El 9 de julio y el proyecto de Artigas

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artigasEl 9 de julio de 1816 empieza a cerrarse un ciclo jurídico y político iniciado el 25 de mayo de 1810; la declaración de la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata era el triunfo de los comerciantes porteños y los hacendados bonaerenses asociados al capital mercantil inglés; y al mismo tiempo, fue la derrota política –luego lo sería militar- del otro proyecto de país que encarnaba José Gervasio Artigas.

Por Marcelo Lafón*

¿Por qué recordar a Artigas este 9 de julio?
Porque el proyecto de país impuesto a sangre y fuego desde Buenos Aires a partir de mayo de 1810 se limitaba a obtener la independencia política de estos territorios y establecer el librecambio para que comerciantes y estancieros hicieran mejores negocios con el capital inglés.

Para ello, no trepidaron en dividir a las Provincia Unidas del Río de la Plata y perseguir hasta la muerte y/o el exilio a quienes desarrollaron otros proyectos de independencia para la región. El proyecto de las clases dominantes con asiento en Buenos Aires empieza y termina en el país que tenemos: formalmente, este es un país soberano e independiente, con gobernantes, leyes y símbolos propios; pero que, al no ser propietario de sus recursos y actividades económicas, desarrolla un modelo de país agropastoril-extractivo que no tiene cabida para la mayoría de sus habitantes. Los únicos beneficiados con este modelo de país, fueron en el pasado y lo son en el presente, las minorías propietarias que se asocian con el capital extranjero para mejor expoliar al país.

En contrapartida, el otro proyecto de independencia que existió fue el encarnado por Gervasio Artigas. Dicho programa incluía la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata sin división política alguna; y esto Artigas ya lo quería proponer en la Asamblea de 1813 realizada en Buenos Aires (Asamblea que se hizo sin permitir la participación de los representantes artiguistas en la misma); El proyecto político de Artigas era el de “La Patria Grande” y no la división de América en pequeños países, preservar la unidad política de las Provincias Unidas y no terminar divididos en varios países (como finalmente aconteció por instigación inglesa y complicidad nativa). Pero además, y esto es lo más importante, la independencia política iba acompañada en este proyecto con una verdadera, real y efectiva soberanía económica que se traducía, por ejemplo, en la expropiación de los latifundios improductivos para ser repartidos entre los pobres y el reparto de las tierras fiscales entre los trabajadores rurales, “la tierra tiene que ser del que la trabaja” señalaba Artigas ya en 1813; pero además, proponía la protección de las industrias nativas impidiendo el librecomercio que destruía las economías regionales, y ya proponía la redacción de una constitución consultando a TODA la población y no únicamente a los instruidos en las letras (como va a hacer Buenos Aires).

Por ello es que en 1816, el Congreso reunido en Tucumán –luego trasladado a Buenos Aires- sesionó sin la presencia de las provincias de la Banda Oriental, Entre Rios, Corrientes, Misiones y Santa Fe, ya que estos representantes artiguistas encarnaban los intereses sociales de los criollos pobres, de los indios, de los mestizos y negros, es decir, de los que ayer y hoy, conformamos la mayoría de la población: trabajadores del campo y la ciudad. Y el Congreso de 1816 sólo tenía cabida para una declaración formal de independencia y no para la independencia integral (política, económica y social) que sustentaba Artigas.

La “casita de Tucumán” trasladó al plano jurídico-político una situación de hecho: la sociedad entre las clases dominantes nativas y el capital inglés; en su desarrollo imperial, Inglaterra alentó la independencia política de los territorios americanos al tiempo que creaba las condiciones de la dependencia económica de estos nuevos países a su dominio; y para resultaba fundamental que la clase social de los propietarios nativos circunscriba sus ansias independentistas al plano estrictamente político: nuevos gobiernos que …habiliten el librecomercio.

Nada de intervenciones y movilizaciones populares que puedan recordar las demandas socio-políticas del alzamiento de Túpac Amaru durante 1780-81 en el Alto Perú; y mucho menos aún, la revolución racial, social y política de los negros y mulatos en Haití entre 1791-1804 (dos acontecimientos populares que pusieron de manifiesto la posibilidad cierta de que la independencia política de estos territorios podía ir unida a la liberación social y económica de sus poblaciones).

Por ello, ante otro 9 de julio, pretendemos que la verdad y la justicia, ausentes durante tantos años de los libros, textos y actos escolares, ocupen el lugar que las luchas populares, pasadas y presentes, se merecen; en el caso que nos ocupa, el rescate de la figura y el proyecto artiguista, ni uruguayo ni argentino, como el mismo se reivindicaba, americano. En el camino de re-significar rituales e identidades nacionales vayan estas líneas que nos permitan hacer otras lecturas y debates.

* Marcelo Lafón es profesor de historia

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