Climas de cambio

Río suena
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Río Arrayanes en el Parque Nacional Los Alerces

Aunque las grandes potencias industriales no lo asuman, el ciclo de la economía del “carbono” está llegando a su fin. Tal vez suene utópico, pero el clima expresa las limitaciones del sistema socioeconómico mundial. Si los signos evidentes del cambio climático no reorientan las bases energéticas del funcionamiento global de nuestras sociedades, es muy posible que nos aproximemos peligrosamente al llamado punto crítico a partir del cual el orden de cambios del clima mundial no encuentre punto de retorno.

Por Leonardo Datri

En un escenario de cambio climático global, la vegetación acusaría cambios abismales. La mayoría de las selvas tropicales del mundo están rodeadas de bastos territorios conocidos como sabanas. La región chaqueña que abarca buena parte de suelos de Argentina, Paraguay y Bolivia; circunda al sur las selvas tropicales del Amazonas, el Pantanal y el Cerrado. En nuestro país la región chaqueña vendría a ser la región análoga a las sabanas africanas al norte del Congo, por dar algún ejemplo. Hasta acá nada atípico: conforme disminuyen las precipitaciones, cambia la configuración de la selva a un bosque más abierto y leñoso, hasta llegar a las estepas (como la región en donde vivimos). Esta breve clase de biogeografía expone lo que representa un gradiente climático típico como el cambio del régimen de lluvias de “mas” a “menos”, con efectos en otro gradiente pero en la vegetación (de mas producción – y diversidad – a menos)

Las plantas acusan los cambios. El cambio de regímenes pluviales en las fronteras de la selva y el bosque chaqueño, es común y “natural” porque no existe una frontera “exacta” por la cual la naturaleza dirime un espacio del otro. Lo que ocurre en esos bordes es fundamental para comprender como se expresarán los cambios del clima en la vegetación. Los ambientes de las características de las sabanas y nuestro chaco, favorecen la dinámica del fuego y muchas especies están adaptadas a esta condición. El Yatay (la palmera típica del Parque Nacional El Palmar en la provincia de Entre Ríos) o mas al norte la palma Carandaí es un ejemplo de ello, porque sus cortezas “corchosas” aísla de las altas temperaturas del fuego de un incendio a las plantas de manera que hasta la favorece eliminando sus competidores habituales, las gramíneas; que a su vez cumplen ciclos de vida en relación al fuego. Y este hecho, entre otros asociados a las glaciaciones y las características propias de sus especies, es lo que llevó a todas las selvas del planeta a ser los ecosistemas más diversos: por tener “muchos bordes de contacto con otros ambientes”

Existen pruebas que avalan la idea de que entre las selvas y los bosques secos que los circundan, existieron contracciones y expansiones, según pulsos de cambios climáticos del pasado. Es decir, las zonas secas avanzaban o retrocedían según las condiciones del clima. El fuego alimentaba la captura de tierras secas sobre selvas, hasta que una época (claro está hablamos de largos períodos de tiempo) mas “fría” permitía ganar tierras nuevamente a las selvas. Y estos cambios del clima a nivel mundial ya existían desde tiempo inmemoriales e hicieron de nuestro planeta un lugar cambiante y hasta diríamos con cierta capacidad de readaptación. Así fue al menos después de cada salida de una glaciación, con un aumento generalizado de la temperatura, como es lógico pensar.

La encrucijada que enfrenta actualmente la humanidad es que a los cambios naturales que cíclicamente ocasiona nuestra atmósfera sobre la organización de los seres vivos, hay que adicionar toneladas extras de CO2 al que naturalmente aportan el metabolismo terráqueo, los incendios naturales de bosques y los volcanes. Como si fuera poco, las grandes bombas extractoras del CO2 atmosférico, de las que está provisto el planeta a través de su cobertura verde, fijando carbono atmosférico en sus tejidos, se reducen drásticamente para dar lugar a espacios urbanos y rurales con muchísimo menos capacidad de conversión.

La preocupación, como decía al principio, es a diferencia del ciclo de expansión -retracción natural de selvas asociados al cambio climático, dentro de límites de cambios en períodos de tiempo relativamente largos, no se verá afectado por un cambio repentino y lo suficientemente drástico como para alterar el normal desenvolvimiento de la sociedad y sus ecosistemas. Algunos científicos sitúan ese punto crítico en torno al año 2100. Otros más pesimistas dicen que acabamos de cruzarlo. Pocos creen que no exista (Lovelock, 2002).

Energía eólica ¿alternativa al combustible fósil?
Energía eólica ¿alternativa al combustible fósil?

Mi posición personal y los invito a pensar y debatir sobre el cambio climático y los “cambios” que debemos enfrentar como sociedad, pasan básicamente por un cambio en el orden económico global. Pero para ser realistas estos no va a ocurrir, al menos por ahora y a partir de hoy iniciaremos una serie de artículos relacionados a ideas sobre como se podría enfrentar parcialmente el problema. La serie incluirá temas de la economía de un mundo que debe cambiar, las energías y los males del cambio del modelo energético y la función protectora de los bosques, desde una plaza hasta una selva tropical.

Lo desafío a reflexionar y a discutir lo que se viene desde estas páginas, porque como siempre, arriesgamos ideas o ensayos antiintuitivos, por llamarlos de alguna manera. No solo plantearemos la necesidad de un cambio radical de las relaciones económicas con la naturaleza, haré un esfuerzo grande por promover a la energía nuclear como fuente segura y sustentable de producción de electricidad y propondré la extensión de bosques naturales y artificiales en lugar de campos cultivados, solo por dar un avance….

Bibliografía consultada

Lovelock J. La venganza de la tierra. La teoría de Gaia y el futuro de la humanidad. Editorial Planeta. 2007

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