Quien quiera oir, que oiga: aportes a la audiencia pública

POPURRI

logo_audiencia2Edgardo Datri, coordinador de la Escuela de Formación “Carlos Fuentealba” (ATEN).



Por una ley a contracorriente del sexismo, la ginotipia y las desigualdades de género



No se nace sino que se deviene mujer…
…Porque el hombre es trascendencia, jamás podrá imaginar un paraíso. El paraíso es el reposo, la trascendencia negada, un estado de cosas ya dado, sin posible superación. Pero en ese caso ¿qué haremos? Para que el aire sea respirable tendrá que dejar paso a las acciones, a los deseos, que a su vez tenemos que superar: tendrá que dejar de ser paraíso. La belleza de la tierra prometida es que ella prometía nuevas promesas. Los paraísos inmóviles no pueden prometer más que un eterno aburrimiento.

Simone de Beauvoir

Llevaba la gitanería en la sangre, pero no por herencia, a no ser que por línea materna, doña Vicente Romero, su madre y maestra de escuela en Fuentevaqueros, hubiese sido presa de un hombre de los caminos, de las ferias y las cuevas, mas nunca de un hombre cargado de “…un estado de cosas ya dado, sin posible superación”.

En el Libro de los poemas, Federico alude a su “infancia apasionada (…) por las praderas de la vega, sobre un fondo de serranía”. Seguramente, para algunas personas su vida pubértula estaría ya poblada de amores íncubos, demoníacos. Pero hay quienes pensamos que Lorca fue un ser capaz de vibrar, navegar y volar con el otro diferente.

Sabemos por sus biógrafos que las procesiones y ceremonias de Semana Santa atraían a aquel chiquillo de ojos grandes, oscuros, pensativos y de frente abombada, con frecuencia melancólico, y a veces irradiando las ocurrencias más singulares o disparatadas. Una de éstas, que podría tomarse por un acceso místico en virtud de sus creencias religiosas, consistió en jugar durante un tiempo a “decir misa”. Luego se hizo titiritero.

En los años sucesivos, y hasta su adolescencia, Federico no pensaba todavía “seriamente” en la poesía: tenía sed de vida, avidez de palabras arcaicas, y esa sutil angustia estética que no lo abandonaría jamás y que hizo de su ser y de su sexualidad una impronta imborrable. Claro está que la “Congregación para la Doctrina de la Fe”, expresa en uno de sus documentos: “La Iglesia enseña que el respeto hacia las personas homosexuales no puede en modo alguno llevar a la aprobación del comportamiento homosexual ni a la legalización de las uniones homosexuales (…) Reconocer legalmente las uniones homosexuales o equipararlas al matrimonio significaría no solamente aprobar un comportamiento desviado y convertirlo en un modelo para la sociedad actual, sino también ofuscar valores fundamentales que pertenecen al patrimonio común de la humanidad”. Explicitada esta posición, es imposible para quien no se vea reflejado con un “ser-en ‘común’-con otro”, aprisionar en el recuerdo al poeta que solía escribir a la sombra de una higuera o a la vera de un arroyo acompañado por la imagen de su Virgen, “Nuestra Señora del Amor Hermoso”. Ésa, su Virgen, inspiraba el “ángel” de Federico. Un ángel más que teologal, casi mágico. Un ángel con un verdor fantasmal:

Verde que te quiero verde.
Verde viento, verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.

Entre pesebres, también escribió Poemas del Cante Jondo y el Romancero Gitano.

Sus obras escénicas tienen el sabor dramático de los celos, el amor desesperado, el anhelo doloroso de la mujer virgen, la tragedia de la esterilidad, la elección de la sexualidad, pues para él no había una “ley natural” que estableciera qué cosas son correctas y qué otras no, ni tampoco convenciones o límites anatómicos en relación al reconocimiento del matrimonio entre personas del mismo sexo. En Bodas de Sangre y Yerma, Lorca logra la grandeza del drama clásico, en gran medida a través del tratamiento de estas cuestiones.

Federico casi nunca inventaba sus personajes, le placía tomarlos de la vida hasta que el presentimiento de su muerte le hizo pensar, quizá como años después dijera Simone de Beauvoir, que “La belleza de la tierra prometida es que ella prometía nuevas promesas”; de allí mi especulación acerca de los motivos por los cuales escribió:

la muerte me está mirando
desde las torres de Córdoba.
¡Ay, qué camino tan largo!
¡Ay, mi jaca valerosa!
¡Ay, que la muerte me espera
antes de llegar a Córdoba!

Dice Nuria Pérez de Lara en Capacidad de ser sujeto: “Y aunque sea posible que cada uno de nosotros –o cada una de nosotras-, al menos- produzcamos siempre con nuestra presencia alguna perturbación que altera la serenidad o la tranquilidad de los demás, nada hay de tan perturbador como aquello que a uno le recuerda sus propios defectos, sus propias limitaciones, sus propias muertes; es por eso que los niños y los jóvenes perturban a los adultos (…); los débiles, a los fuertes; los pobres, a los ricos; los deficientes, a los eficientes; los locos, a los cuerdos; los extranjeros, a los nativos”. A propósito de esto, y volviendo a Lorca, sabemos por la datriHistoria cómo lo considerado “anormal” en la España de Franco, ofuscaba los “valores fundamentales que pertenecen al patrimonio común de la humanidad” (según reza, como señalé anteriormente, la “Congrega-ción de la Doctrina de la Fe” en sus Consideraciones acerca de los proyectos de reconoci-miento legal de las uniones entre personas homosexuales). Esta cuestión de orden moral, exacerbada por la decisión so-berana del pueblo español de construir la “anormal” Repú-blica Española en 1936, con-dujo, después del triunfo del franquismo, a que muchos sa-cerdotes, “naturalmente” con-siderados “normales”, orienta-ran la formación sexual a tra-vés de la Sección Femenina de la falange. Una “Educación se-xual” que llevaron a cabo para las escuelas de Bachillerato, Comercio y Magisterio. En la revista que publicaban, en un número del año 1968, entre otras cosas que se observan en la fotografía, hay un pie de página que reza: “Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea”; a su vez, se aprecia a un sacerdote orientando la formación sexual mientras que a la derecha se alcanza a leer un párrafo que, entre otras cosas, dice: “La mujer sensual tiene los ojos hundidos, las mejillas descoloridas, transparentes las orejas (…) Espiritualmente el entendimiento se oscurece (…) Sólo la imaginación permanece activa, para su daño (…) De la mujer sensual no se ha de esperar trabajo serio, idea grave, labor fecunda, sentimiento limpio, ternura acogedora”… Entonces: gay’s, lesbianas, homosexuales, bisexuales, transexuales, si este es el tratamiento fenotípico y genotípico que se le ha dado a la “mujer sensual”, ¿qué otra cosa esperan de los que no se ven reflejados, como dije anteriormente, en un “ser-en ‘común’-con otro”?

Volviendo ahora a Lorca, Pablo Neruda, al igual que José Saramago1 , hablaron en diferentes momentos del dolor de Federico y de los “amores prohibidos”, de su triste estupor ante la muerte cuando fue sacado de la casa de un pariente de Granada, falangista y buen lector del Malleus Malificarum (“El Martillo de las Brujas”, 1486); manual de tortura que hizo escribir el Papa Inocencio VIII (aun sin condena por parte de la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana). Todo el proceso fue tan natural y “normal” que en la España del “Pacto de la Moncloa”, hoy es imposible investigar los crímenes del franquismo y sus aliados de la Iglesia por culpa de la “anormalidad” que pretendió llevar a cabo el juez Garzón. Algunos dicen que el Rey Juan Carlos, muy ofuscado, le dijo: ¿por qué no te callas?

Pero, ¿por qué lo fusilaron a Federico, y por la espalda, los “normales” señoritos de falange española. ¿Es una “anormalidad” para los heteronormados del Opus Dei u otros fundamentalismos religiosos comprender que la sexualidad se construye?

Lo que sigue, probablemente haya sido el último escrito de Federico:

“Yo creo que el ser de Granada me inclina a la comprensión simpática de todo lo que es perseguido, del gitano, del judío, del negro…, del morisco que todos llevamos dentro… Quiero ser bueno. Sé que la poesía eleva, y siendo bueno, con el asno y el filósofo, creo firmemente que si hay un más allá tendré la agradable sorpresa de encontrarme en él. Pero el dolor del hombre, y la injusticia constante que mana del mundo, y mi propio cuerpo, y mi propio pensamiento, me evitan trasladar mi casa a las estrellas”.

Esta bondad, esta manera de “ser-en ‘común’-con-otro”, me lleva a evocar otra frase del epígrafe: “Los paraísos inmóviles no pueden prometer más que un eterno aburrimiento.”

Por los crímenes cometidos, y en defensa del carácter universal de los Derechos Humanos, he decidido ponerme del lado de los “anormales”, y al verme reflejado en ellos y en ellas, he escrito:

¿Qué importa no haber nacido bajo el signo de Afrodita,
si se es capaz de enseñar lo que es ser mujer?
¿Qué importa no haber nacido bajo el signo de Hera,
si se es capaz de experimentar lo que es ser mujer?
¿Qué importa haber nacido bajo el signo del androcentrismo,
cuando un gay o una lesbiana convierten en realidad el sueño de ser libres?
¿Qué importa la vana afectación de la masculinidad,
si su rígida y vulgar gimnasia no libera la sexualidad?
¿Acaso la lozanía y jovialidad masculina son los únicos signos del eros?
¿No lo son los labios maduros de una mujer,
aunque no estén finamente modelados?
Labios de donde brotan palabras exactas y maduras,
decires que parecen hallarse en armonía
con un mundo utópico despojado de violencias.
¿No son los senos maduros de una mujer, aunque no estén finamente modelados,
los que agitan el amor filial y la lamentación de la desesperación?
Si por ser mujer se es siempre importuna e impetuosa con las cosas del querer,
¿por qué sumirse en la desesperación si al hombre le faltan dones para con el amor fraternal?
Si el o la bisexual inflaman todo su ser para hacer posible el amor y una era de más amor,
¿de dónde vienen los horrores y los golpes imprevistos?
Si el mundo es un cementerio de heridas sangrantes y de muerte,

¿quién es el responsable de todos los falsos convencionalismos?

Si la protesta femenina y el “orgullo gay” son indecencia, profanación, rebeldía y exhibición vulgar… ¡qué pena no haber nacido pájaro!

“La dimensión del género (…) no es una cuestión más entre otras, sino que es uno de los elementos que estructuran la sociedad, al igual que las relaciones de clase.” (Le Monde Diplomatique (2004-2008): Primer diccionario Altermundista, Buenos Aires, ATTAC-Capital Intelectual, p. 167).

La hipocresía perturba, de allí que haga estas otras preguntas: ¿por qué parte de nuestra sociedad es capaz de contener respetuosamente en su seno a personajes como el padre Grassi, o el profesor Runge, o a policías corruptos y asesinos de “gatillo fácil”, o a ginecólogos violadores como Anzaldo en Río Negro o Focaccia en Neuquén, sin nombrar a tantos otros u otras que se esconden en su depravado accionar?, ¿por qué existen respetables señoras adineradas que puedan abortar ilegalmente mientras Tejerina está presa?, ¿por qué no nos podemos casar con quien amamos, cualquiera sea su sexo?

Pienso en un libro del psiquiatra Carlos Skliar y me pregunto: ¿cuándo comenzaremos como sociedad el juicio voraz a la “normalidad” y a la “naturalización” de las desigualdades?

Para terminar, recordemos que en las “cosas del querer” lo único verdaderamente NORMAL es que “No se nace sino que se deviene mujer”, y también se deviene gay, lesbiana, homosexual, bisexual o transexual. Mas por ser el matrimonio entre personas del mismo sexo una situación genuinamente NORMAL, no percibo en estas uniones daño alguno al “patrimonio común de la humanidad”. El daño lo produce, en este caso, la ideología heteronormada que dio origen a categorizaciones homofóbicas, sociobiologistas y patológicas.

Neuquén, 2 de julio de 2010

Fuentes:

COHEN AGREST, Diana: ¿Qué piensan los que no piensan como yo?, Debate, Buenos Aires, 2008.
CONGREGACIÓN DE LA DOCTRINA DE LA FE: Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales.
CONVIVIO (en proceso de edición), Cuaderno Digital de la Escuela de Formación de ATEN “CARLOS FUENTEALBA” (Coordinación General: Edgardo E. Datri), Año 1, Nº 1, Julio 2010.
LE MONDE Diplomatique: Primer diccionario Altermundista, Buenos Aires, ATTAC-Capital Intelectual, 2008.
MOLEDO, Leonardo: Los mitos de la ciencia, Planeta, Buenos Aires, 2008.
PÉREZ DE LARA, Nuria: La capacidad de ser sujeto, Ed. Alertes, Barcelona, 1998.
SKLIAR, Carlos: ¿Y si el otro no estuviera ahí?, Miño y Dávila-Ed. “Marina Viste”, Buenos Aires-Madrid, 2005.

1.Saramago, un día después de su muerte el 18 de junio ppdo., fue cobardemente vilipendiado por el Vaticano a través del “L’Osservatore Romano”, quien le dedicó un típico artículo inquisitorial que lo define como un “populista extremista” de ideología antirreligiosa y anclado en el marxismo.

Deja un comentario