“No es verdad que los pibes entran por una puerta y salen por otra”

Derechos de la humanidad, Justicia
Personal de Libertad Asistida. Foto: Jorge Ariza
Personal de Libertad Asistida. Foto: Jorge Ariza

El 7 de julio el Programa Libertad Asistida cumplió 14 años de trabajo con jóvenes de entre 16 y 18 años que son encontrados responsables de delitos. Quienes trabajan diariamente con ellos relatan su experiencia, sensaciones y el desamparo estatal frente a la temática. Esta es la primer parte de una extensa charla.

El programa arribó a la provincia en plena década del 90, específicamente en 1996. Pocos se explican como sobrevivió al sobischismo, y el sapagismo. Un programa sostenido por sus trabajadores y trabajadoras, pero aplaudido y reconocido por múltiples intelectuales y autoridades judiciales del todo el país.

En materia procesal, la medida de Libertad Asistida es la segunda etapa dentro del proceso penal juvenil que se le inicia a una persona responsable de un delito después de cumplido los 16 años y antes de la mayoría de edad. En la primera etapa el juez o jueza resuelve si es responsable del acto delictivos, acto seguido, se lo suspende y se le impone la medida de libertad asistida. Concluido el tiempo, que formalmente es de un año, se evalúa el proceso de intervención (la ley lo denomina tratamiento) y se resuelve que sucede a posterior.

Durante ese año de trabajo con el joven (mayoritariamente son varones quienes asisten al  programa) y su familia (nunca se pierde el eje de trabajo que es el joven) suceden muchas cosas más que el paso por la comisaría.


El trabajo con los pibes

Consiste en tratar de reconstruir la base social de los usuarios y reconocer las causas de la aparición del delito. Tarea nada sencilla para el equipo profesional integrado por trece personas, entre trabajadores y trabajadoras sociales, operadores de calle, una psicóloga, supervisoras y personal administrativo y de maestranza.

Este análisis requiere mucho más que la superficialidad del discurso de los medios masivos de comunicación que cuestionan una y otra vez el hecho que los pibes se compren zapatillas de 900 pesos no teniendo para comer ni para subsistir.  La lógica de los pibes es exactamente al revés: “no tenia zapatillas y yo quiero esas. ¿Porqué si todo el mundo las tiene yo no?” o “Yo conocía esas no más”.

Quienes trabajan en el Programa se encuentran con situaciones muy graves a nivel social y al nivel de salud mental y clínica. “Cuando empezamos a reconstruir las historias vemos que hay mucha responsabilidad del Estado, muchos pibes, muchas familias que no deberían estar en la situación que se encuentran”, explica Javier Lombrado, trabajador social.

Es así como el equipo de trabajo (una tripla para cada caso: psicóloga, trabajador/a social y operador/a de calle) comienza un análisis de la estrategia de vida familiar (cómo vive la gente, cómo sobrevive, a qué clase social pertenece), la trama vincular y los aspectos psicológicos (el perfil del usuario, quién es, cuales son las alternativas que se le presentan, sobre qué temas se pueden llegar a problematizar o reflexionar), con la meta fundamental de generar en los pibes un sacudón que les permita empezar a pensar en otra cosa.

A lo largo de todo el proceso de intervención, que en general dura entre 18 y 24 meses, la herramienta más importante que posee el personal es la palabra. A través de ella se intenta desmitificar los significados que traen los usuarios. Desmitificar que el trabajador social no sólo reparte cosas, también hace otras; que la psicóloga no sólo trabaja con locos”. Al respecto Graciela Marini, supervisora del programa, explica: “El trabajo es de hormiguitas. Esa etapa de vinculación es la mas larga a nuestro entender, porque hay que tratar de deconstruir lo construido y volver a construir sobre la intervención misma.”.

El Programa

La medida aplicable a los chicos encontrados responsables no tiene que ver con el delito en si, mas bien consiste en conocer al sujeto, tener información, establecer un vínculo y analizar su contexto,todo desde la perspectiva de los derechos. Esto es, reconocer qué derechos han sido vulnerados y de esta forma poder intervenir en el cese de esa vulnerabilidad.

En general, los chicos ingresan a Libertad Asistida con situaciones de institucionalización de larga data, son familias de clases trabajadora muy subalternizadas, con empleos informales sin especialización laboral. Las estrategias de vida son estrategias de sobrevivencia, y el delito ingresa como un aporte a la unidad familiar. Es un delito que se caracteriza como amateur, debido que no es organizado, ni lo podría ser por la clase social que ocupan los chicos, mayoritariamente sin clasificación laboral ni educación sólida. Sin embargo, es un delito que implica muchos riesgos, ya sea por la exposición a la policía o por el riesgo de muerte que implica.

No es casual la ausencia de jóvenes con buen pasar económico o de clase social alta dentro del programa. En su totalidad, los usuarios provienen de la zona Oeste o del sector de tomas del barrio Confluencia. Y esto es también, porque la institución policial los marca como los principales objetivos, en definitiva es ella quien se encarga de detener los actos delictivos.

Por otro lado, la reducción de la tasa de delitos juveniles es uno de los objetivos más importantes y de mayor éxito dentro del programa, esto se suma a una mejor y mayor instrumentalización a nivel familiar e individual de parte de los y las profesionales para con los adolescentes y jóvenes, es decir la enseñanza de herramientas psicosociales que los ayude a pensar y reflexionar. El respecto las trabajadoras explican, “A nivel subjetivo los pibes se ven como en una encerrona, consideran que [el delito] es lo único que ellos saben hacer y pueden hacer. Después de irse del programa no es lo único, los pibes pueden reconocer otras capacidades y tienen otras respuestas frente a determinadas situaciones”.

Si bien las estadísticas oficiales no existen dentro del Ministerio de Desarrollo Social de la provincia, el personal encargado de asistir a los menores reconoce que hay reincidencia de muchos usuarios, pero tiene la certeza de que hay muchos otros que no, o que al menos se cuidan más.

Desde esa isla en la que se convierte Libertad Asistida, sus trabajadores y trabajadoras argumentan con todos sus conocimientos e instrumentos que: “No es verdad que los pibes entran por una puerta y salen por otra. De que no les pasa nada y que no hay ningún tipo de consecuencia para ellos. En general se trata al delito de niños y adolescentes como una simple elección por el robo, pero en realidad no es así. Nuestro programa es la demostración cabal de eso. Lo que hay, sin dudas, es toda una situación social que genera los condicionamientos para que tengan como un único ingreso y sobrevivencia el tema del delito.


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