Texto para la audiencia pública (cancelada) en Legislatura de Neuquén

POPURRI, Sin sostén

sin-sosten111Aquí, el discurso completo de la Colectiva Feminista La Revuelta

Mi nombre es Ruth Zurbriggen, formo parte de la Colectiva Feminista La Revuelta.

Soy maestra, profesora y especialista en estudios de las mujeres y de género.

Me referiré aquí como activista y como estudiosa e investigadora en temáticas referidas a las desigualdades provocadas en el marco del sistema capitalista, patriarcal y heterocentrado.

Un dato no menor para esta ocasión: Desde hace 10 años NO ESTOY SIENDO HETEROSEXUAL. Y me importa decirlo hoy especialmente atendiendo al tema que nos ocupa y por cual nos reuniremos. No me resulta un dato indiferente. Porque mi cuerpo y mi sexualidad son políticos, son lugares de enunciación apropiados bajo las tecnologías que fabrican los terroristas del género y los terroristas de la heterosexualidad compulsiva.

Pero también nuestros cuerpos pueden ser y son lugares de resistencia y enunciación de nuevos discursos, placeres y deseos; entonces acá estamos para decir que APOYAMOS LA MODIFICACIÓN DE LA LEY DE MATRIMONIO CIVIL PARA QUE PAREJAS DEL MISMO SEXO PUEDAN CASARSE SI ASÍ LO DESEAN.

Estamos en una época en que los grupos feministas y los movimientos sexo-genéricos hemos logrado algo que parecía impensable: la armonía y el acuerdo interreligioso de viejos rivales que hoy se ubican como aliados contra un enemigo común: los derechos de las personas no heterosexuales.

Se arrogan el derecho de pensar por los demás y ordenarnos el comportamiento debido y “normal”, usurpan el libre albedrío en nombre de su dios. Censuran otras vidas posibles de ser vividas. Pretenden imponer las leyes civiles que deben regir sobre toda la sociedad. Por ello considero que tienen una vocación profundamente autoritaria.

Vamos a repetirlo desde esta tribuna, vivimos en un régimen heteronormativo, el contrato social que rige las relaciones, la cultura y las vidas es heteronormativo. La matriz heterosexista constituye un régimen dictatorial, que distribuye privilegios y derechos sólo a quienes no se apartan de sus NORMAS BINARIAS del sexo, del género y del cuerpo.

“Hagámoslo más gráfico: Como escribiera Olga Viglieca el pasado 15 de junio: En el departamento A una pareja lava los platos, hace las cuentas para llegar a fin de mes, mira la tele, se ríe, se enoja, ayuda con los deberes a los chicos. En el departamento B, otra pareja hace exactamente lo mismo. Una de ellas, sin embargo, no puede compartir la obra social, ni pedir un crédito conjunto, ni cobrar pensión jubilatoria ni heredar al otro el día que muera. […] ¿Por qué? Porque en el departamento A conviven un hombre y una mujer, y en el otro una pareja de personas del mismo sexo.

Pero estamos también en una época en que los grupos históricamente minorizados nos organizamos contra todas las ortodoxias, incluidas las ortodoxias sexo-fóbicas de la matriz heterosexual. Con orgullo exponemos lo que estamos siendo como actos profundamente militantes. Nuestras vidas son tan válidas y dignas de ser vividas como las vidas de personas heterosexuales.

Mal que les pese a los detractores de las sexualidades disidentes, aquí estamos, existimos, hemos venido para quedarnos; nuestras familias y existencias no se plebiscitan. Y ya no les va a alcanzar la leña, como canta Liliana Felipe.

La sanción favorable de esta ley no garantiza todo lo que aún nos deben, no implica desterrar la homofobia, la lesbofobia ni la transfobia social existente, sin embargo significa la disputa por otros significados; significa reconocimiento y distribución más igualitaria de derechos, significa la extensión de la ciudadanía y contribuye a extender también los sentidos democráticos de la sociedad.

Apoyamos la ley de matrimonio para personas del mismo sexo, porque nos oponemos a un bien común respecto del ejercicio de la sexualidad asentado en la heterosexualidad obligatoria exclusivamente. Apostamos a gestar acciones y leyes que contribuyan a una ética de la diversidad, donde quepan y se reconozcan otros mundos posibles de ser imaginados y vividos. Donde quepan las otras relaciones reales y palpables, que no cuentan hoy con la igualdad jurídica necesaria, pero que existen.

Este estado tiene muchas deudas internas, una de ellas es con las personas no heterosexuales. Las y los senadores que voten a favor de esta ley estarán dando pasos en pos de reconocer los derechos humanos como derechos universales e indisociables; porque la igualdad ante la ley es un principio principalísimo, de rango constitucional, que debería estar por encima de prejuicios e intereses particulares, sectoriales o religiosos.

La restricción normativa que hoy existe está investida de posiciones homo, lesbo, transfóbicas; quienes niegan este derecho se erigen como custodios y policías de la ley heteronormativa; pretenden una coreografía estrecha e inamovible. Rezan con especial belicosidad por una profilaxis social que libere a esta sociedad del mal que traería aparejado la homosexualidad y la lesbianitud.

Ante ello, digo: bienvenidas la organización y la rebeldía que venimos gestando desde hace años contra los poderes patriarcales y heteronormativos; organización y rebeldía que hace posible que hoy existan estos debates a nivel legislativo. No nos regalaron esta posibilidad, hubo que salir a conquistarla.

Acá estamos, sabedoras que está en juego:
1) La reparación de las injusticias existentes que convierte a algunas personas en ciudadanos de segunda en razón de su decisión sexual. Y que el logro de este tipo de derechos no implica lesión alguna a los derechos civiles y democráticos del resto de la ciudadanía.
2) La garantía efectiva de derechos humanos vía la equiparación jurídica.
3) Está en juego la posibilidad de ciudadanías sexuales plenas para todas y todos.

Para terminar dejar expresado un deseo viendo tanta movilización de parte de los y las militantes de las iglesias para evitar que se sancione a favor del cumplimiento de los derechos humanos. Ojalá vuestros dioses y vuestros santos evangelios los iluminaran para que llegue el día en que veamos las legislaturas, los pasillos judiciales, las calles, las iglesias, los templos, los colegios que dirigen exigiendo: Juicio y castigo para todos los curas abusadores de menores y juicio y castigo para aquella jerarquía de la iglesia que fue cómplice de las dictaduras militares. Todo lo cual también forma parte de su patrimonio. Amén.

2 comments

Deja un comentario