Feliz cumpleaños, Ernesto

POPURRI

familiaTenemos la mala costumbre de conmemorar asesinatos y muertes, pero queremos comenzar a cambiar ello y celebrar la vida. Un día como hoy nacía Ernesto Che Guevara. Conozcan pormenores de aquél acontecimiento, del que algunos aseguran fue un mes antes, el 14 de mayo de 1928.

El 10 de diciembre de 1927, Celia y Ernesto se casaron en una ceremonia privada en la casa de su hermana mayor casada, Edelmira Moore de la Serna. El diario La Prensa de Buenos Aires lo consignó en su columna “El día social”. A continuación huyeron de Buenos Aires a la selva misionera con su secreto común. “Juntos decidimos qué haríamos con nuestras vidas”, escribiría Guevara Lynch en memorias publicadas años más tarde. “Atrás quedaron las penitencias, la mojigatería y el círculo cerrado de parientes que querían impedir nuestro matrimonio.”
Con el dinero de Celia, Guevara Lynch compró doscientas hectáreas de selva en la margen del río Paraná. Sobre un barranco con vista al agua color café y al exuberante bosque verde de la margen paraguaya construyeron una amplia casa sobre pilotes con cocina y baño exteriores. Lejos estaban de las comodidades de Buenos Aires, pero Guevara Lynch estaba embelesado. Su ojo ávido de empresario contemplaba la selva que lo rodeaba y veía el futuro.
Tal vez creía que, emulando a sus abuelos, podría “restaurar” la fortuna familiar al lanzarse a la exploración intrépida de tierras vírgenes e inexploradas. Fuera esa emulación de sus antepasados consciente o no, es evidente que Misiones representaba para Guevara Lynch su propia aventura en el “oeste salvaje”. Para él no era tan sólo una provincia atrasada de la Argentina, sino un lugar emocionante.
El casco de la propiedad estaba en un lugar llamado Puerto Caraguataí, el nombre guaraní de una bella flor roja, pero el puerto era apenas un muelle de madera. Se llegaba luego de dos días de viaje por el río desde el viejo puerto comercial de Posadas en el “Iberá”, un venerable vapor victoriano con rueda de paletas que había sabido transportar a funcionarios coloniales británicos por el Nilo. El caserío más cercano era Montecarlo, un asentamiento de colonos alemanes, pero a escasos minutos de caminata a través de la selva los Guevara hallaron un vecino cordial.Charles Benson, maquinista retirado del ferrocarril inglés y ávido pescador deportivo, se había construido un gran bungalow blanco sobre el río que incluso tenía un auténtico water closet importado de Inglaterra.
En todo caso, el idilio de la luna de miel duró poco. El embarazo de Celia progresaba y en pocos meses llegó el momento de regresar a la civilización para que ella diera a luz en un ambiente más cómodo y seguro. La pareja viajó río abajo hasta Rosario, un importante puerto sobre el Paraná de 300.000 habitantes. Allí Celia inició el trabajo de parto y dio a luz a su hijo Ernesto Guevara de la Serna.
La partida de nacimiento adulterada, redactada en el registro civil el 15 de junio, fue firmada en calidad de testigos por un primo de Guevara Lynch que vivía en Rosario y un taxista brasileño, evidentemente conseguido a último momento. El documento dice que el bebé fue dado a luz el 14 de junio a las 3.05 de la mañana en el “domicilio” de sus padres, calle Entre Ríos 480.
Los Guevara se instalaron en Rosario mientras Celia convalecía del parto de “Ernestito”. Alquilaron un espacioso departamento de tres dormitorios con cuartos de servicio en un lujoso edificio residencial en la dirección mencionada en la partida, cerca del centro. Debieron prolongar su estadía porque poco después de nacer, el bebé contrajo neumonía bronquial.
Si los familiares de la pareja sospechaban, no dijeron palabra. Se había evitado el escándalo. La partida de nacimiento, aunque dudosa, era un documento oficial y por el momento nadie hacía preguntas molestas. Incluso Roberto, hermano menor del Che, dice que su madre le dijo: “Ernesto nació en una clínica de Rosario el 14 de junio de 1928. La dirección que aparece en el registro de nacimiento es donde vivió los primeros días, pero no donde nació. Posiblemente fue la casa de un amigo o la del taxista que salió de testigo…”.
Desde luego que la verdad, como diría Celia mucho después a Julia Constenla de Giussani (la que había solicitado la carta astral del Che a su común amigo el astrólogo), era que tal vez dio a luz en el mismo hospital, el mismo día y a la misma hora en que un obrero portuario huelguista llamado “Diente de Oro” moría de heridas de bala.
El diario rosarino La Capital confirma el resto de la historia. En mayo de 1928, una huelga portuaria en Rosario había dado lugar a actos de violencia. Casi todos los días se producían disparos y apuñalamientos, la mayoría realizados por rompehuelgas armados contratados por la agencia de empleos de los estibadores, la Sociedad Patronal. A las 17.30 del martes 13 de mayo de 1928, un estibador de 28 años llamado Ramón Romero, alias “Diente de Oro”, recibió una herida de bala en la cabeza durante un tumulto en Puerto San Martín. Murió al amanecer del día siguiente, 14 de mayo, en el hospital Granaderos a Caballo de San Lorenzo, unos veinte kilómetros al norte de Rosario.

* Por Jon Lee Anderson , Che, una vida revolucionaria, publicado por Emecé.

El socialismo y el hombre en Cuba

A continuación reproducimos parte del texto perteneciente a la carta enviada al periodista uruguayo Carlos Quijano, director del semanario Marcha publicada el 12 de marzo de 1965.

Lo difícil de entender, para quien no viva la experiencia de la revolución, es esa estrecha unidad dialéctica existente entre el individuo y la masa, donde ambos se interrelacionan y, a su vez, la masa, como conjunto de individuos, se interrelaciona con los dirigentes.

En el capitalismo se pueden ver algunos fenómenos de este tipo cuando aparecen políticos capaces de lograr la movilización popular, pero si no se trata de un auténtico movimiento social, en cuyo caso no es plenamente lícito hablar de capitalismo, el movimiento vivirá lo que la vida de quien lo impulse o hasta el fin de las ilusiones populares, impuesto por el rigor de la sociedad capitalista. En esta, el hombre está dirigido por un frío ordenamiento que, habitualmente, escapa al dominio de la comprensión. El ejemplar humano, enajenado, tiene un invisible cordón umbilical que le liga a la sociedad en su conjunto: la ley del valor. Ella actúa en todos los aspectos de la vida, va modelando su camino y su destino.

Las leyes del capitalismo, invisibles para el común de las gentes y ciegas, actúan sobre el individuo sin que este se percate. Solo ve la amplitud de un horizonte que aparece infinito. Así lo presenta la propaganda capitalista que pretende extraer del caso Rockefeller -verídico o no-, una lección sobre las posibilidades de éxito. La miseria que es necesario acumular para que surja un ejemplo así y la suma de ruindades que conlleva una fortuna de esa magnitud, no aparecen en el cuadro y no siempre es posible a las fuerzas populares aclarar estos conceptos. (Cabría aquí la disquisición sobre cómo en los países imperialistas los obreros van perdiendo su espíritu internacional de clase al influjo de una cierta complicidad en la explotación de los países dependientes y cómo este hecho, al mismo tiempo, lima el espíritu de lucha de las masas en el propio país, pero ese es un tema que sale de la intención de estas notas.)

De todos modos, se muestra el camino con escollos que aparentemente, un individuo con las cualidades necesarias puede superar para llegar a la meta. El premio se avizora en la lejanía; el camino es solitario. Además, es una carrera de lobos: solamente se puede llegar sobre el fracaso de otros.

Intentaré, ahora, definir al individuo, actor de ese extraño y apasionante drama que es la construcción del socialismo, en su doble existencia de ser único y miembro de la comunidad.

Creo que lo más sencillo es reconocer su cualidad de no hecho, de producto no acabado. Las taras del pasado se trasladan al presente en la conciencia individual y hay que hacer un trabajo continuo para erradicarlas.

El proceso es doble, por un lado actúa la sociedad con su educación directa e indirecta, por otro, el individuo se somete a un proceso consciente de autoeducación.

La nueva sociedad en formación tiene que competir muy duramente con el pasado. Esto se hace sentir no solo en la conciencia individual en la que pesan los residuos de una educación sistemáticamente orientada al aislamiento del individuo, sino también por el carácter mismo de este período de transición con persistencia de las relaciones mercantiles. La mercancía es la célula económica de la sociedad capitalista; mientras exista, sus efectos se harán sentir en la organización de la producción y, por ende, en la conciencia.

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