8300 a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo

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logoEste es el discurso que la Cooperativa de Trabajo para la Comunicación iba a pronunciar en la audiencia pública.

Un debate sobre libertad, igualdad, amor y felicidad

La Cooperativa de Trabajo para la Comunicación 8300 es un colectivo de periodistas, reporteros y reporteras gráficas, diseñadores y diseñadoras, que trabajamos en la creación y mantenimiento de medios de comunicación en la región, como lo es 8300web.

Desde nuestro lugar de comunicadores y comunicadoras comprometidos con temas que consideramos importantes para las sociedades en que vivimos, creímos necesario estar presentes aquí hoy. Apoyamos fervientemente la aprobación del proyecto de ley de matrimonio para todos y todas, que ya tiene media sanción de los diputados y diputadas de la Nación.

Hemos debatido interna e intensamente sobre la cuestión. Nuestras diferencias no se basaban en si estábamos a favor o en contra del proyecto (porque a pesar de nuestras diferencias de sexo, edad, ideología y formación, todos y todas apoyamos el proyecto), sino en cuáles serían los argumentos más importantes que podríamos esgrimir hoy para enriquecer este debate.

Y tal vez porque dicen que siempre estamos en contra de todo, consideramos que había que hacerle honor a nuestra tradición de contreras. De modo que decidimos preguntarnos por qué no.

¿Por qué dos personas del mismo sexo, que se aman, que deciden vivir un futuro juntas, compartir sus vidas, no pueden casarse hoy en Argentina?

¿Por qué el Estado no garantiza los mismos niveles de protección y contención a dos personas del mismo sexo que se aman?

¿Por qué denominamos discriminación el hecho de no admitir los mismos derechos para todas las personas, pero no se considera discriminación pretender prohibir el matrimonio entre personas del mismo sexo?

¿Por qué alguien que eligió amar a otra persona de su mismo sexo tiene las mismas obligaciones que quiénes son momentáneamente heterosexuales (está obligado a pagar impuestos, luz, gas, internet, agua, créditos, es juzgado por delitos penales y civiles, tiene que votar en cada elección) pero no puede gozar de los mismos derechos?

¿Quién podría arrogarse la potestad de decidir que una persona, que eligió libre y responsablemente reconocerse como lesbiana o gay, debe tener menos derechos que el resto de las personas que viven junto a él o ella, en su cuadra, su barrio, su ciudad?

El matrimonio entre un hombre y una mujer nunca fue calificado de heterosexual. ¿Por qué entonces al enlace entre dos personas del mismo sexo debe ser calificado como gay, lésbico, homosexual? ¿Acaso esto no es discriminación?

No se trata acá de hablar de religión. Nosotros y nosotras respetamos la libertad de cada quien, de elegir a qué religión pertenecer. Incluso respetamos el hecho de que muchos y muchas quieran cambiar de religión, bautizarse o rebautizarse, creer en algún otro dios o en santos. Somos libres de decidir… del mismo modo que somos libres para decidir amar a un prójimo, incluso de igual sexo.

Si bien no lo compartimos, respetamos que haya gente que crea en el mito de Adán y Eva, el pecado original y el castigo eterno.

Pero insistimos: no se trata de eso.

De lo que se trata es de igualdad de derechos. Y también de amor y de libertad. Se trata de poner al amor en el centro de la escena. Y desde ahí mirar la escena. Ver que existen miles y millones de personas que aman a otras personas de su mismo sexo. Que esas personas se enamoran. Se aman.

Que son felices. Y que como resultado de esa felicidad, quieren asegurarse amor eterno, protección, seguridad, futuro.

En Argentina, los únicos que pueden lograrlo son los heterosexuales, hombres y mujeres. Pero los gays y lesbianas están excluidos, discriminadas. ¿Cuánto más resistirá la Constitución, la ley, la justicia argentina esta discriminación flagrante? ¿Cuánto tiempo más tardará la ley en aceptar una realidad que existe de hecho?

¿Cuánto tiempo más se intentará seguir tapando el sol con las manos? ¿Cuándo será el día en que se comprenda que el amor es más fuerte?
Somos parte de este reclamo por libertad y justicia. Libertad para elegir. Libertad para decidir. Para optar con quién uno o una quiere vivir por el resto de sus días. Hasta que la muerte nos separe.

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