Para leer a Kung fu Panda

SECCIONES

kunfupandaEn el año 1971 Ariel Dorfman y Armand Mattelart publicaron el célebre libro “Para leer al Pato Donald”, en el cual analizaban críticamente la ideología imperialista que subyace en las producciones de Disney.

Por Roberto Samar*

En la actualidad, tenemos una mayor diversidad de producciones culturales y de entretenimiento en distintas formas y soportes tecnológicos. Desde revistas, blogs, redes virtuales, páginas web, programas de televisión abierta, televisión por cable, cine y hasta los tradicionales libros.

Sin embargo, en el marco de este gran despliegue de producciones culturales se encuentran lugares comunes que responden a valores y miradas que circulan en la sociedad y que naturalizamos.

Pensemos algunos ejemplos. Si te digo que a un detenido lo mantienen amarrado al piso, atado de piernas y brazos, y con la boca amordazada durante años. ¿Qué sentís? Y si además, para completar el cuadro, quien lo vigila goza cuando lo pisa. ¿Qué opinas?

Es una aberración claramente violatoria de cualquier concepto básico de derechos humanos.

Esa es una escena que consumen nuestros niños cuando ven la película “Kung fu Panda”, naturalizando la violencia dirigida a los “malos”. Crecen asociando la detención al castigo.

¿Qué opinas si sabes que para hacer confesar a un detenido lo torturan, con el consentimiento y silencio de un sacerdote que se retira para no presenciar el nefasto momento? Esta es una práctica que ejercen los “buenos” en la serie de televisión “V”.

En el mismo sentido, José Pablo Feimann recuerda que el protagonista de la serie 24, Jack Bauer, toma dos cables de electricidad y hace sufrir a un tipo para sacarle información.

Estos actos son ilegales según nuestra Constitución Nacional, donde en su artículo 18 establece, entre otras garantías, la prohibición de la coacción física (tortura), para lograr una confesión. También dice: las cárceles son para seguridad y no para castigos de los reos.

En igual sentido, pero en el ámbito internacional, los Tratados sobre Derechos Humanos incorporados a nuestra Carta Magna reconocen las mismas garantías.

Sin embargo, estos casos puntuales que menciono muestran como en los medios masivos de comunicación la “confesión” bajo tortura, como muchas otras prácticas violentas son lugares comunes.

Asimismo, en la mayoría de las series televisivas se presentan a los personajes como “malos” o “buenos”, por lo cual tendemos a pensar que los roles son rígidos. Es decir, si quien roba es malo, no es una persona vulnerable que comete un delito en un momento específico y por lo cual puede asumir otro rol en el futuro. También, si al que infringe la ley lo pensamos como alguien que es “malo”, lo estigmatizamos en ese lugar, por lo cual tendemos a aislarlo y  agudizar aún más su exclusión.

El problema es que estas miradas, por más que pertenezcan a espacios de entretenimiento, inciden en la realidad. Ya que son discursos que circulan y tiñen de una particular subjetividad nuestra manera de interpretar el mundo, llevándonos a naturalizar actitudes aberrantes.

Podemos reflexionar el tema tomando la noción de sentido común en Antonio Gramsci, como “el sentido general, sentimiento o juicio de la humanidad; como un conjunto de creencias que la mayoría de la gente siente que son verdaderas”.

En ese sentido, grupos mayoritarios de la población toman como una verdad naturalizada la idea de que para que confiese a una persona hay que torturarlo y que es normal que se haga sufrir al detenido porque la función de la cárcel es la venganza. ¿Cómo se va a instalar otra mirada si desde niños asimilamos esas prácticas?

La problemática se complejiza porque al consumir estas miradas de la realidad en un espacio de entretenimiento, las tomamos desde un lugar acrítico. Por eso somos más permeables a asimilarlas en nuestro sentido común.

Desde ese punto de vista, tiene más poder de influenciarnos una escena de una serie o un comentario de Susana Gimenez, que una reflexión de Mariano Grondona. Ya que al interpretar el programa de Grondona sabemos que estamos frente a una mirada política con cierta intencionalidad, mientras que el supuesto entretenimiento se muestra como “inocente” y lo vemos relajadamente. Pero esa inocencia también contiene valores e ideologías.

Por suerte la comunicación no es lineal y podemos interpretar críticamente lo que consumimos. Actualmente, contamos con espacios donde circulan pensamientos distintos, contrahegemónicos; desde los cuales podemos resignificar los mensajes y producir discursos que no basen en la violencia y ni en la exclusión. Sólo debemos recordar que tenemos que estar atentos de las producciones mediáticas  que circulan con supuesta inocencia.

* Roberto Samar es Licenciado en Comunicación Social y es docente del Seminario de Filosofía Política Moderna Universidad Nacional de Lomas de Zamora

6 comments

  • ¡Qué buena nota! A todo esto, digo: ¡aguante Lost, que critica (en cierta manera) la tortura por medio del personaje Sayd!… Pero, pensándolo mejor, en lugar de un personaje irakí, ¿no hubiera sido mejor un soldado israelí?

  • Que nota mala onda! si es uno de los mejores pelis que he visto. quien puede olvidar algunas perlas de enseñanza que tuvo, como la idea de que pasado ya fue, el futuro no es, el hoy es un regalo por eso lo llaman presente. O cuando el panda abre el rollo y se ve a sí mismo reflejado; no dandose cuenta que el poder del rollo estaba en el mismo si creía.
    Conozco mucha gente que arrastra cargas del pasado y vive con miedo e incertidumbre por el futuro. No se cree capaz de tener estabilidad emocional suficiente para vivir la vida presente como un regalo ni para proyectarse hacia el futuro confiando en sí mismo. No quiero eso para mis hijos. Tampoco quiero que vivan asumiendo la violencia y el irrespeto como algo natural. Casi todo lo que consumimos contiene dosis de violencia explicita o sutil; como el Chavo del 8 (¿viste que andan a los sopamos, hay abuso sicologico y violencia ejercida con menores; discriminacion de los obesos y los pobres? . Creo que un analisis del Chavo del 8 podría tener mas impacto que el artículo; claro, ¿pero como lo encuadras? El chavo del 8 no es una produccion de la llamada usina ideologica del sistema como es hollywood, sino un produccion mejicana que trascendió mundialmente por la identificación de la gente por situaciones cotidianas similares en un entorno de pobreza. O sea la pobreza, la discriminación, la violencia como algo natural y como fenómeno universal.
    A mi me chocó también que Sai Long esté tan amarrado, y festejé cuando se liberó. Me producía simpatia su origen, y odié a su maestro por haber llenado su cabeza de falsas espectativas. Pero el estaba retenido, guardado además con 1000 guardias, porque era un peligro para la sociedad; tenía el poder para ser un peligro. Si yo tengo un tipo, que fue abusado, violentado y maltratado de niño, que crece y después viola, mata y tortura, lo tengo que encerrar bajo cuatro llaves; y si es tan antisocial que además mata a sus compañeros de celda lo tengo que aislar, o ponerle una camisa de fuerza. Por más que crea que nadie nace delincuente y violador, por más que me despierte compasión toda la mierda que haya sufrido, no se puede permitir que un tipo así siga haciendo daño. En todo caso la unica nota para llamar la atención fué cuando el carcelero pisó la cola del sai long. Estos rinocerontes son todos iguales…

  • Estimado Políticamente incorrecto:
    si la del panda es una de las mejores pelis que has visto, sugiero que veas alguna otra.
    Y podrías comenzar con Delfín, Tiburón y Mojarrita; considero que tu capacidad de observación superará la espesura de su propuesta intelectual…

  • Irónicamente, “políticamente incorrecto” escribe bárbaro, sin insultar a nadie ni agredir, expresando su opinión con un poco de humor incluso, y “Jesús” muestra un grado de violencia y desprecio hacia el intercambio de opiniones que no hace honor para nada a las connotaciones pacíficas de su nombre…

  • Querida mamá (¿o puedo llamarte simplemente María, por la santísima connotación de tu nombre?): pronto vamos a necesitar de tu virginal moderación; en cuanto termine de echar a los mercaderes del templo, te llamaré…

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