“Hay un sector del poder que está jugando a dividir a los barilochenses”

Derechos de la humanidad, SECCIONES

Imagen tomada del sitio Agencia de Noticias Bariloche-Alejandra Bartoliche
Imagen tomada del sitio Agencia de Noticias Bariloche-Alejandra Bartoliche

Nicolás Carrasco tenía 16 años, había terminado los estudios primarios, colaboraba con su papá en trabajos de gas y plomería, era el menor de tres hermanos y vivía junto a su familia en el barrio 169 viviendas de Bariloche. Murió asesinado luego de recibir un disparo policial en el estomago y otro impacto en la pierna. Se convirtió así en la tercera víctima fatal de la cruenta represión que sacudió a los barrios del Alto de Bariloche en los últimos días.

Por Belén Spinetta para 8300

“Escalada de violencia” fue el eufemismo con el que algunos medios eligieron nombrar a los hechos desatados luego de que un policía le disparara un tiro en la nuca a Diego Bonefoi de sólo 15 años. “Se le escapó el tiro”, dijo Argentino Hermosa el comisario responsable de la Regional III. “Otro caso de gatillo fácil” dijeron las organizaciones sociales y de Derechos Humanos que salieron inmediatamente a repudiar el accionar de la policía.

En esas trágicas jornadas también perdió la vida Sergio Cárdenas de 29 años. Recibió un disparo por la espalda cerca del cuello y falleció desangrado. Trabajaba como auxiliar de limpieza en el hotel Llao Llao y tenía dos hijos.

Aunque las autoridades policiales y provinciales enfatizaban en que solo se había reprimido con balas de goma, en los medios circulaban las fotos de efectivos preparados para disparar con sus 9 milímetros. A los piedrazos de bronca e indignación que los jóvenes arrojaban tras la muerte de uno de sus pares, le respondieron con perdigones de plomo.

La familia de Nicolás Carrasco decidió romper el silencio y salir a clamar justicia. En esa ardua tarea se vieron obligados a limpiar el nombre del joven y “desmentir las versiones que dicen que todos eran delincuentes” como señaló su tío Juan Carlos Curaqueo. Es que la sociedad barilochense se ha dividido entre los que repudian la represión policial y quienes defienden su accionar. “Polis si, chorros no”, fue la escalofriante consigan de los miles que marcharon para defender a la fuerza y justificar el fusilamiento de Diego Bonefoi.

“Era un chico que había terminado sus estudios primarios, trabajaba todos los días con su papá y sólo había salido a ver que estaba pasando en el barrio mientras iba a la casa de la novia”, relató Juan Carlos. “Toda la familia había salido curiosear que es lo que estaba pasando cuando la policía rodeó la manzana y reprimió por atrás”. Nicolás cayó abatido enfrente de sus familiares. Recibió un balazo en el estomago, otro en la pierna y se desvaneció en los brazos de su mamá. Fue trasladado inmediatamente al hospital donde falleció cerca de las 21, luego de ser intervenido quirúrgicamente.

En relación a las dos grandes posiciones que ha manifestado la sociedad barilochense -a favor y en contra del accionar policial- Curaqueó consideró que hay “oportunismo” . “Para nosotros hay un sector del poder que está jugando a dividir a los barilochenses con estas tres muertes, tratando a una parte de delincuentes. Pero acá somos todos seres humanos y tenemos todos los mismo derechos”.

Los pibes que reaccionaron frente a la muerte de Diego Bonefoi, son los marginados de este sistema. Los que no tienen oportunidades, sólo la droga, el alcohol..la delincuencia. Son esos mismos jóvenes que la policía saca del centro a determinada hora del día porque “manchan el paisaje” y espantan a los turistas. Son los negros, los pobres, los que portan cara, los que portan apellido y los que se justifica asesinar.

Los casos de abuso policial se cuentan por decenas en Bariloche. Hay muchos que no denuncian por miedo, porque son amenazados y perseguidos. Como el de un joven que contó a la Multisectorial contra la Impunidad como fue que lo “levantaron de la calle”, le pegaron en el calabozo y le quebraron un brazo, como se lo movían cada tanto para mantenerlo quebrado y hacerle doler. Y otros tanto donde los encierran y les tiran gases en las celdas.

La profunda división y las diferencias sociales tienen hoy una fuerte expresión en la sociedad barilochense. Objetivamente hay una contradicción entre la delincuencia y la “seguridad”, alentada por las nulas respuestas de una dirigencia política que históricamente ha tenido en el olvido a los barrios Altos de la ciudad andina, la cara opuesta al paisaje turístico, cosmopolita y europeizante que se quiere -y conviene-mostrar.

Hoy la familia de Nicolás Carrasco marcha junto a miles contra la impunidad. Piden justicia. Piden la renuncia de los responsables políticos: el gobernador Saiz, el ministro de gobierno Larreguy, el secretario de Seguridad Cufré y el jefe de la policía Villanueva. Que paguen por su delito de acción al respaldar el accionar represivo y de omisión al darle la espalda a ese Bariloche al que no se han atrevido a mirar en más de 20 años de gobierno.

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