténcil empezó a tener notoriedad cuando grupos de jóvenes dedicados a las pintadas y grafitis comenzaron a utilizar plantillas y pinturas en aerosol para imprimir sus dibujos y leyendas en forma rápida y evitar ser atrapados por la policía.
No obstante, el método que nació para transmitir arte y diseño, ahora se emplea en muchas oportunidades para denunciar hechos y escrachar a políticos y funcionarios.
Imposible no leerlo
El esténcil apareció masivamente en la Argentina alrededor del 2001, luego de la pintada política y el grafiti. Hoy, es construido con placas radiográficas y otros materiales y es utilizado actualmente por los jóvenes para comunicar arte, entretenimiento, información o simplemente una crítica, queja o denuncia.
Los atributos del esténcil respecto de otras formas de comunicación son insuperables: el mensaje es corto, de fácil lectura, contundente, y no tiene censura ni autocensura; no tiene intervención del mercado ni del Estado; es anónimo y por ello brinda protección a los autores; ocupa poco espacio y por ende no compite con las grandes pintadas y afiches colocados en las marquesinas; puede ser pintado una y otra vez; es de bajo costo y tiene miles de lectores de todas las clases sociales; la pintura en aerosol resiste el calor, el agua y las inclemencias, acciones que no toleran el engrudo, el papel, el afiche y el sticker; el diseño, el color, el tamaño, y la repetición idéntica le otorgan fuerza, sorpresa, credibilidad y lecturabilidad; la uniformidad de su tipografía le otorgan legibilidad; el mensaje es tan comprimido que cuando te lo llevas por delante es imposible no leerlo; es de fácil aplicación, lo cual posibilita a los autores una rápida retirada del lugar; es un soporte adecuado para comunicar aquello que los medios tradicionales no desean o se niegan a publicar por un sinnúmero de intereses comerciales o políticos; y posee esa maravillosa propiedad que tiene la escritura sobre la oralidad, y que el esténcil brinda: el mensaje siempre dice lo mismo.
Calumnias e injurias
Desde el inicio del uso del esténcil en la Argentina como un nuevo soporte de comunicación pública, se veía, y actualmente se observa con frecuencia en las paredes de muchas ciudades, un mensaje en inglés considerado popular en la jerga de los ‘estencileros’ y ‘grafiteros’ y que dice: Stencil is not a crime, que en español es algo así como ‘El esténcil no es un delito’. Entendemos que este cliché fue creado para la cultura de los esténciles relacionados con el arte, el diseño, la música, la moda, pero… ¿No son delitos las calumnias e injurias que se cometen a través de los esténciles? No, porque la comunicación es anónima, porque no se conoce al autor, y por ende no puede haber una sanción penal.
A pesar de los sofisticados medios de comunicación y soportes existentes para transmitir arte e información, tales como teléfonos celulares, Internet, blogs, computadoras, correos electrónicos, mensajes de texto, fotografía digital, diarios, revistas, canales de radio y televisión, el esténcil se constituyó en poco tiempo en un eficaz medio alternativo para comunicar mensajes y denuncias en la vía pública.
Desde la reapertura democrática en 1983 en la Argentina, la comunicación política se apoderó de la mayoría de las superficies de las paredes y paredones públicos. El espacio para el arte del grafiti y la pintada graciosa se redujo, pero la comunicación callejera encontró en el esténcil una herramienta formidable para comunicar aquello que no tiene cabida en el periodismo tradicional, y dar rienda suelta a la libertad de expresión, ya sea a través de un pequeño garabato, dibujo artístico, un diseño, o un efímero improperio.
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