Lo absurdo y lo profundo de las relaciones humanas

Aglomerados, ARCHIVO

ladoABEn una entrevista con 8300 web los protagonistas de la obra “La fin del mundo lado A y lado B”, nos adelantan algo de estos dos mundos desopilantes e inquietantes que crearon a partir de un mismo texto.

¿Cuál es la verdadera fin del mundo? Una pregunta que abre y cierra el enigma de esta original obra con dos versiones, similares y contrapuestas a la vez. Un desafío al que se aventuró el grupo teatral “Todoesunabroma.inc”, y del que resultó una impresionante puesta en escena que trata de una manera absurda pero a la vez profunda el desintegro de los vínculos humanos.

Chana Fernández, Sebastián Fanello y Luis Sarlinga conforman este colectivo de trabajo independiente, que desde el 17 de abril está presentando “La fin del mundo lado A y lado B” en la sala de La Conrado Cultural.

“La obra es una creación colectiva que nosotros empezamos con un trabajo de improvisaciones. Al texto le dio forma Luis Sarlinga que es nuestro director y él había planeado una puesta escena, que es la que después resultó en el lado A.”, cuenta Chana en una entrevista con 8300 web.

En medio del proceso de ensayo surge de manera “inconsciente” una nueva mirada sobre el texto, otro contexto posible con otras posibles relaciones entre los personajes.

“El lado B de esta apuesta, siempre estuvo presente en nosotros. Teníamos una manera de ensayar el texto que fue el detonante. Cuando Luis vio que eso tenía tanta fuerza a nivel escénico fue que dijo acá hay otra cosa y es la que ustedes me están brindando como actores”, relata Sebastián sobre el surgimiento del lado B.

Tati (Sebastián) y Mele (Chana) son los protagonistas de las dos historias que aunque “las dos se ramificaron en estéticas diferentes no dejan de ser absurdos”, explica el actor.

Lado A: un pozo real con seres “desopilantes”

Un aljibe abandonado se convirtió en el hogar (cárcel) de Tati y Mele, dos refugiados o sobrevivientes en “una permanente espera”.

La imposibilidad física de salir los convierte en seres marginados.

Chana asegura que esta versión es extrovertida, desopilante y casi expresionista, para lo que los personajes fueron trabajados “en una clave actoral que puede ser el clown”.

“El Tati y Mele del lado A son bastante estúpidos en su forma de actuar y de reaccionar”, confiesa.

Lado B: “el comedor de cualquier casa”

El pozo en el que viven estos Tati y Mele ya no es físico sino emocional. Su “imposibilidad de salir se da por el propio vínculo entre ellos”.

Aquí la puesta en escena es más minimalista, y los personajes son socialmente correctos, socialmente educados pero con una relación de diez años, que viven como carga.

Ellos también son estúpidos -asegura la dupla actoral- pero desde otro lugar, desde un lugar social, porque aparece la omnipotencia, el cinismo y la ironía.

Chana recuerda que en uno de los ensayos el director les propuso que digan el texto pero cada uno sentado en la punta de una mesa. “Y así esta versión puede ser el comedor de cualquier casa”, reflexiona.

Tati, por Sebastián Fanello

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Mele, por Chana Fernández

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Los vínculos y la no comunicación

Si bien se trata de una obra divertida, con humor y diálogos absurdos, en el fondo intenta dejar un mensaje social.

Chana revuelve y encuentra en la obra la razón de ser de estos personajes que “en vez de resolver, los diálogos son circulares, y el personaje se encierra en su propio deseo, intención, necesidad y en la imposibilidad de escuchar y entender al otro. Ahí está la clave del teatro del absurdo: los seres humanos intentan comunicarse todo el tiempo, están hablando todo el tiempo, pero están en una permanente espera de algo que nunca sucede”.

Como cierre casi planeado Chana y Sebastián coinciden en el desintegro de los vínculos humanos, en la no comunicación, en el incierto presente y destino de la humanidad. Entonces: ¿cuál es la verdadera fin del mundo?

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