Vencedora y vencidos

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botniaLos juristas, aunque con matices, confiamos en el Derecho como la mejor herramienta para regular la convivencia social. Y en el Estado de Derecho, como la forma de afianzar todas las pautas de su creación y aplicación, de conformidad a su mejor y mas legítima adaptación a las necesidades del medio social.

Estos paradigmas no dejan de ser aplicables al plano de las relaciones entre Estados.
El Derecho Internacional Público, sus instrumentos jurídicos y sus operadores, dentro de estos, y con posición y responsabilidades preeminentes, la Corte Internacional de Justicia, deben ser expresión permanente de esa función del Derecho y de una Comunidad Internacional que afiance relaciones a partir del respeto de las normas jurídicas imperantes.
Es por lo menos dudoso que, a través de su pronunciamiento en el “Caso de las Pasteras” sobre la cuestión de fondo, la Corte haya contribuido a consolidar, en un medio alta y peligrosamente anómico, la convicción de la necesidad de ajustar estrictamente la conducta de los Estados a los acuerdos vigentes.
Todos sabemos hacia donde se conduce a una sociedad cuando no se demuestra la operatividad y la eficacia en sus efectos de las normas que deben ser cumplidas. Cuando la percepción de los obligados es que cumplir da lo mismo que incumplir.

En los hechos, y síntesis de una visión descarnada: ¿cuál es el mensaje que transmite este fallo de la Corte Internacional? Parece ser: Incumpla pero con cuidado de modo que las consecuencias de su incumplimiento no le afecten. Cuando los hechos fortalecen estas lecturas, las posiciones siempre prudentes de la necesidad de obrar conforme a Derecho, ceden frente a las maniobras de manipulación que especulan con la propuesta, tentadora para quienes el Derecho no es sino un argumento de los débiles, de las ventajas de conducirse de conformidad a la doctrina de los hechos consumados.
La primer víctima de este fallo (como sentencia) o “fallo” (como acto fallido) de la Corte Internacional de Justicia es la legítima expectativa de ordenar la conducta de los Estados a través del apego estricto a las normas jurídicas bajo el peso de la consecuencia de responder adecuadamente por ello. Muy liviano resultó para Uruguay incumplir el Estatuto del Río Uruguay cuando ello se ha traducido, apenas, en la forma menos onerosa de la reparación, (menos de cien caracteres en el primer párrafo operativo de la sentencia) constitutiva de lo que la Corte ha considerado una “satisfacción apropiada”.
La segunda víctima los pueblos, la gente, nosotros, el común, cuidado, de Uruguay y de la Argentina, que veremos transitar un tramo de nuestra historia en la que, a todas las “patrias” que nos tocó sufrir (la financiera, la contratista, la torturadora, la siempre e infinitamente corporativa), se sumará la que nos defina en este tiempo con la primacía de la patria trasnacional contaminante, única vencedora en esta ocasión.

La Corte Internacional habría podido fijar un marco de equilibrio para las relaciones en el plano de la responsabilidad sobre el manejo de recursos naturales compartidos, no lo hizo. Más bien su pronunciamiento sienta que un incumplimiento, al que llama apenas procesal, no tiene consecuencias olvidando que en todo el Derecho las formas, el procedimiento, se definen en función del fondo, lo sustantivo, lo esencial y que, si se lesiona un derecho procesal, este nunca es enteramente autónomo con relación al bien jurídico tutelado, en este caso la calidad de las aguas del Río Uruguay, cuya utilización, y sobre-utilización, en el futuro inmediato, quedan al amparo exiguo del paraguas de un aprovechamiento definido en función de los propios estudios de impacto que las pasteras, y sus consultoras y gobiernos asociados, realicen ex-post de cualquier incumplimiento de las obligaciones acordadas en el Estatuto del Río Uruguay. Curso compartido, cuya conservación apropiada, ha sido lavíctima principal de este fallo.
Córdoba, Abril 20, 2010. Profesor Dr. Nelson. D. MARCIONNI

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