Siguen escondiendo la muerte de un pobre

Derechos de la humanidad, Política

Gráfico1La policía y la justicia ocultan lo que pasó. Eso es lo único claro en torno a la muerte del joven Atilio Gallegos hace ocho años en Traful. Los comisarios que participaron de la represión de Arroyito, Mario Rinzafri y Carlos Salazar, y el ex fiscal, luego juez, y ahora preso por delitos comunes Rolando Lima, protagonizan una historia de la que se desconoce la verdad.

Tras ocho años la causa todavía no ha cerrado, pero tampoco hay demasiadas certezas. En marzo, los fiscales de Junin de los Andes volvieron a tomar declaraciones en una causa donde las innumerables irregularidades confirman el esmero de los investigadores por ocultar la verdad.

El 17 de marzo de 2002 la vida de Villa Traful cambió. Atilio, un muchacho de 21 años, con capacidades mentales diminuidas, hijo de una familia humilde nativa de la localidad, desapareció misteriosamente.

Atilio participaba activamente de la Comunidad católica de Villa Traful y ese domingo y extrañamente Atilio no fue a misa donde –como era habitual-  tenía varias responsabilidades.

Era un joven muy querido en el pueblo. Le costaba expresarse pero contaba todo lo que veía. Esa característica habría sido la que lo llevó a la muerte.

El joven tenía un muy buen carácter. Si lo maltrataban, sin embargo, se defendía y demostraba toda su fuerza. Fuerza que era reconocida por todos los que lo conocían en el pueblo. Algunos se la atribuyen a su discapacidad. No soportaba que lo maltrataran ni de palabra y menos físicamente. Si lo convencían, en cambio, obedecía con serenidad.

Aquel olvidable domingo, que vuelve permanentemente al relato de quienes lo querían, salió de su casa cerca de las tres de la tarde pero nunca llegó a la Capilla, donde desde las 18 siempre esperaba la llegada del sacerdote.

Según un escrito anónimo, que consta en la causa judicial, la última vez que se lo vio entraba al destacamento policial. Allí hacía su primera guardia el suboficial Corvalán, de quien se aseguraba que estaba en la Villa castigado por haber cometido apremios en otras jurisdicciones policiales de la provincia.

Esa noche, Atilio no regresó a su casa como lo hacía habitualmente antes de oscurecer. Pero aunque era muy raro porque estaba tomando su medicación, se temió que hubiera tenido alguna descompensación en su salud que lo hubiera perdido. Por eso salieron a buscarlo.

Luego de presentar la denuncia policial, todo el pueblo se sumó al rastrillaje.

Nada se encontró hasta bien entrada la madrugada, y a las dos de la mañana decidieron descansar hasta las seis mientras esperaban la luz del día. La preocupación se convirtió en profundo dolor cuando a media mañana del lunes 18 se encontró el cuerpo ahogado en el muelle viejo de Parques Nacionales.

Allí estaba a 80 centímetros de profundidad en las transparentes aguas del lago en posición fetal, aprisionando todavía entre sus manos su acostumbrada bolsita de nylon donde guardaba papeles que soñaba billetes.

Hasta aquí un trágico accidente. Pero una serie de indicios comienzan a delinear otra hipótesis.

Indicios

Atilio tenía dos temores: la oscuridad y el lago. Por eso extrañó rápidamente que no haya vuelto antes del anochecer. Además, le tenía terror al lago, tanto que no caminaba por la costa y cuando tenía que hacerlo lo hacía por el sector más alejado refunfuñando.

El mediodía del lunes, los efectivos policiales se llevan el cuerpo a San Martín de los Andes para realizar una autopsia; alrededor de las 22, devuelven el cuerpo y solicitan velarlo a  cajón cerrado. Los familiares no siguieron esa directiva.

Con cierta sorpresa vieron que, pese a las indicaciones policiales, el cuerpo estaba en buen estado. Lo desvistieron para ponerle las mejores ropas en su final despedida y entonces observaron en el cuerpo varios signos de violencia. Un labio quebrado, una herida en la oreja (“que estaba como arrancada”), hematomas en la espalda y en el cuello, como de haber sido ahorcado; eran los signos que empezaron a poner en dudas la “asfixia por inmersión” de los peritos.

La familia preocupada le mostró el cuerpo al cura Rubén Capitanio y este se dirigió al destacamento policial dependiente de la Comisaria nº 28 de Villa la Angostura. Allí le solicitó la autopsia al entonces comisario Marío Rinzafri. Quien tras dar algunas vueltas le respondió que ese informe no se había realizado porque la perito sólo había determinado la muerte por “asfixia por inmersión” y la hora del deceso, alrededor de las 20 del domingo 17 de marzo.

Preocupado, el sacerdote conversó con los padres de Atilio, Pedro Gallegos y Fernanda Astete, quienes devolvieron el cuerpo para que se concretara la autopsia. Aunque debido al manejo negligente de las vísceras extraídas se perdió el valiosos aporte que las mismas podrían haber aportado, la nueva autopsía confirmó las conclusiones del forense anterior.

Atilio tenía varias tareas asignada en la capilla de Traful
Atilio tenía varias tareas asignada en la capilla de Traful

Dudas

Donde fue encontrado el cuerpo sin vida de Atilio, había estado desde temprano hasta pasadas las 21 el propietario de un lancha. Quien, por supuesto, no vio a Atilio.

Además, Pedro, su padre rastreó esa zona aquella noche y no vio nada. Su la madre señaló además las incoherencias de la muerte por ahogo. “Estaba todo golpeado, y a mí nadie me va a decir que murió ahogado en 80 centímetros de agua”, dijo.

Finalmente un testimonio sostiene que vio a un auto estacionado junto al muelle alrededor de las tres de la mañana cuando la búsqueda había cesado. Investigaron el vehículo de un vecino que se correspondía con la descripción y se demostró que él estaba en otro lado. El suboficial Corvalán, quien realizaba su primera guardia en el destacamento, tenía un auto de las mismas características.

Más sospechas

La noche de aquel siniestro 17 de marzo, efectivos del destacamento detuvieron por ebriedad a quien manejaba la camioneta de Parques Nacionales y secuestraron el vehículo. Los efectivos observaron que tenía sangre en la caja, la mandaron a analizar y se determinó su origen animal.

Alrededor de las dos de la mañana, la camioneta fue devuelta a Parques que presurosamente la lavó en aquella madrugada de mediados de marzo.

Finalmente los resultados del análisis de la sangre se perdieron y nadie recuerda haber realizado tal estudio.

La justicia

Esa semana familiares se comunicaron con el fiscal de Junín de los Andes, Rolando Lima, quien se hizo presente en el lugar para tomar las declaraciones. Mientras el fiscal cumplía con su obligación el entonces director de Seguridad del area de Los Lagos, luego jefe de policía de Sobisch, Carlos Salazar estaba parado a su lado.

La causa fue caratulada como “causa dudosa” y todos los efectivos afectados al destacamento de la Villa fueron pasados a disponibilidad en aquellos días. Los motivos de esa decisión nunca se aclararon. Sin embargo, aquellos policías poco a poco fueron reincorporados en la estructura de la fuerza.

“Hay un montón de evidencias que no se cuidaron y se perdieron, como por ejemplo, un peritaje de la camioneta de Parques donde había sangre y que supuestamente no era humana. Atilio era tan transparente que lo que veía, contaba, ¿que habrá visto Atilio que empezó a contar y era importante que no contara?. A lo mejor involucraba a gente importante, porque ensañarse como se ensañaron y armar una trama de ocultamiento”, se pregunta Capitanio y continúa: “Después de que se perdieron tantas pistas ¿por qué pasaron a disponibilidad a todo el destacamento policial?”.

Con toda esta información se puede tejer alguna hipótesis que no fueron seguidas por la investigación y que hacen que todavía a ocho años de los sucedidos su madre siga llorando sin paz la injusta muerte (¿asesinato?) de Atilio.

La sangre de la camioneta, ¿sería realmente de animal?. Si así fuera, ¿no se podría pensar en que alguién importante –capaz de obtener la camioneta de Parques– que estaría cazando furtivamente fue vistos por Atilio que fue a hacer la denuncia ante el suboficial que, como no lo conocía, lo quiso asustar maltratándolo y ante la reacción natural de Atilio, no pudo manejar la situación y terminaron matándolo? O ¿quizá la sangre de la camioneta fuera sangre humana y fuera sangre de Atilio?

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