De testimonios, verdades y discursos. Anotaciones acerca del informe de Alicia Miller

POPURRI
El derecho y los medios construyen discursos de verdad

En su artículo publicado en la edición del jueves 8 de abril de 2010 titulado “¿Existió o no un centro de detención ilegal en la comisaría de Cipolletti?”, la periodista Alicia Miller incurre en graves omisiones y errores de descontextualización, lo que sumado al escaso conocimiento teórico respecto a las formas en que opera la memoria de las personas que atravesaron acontecimientos traumáticos, lleva a que su artículo instale una versión tergiversada de los hechos, e ignominiosa para con algunas de las víctimas de la última dictadura militar. Veremos a continuación por qué.

Por Pablo Scatizza

Antes de comenzar, una observación: llama la atención que su escrito esgrima sin peros ni comas los mismos argumentos que presentó como defensa en la causa uno de los policías rionegrinos imputados –Alberto Camarelli–  detenido en la U5 de General Roca. En términos generales, el argumento esbozado por Miller/Camarelli apunta a desacreditar lo dicho por un grupo de víctimas del terrorismo de Estado en la región –los hermanos Julio Eduardo, Roberto Manuel, Juan Domingo y Jorge Adolfo Pailos, Ricardo Novero, Raúl Sotto y Oscar Contreras– quienes habrían mentido en sus declaraciones involucrando a policías rionegrinos y a la propia Comisaría de Cipolletti en tanto Centro Clandestino de Detención, con el objetivo de ser reconocido como víctimas de la represión ilegal –lo que a entender de la periodista “podría ser interpretado como mérito”– así como de “acceder a la reparación monetaria creada en 1991 por la ley 24.043 para quienes estuvieron presos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional”. Y para probar su imaginario argumento, la periodista incurre en serios errores de omisión, tergiversación y de desconocimiento de una causa por demás compleja como lo es la denominada “Causa Reinhold”, en la cual se investigan los delitos de lesa humanidad cometidos en la región. También desconoce que, en caso de que hubieran recibido dichas víctimas la “reparación monetaria” a la que alude capciosamente, esta habría sido de 70 pesos por día de detención –que es la miseria con la que el Estado Nacional “repara monetariamente” a las víctimas del terrorismo de estado–; una fortuna por la que habría valido la pena, según Miller, mentir y confabular.

Desde el comienzo de su escrito, la periodista en cuestión desliza un comentario sugestivo con la idea de ir preparando el terreno del descrédito, pero que en sí mismo denota cuánto ignora del trámite de la causa en cuestión. “Lo particular –dice Miller–, en el caso del Alto Valle, es la aparición –más de treinta años después– de nuevas denuncias por parte de personas que nunca se habían presentado como víctimas de la represión ilegal. Y son precisamente los testimonios de esas nuevas víctimas los que introdujeron en la causa imputaciones sobre tormentos y detenciones ilegales en la Comisaría de Cipolletti”. Dice, también, que “durante treinta años, las investigaciones judiciales dieron por probado que la Policía de Río Negro tuvo un rol secundario en la represión ilegal y que no se registraron en comisarías de la provincia detenciones ilegales ni tormentos a detenidos políticos”.

Todos los imputados en el primer tramo del juicio serán juzgados también en el segundo
Todos los imputados en el primer tramo del juicio serán juzgados también en el segundo

Una primera y fundamental omisión en la que incurre la periodista es no recordar que el juicio por los delitos de lesa humanidad cometidos en la región se retomaron –ya que habían sido suspendidos por las denominadas leyes de impunidad– en noviembre de 2005 con los casos que fueron denunciados antes de la vigencia de las mencionadas leyes; y es desde 2006 en adelante cuando comienzan a aparecer nuevas denuncias de víctimas que también habían sufrido en carne propia la represión ilegal en distintos lugares de la norpatagonia. Entre ellas estuvo Pedro Justo Rodríguez, por ejemplo, quien según Miller declaró que no se aplicaban tormentos en la Comisaría de Cipolletti. Sin embargo, eso no es verdad. En su declaración de 2006 Rodriguez precisó –y confirmó en su nueva declaración en 2008– que no sólo fue interrogado por el oficial de la policía Miguel Angel Quiñones, bajo a amenaza de torturarlo para que hable –cosa que finalmente no hicieron con él, es cierto–, sino que estando detenido allí escuchó cuando otras personas eran torturadas y que conoció a un muchacho que había sido golpeado y a quien le habían intentado meter la cabeza en un tacho con agua. En esa Comisaría, Rodriguez también vio que quemaban libros. En esa comisaría, la de calle Roca, en pleno centro cipolleño, aledaña a un colegio y lindante con la casa de un cura: elementos suficientes al parecer de la periodista que vuelven imposible  la existencia de un centro clandestino de detención y tortura.

Muchas –casi la totalidad– de las nuevas denuncias que se realizaron en esta nueva etapa judicial a partir de 2006 surgieron, precisamente, porque a poco más de 20 años de terminada la dictadura, y en un contexto social y político diferente al de 1983, parecían estar dadas ciertas condiciones de seguridad y contención que muchas de las personas que habían visto la cara del demonio no encontraron en los primeros años de democracia alfonsinista. Claro que estas condiciones tampoco fueron reales, como lo marca la desaparición de Jorge Julio López…

Tal como ocurrió en otras sociedades que pasaron por “situaciones límite” –como la Shoá, por ejemplo– muchas víctimas comenzaron a denunciar lo que les sucedió muchos años más tarde, tratando de recuperar lo vivido –o sufrido– entre una maraña de recuerdos que en su memoria habían colocado en las zonas oscuras del olvido. Es parte del trauma, y algo que los psicólogos conocen muy bien; y por eso es insospechable y de una total ignominia suponer que una persona puede inventar una vivencia tan terrible como la que describieron las víctimas que denunciaron haber sido torturadas en la Comisaría de Cipolletti. Es vil siquiera imaginar que las lágrimas que vimos quienes hablamos con esos testigos eran de cocodrilo…

Es por ello que sacar de contexto un relato, suponer que quien lo narra lo hace desde un lugar cómodo, sin presiones y trayendo a su memoria recuerdos banales y placenteros, es cuanto menos cruel y peligroso. Cruel, porque no se tiene en cuenta el sufrimiento vivido en aquel entonces, ni el que revive la víctima al recordar sus tormentos; peligroso, porque se revictimiza a la víctima, se la niega en su ser y se la silencia, desapareciéndola.

Frente a los relatos de las víctimas, la periodista Miller prefiere darle más credibilidad a los dichos del policía Camarelli. Es una opción, y como tal la periodista es libre de tomarla. Camarelli ofreció pruebas en su descargo, y Miller se toma de ellas para desprestigiar a siete testigos que aseguran haber sido torturados en la Comisaría de Cipolletti, que en 1976 estaba a cargo del mencionado oficial. También las utiliza para poner en cuestión la acusación de la fiscal que imputó al policía y determinó que en esa comisaría se torturó. Frente a esto, uno podría pensar que lo que está contrastando es “documentos” frente a “testimonios”, lo que en una mente propia del positivismo más perimido  tendría más valor probatorio. Sin embargo, Miller no tiene en cuenta, entre otras pruebas documentales que también están en la causa, que por la Resolución Nº 1 “UR.II-D.3” del 24 de marzo de 1976, el entonces Comisario Principal Antonio Alberto Camarelli fue designado Jefe de Operaciones Especiales en la Subzona 5.212 con asiento en Cipolletti, precisándose en el mismo documento que debería actuar “con las facultades propias de los Jefes Militares, dentro de las Leyes y Reglamentos Policiales y con jurisdicción operativa en todo el Distrito que abarque el área asignada”.

Más allá de ello, es llamativo que ponga en un plano superlativo los dichos de Camarelli y niegue a partir de ellos –lo hace entrelíneas, claro– la utilización de la comisaría cipolleña como centro de torturas, cuando no sólo la Fiscalía Federal comprobó que ello fue así, sino que también lo hizo el Juzgado Federal al decretar el procesamiento, la Cámara Federal de General Roca al resolver las apelaciones, así como cada una de las querellas que son parte en este juicio. Dicho de otra manera: ¿Todos están equivocados, todos falsearon o forzaron las pruebas, y la verdad al respecto está dada por lo dicho por el imputado?

Las víctimas presentan contradicciones en sus dichos. Es cierto. Algunas  veces no son claros con respecto a los horarios en que fueron secuestrados, los días que estuvieron detenidos o en si vieron o no a tal o cual compañero. ¿Es eso suficiente para negar la validez de sus dichos? No lo cree así un juez, tampoco un historiador. Este juicio –como la historia misma– está plagada de testimonios con contradicciones y lagunas, pero que en el fondo –y no tan en el fondo– coinciden respecto a represores, metodologías aplicadas, lugares de detención y tortura, tiempos; y es con ellos –y no a pesar de ellos- que se reconstruyen las historias y se pueden determinar responsabilidades.

El derecho –sabemos por Foucault– es un lugar constructor de discursos de verdad. Por ello las luchas y tensiones en un juicio como éste, en que distintos discursos respecto a lo sucedido durante la última dictadura militar se confrontan, son permanentes. Qué decisiones y conclusiones se tomen en este juicio es clave –aunque no lo único, por supuesto– para la construcción de memorias, historias e identidades. Pero los medios de comunicación también son lugares de poder donde se construyen verdades, y día a día ocupan más espacio en la lucha por la hegemonía de esos discursos verdaderos. Como periodista del diario más leído de la región, Miller lo sabe. Y elije qué decir.

16 comments

  • Pertinente, preciso y necesario este artículo, felicitaciones y gracias por desmantelar la “verdad” que conviene al clan Rajneri y sus bufonas.

  • Me imagino el diálogo:
    -Che, NOVERO, andá a laburar y después volvé que te tenemos que seguir torturando.
    -Si Señor,yo soy de palabra y voy a volver para que me sigan torturando

  • Algunos habían deslizado que como periodista era un poco frío. Otros, que como historiador era un tanto temperamental. Para mí, las notas de Scatizza que nos regala (8300) son una reconciliación entre la valentía y la verdad. Gracias.

  • ambos periodistas tienen su cuota de verdad y no por eso deben descalificarse mutuamente. La pregunta adecuada que puede resolver el entuerto seria: ¿Porque la Justicia necesitaba que la Comisaria Cipolletti fuera ubicada como “centro de detencion” y no otras donde tambien hubieron detenidos?, aun contra el informe Nunca Mas.
    Porque de esa forma cambiaba la situacion juridica de los policias que hasta el momento eran actores alejados de algun encuadre y de participacion forzada. Incorporar ideologias a un tramite judicial tiene su precio: la comunidad termina confundida.

  • ¿Por qué “necesita” la justicia que la comisaría de cipolletti sea ubicada como centro de detención”. Yo creo que la pregunta sería ¿por qué no puede ser considerada un centro de dentención? En todo el país hubo comisarías que funcionaron como centros de torturas, y si la justicia comprueba que la de cipolleti fue una de ellas, sera porque tiene pruebas, quiero creer. No creo que lo diga porque “necesita” que asi sea. Me parece, es una opinión.
    María

  • Según Jorge, la ideología es algo que se agrega a alguna situación. Jorge: las situaciones se producen a causa de la ideología, no es un elemento que se agrega después. Y la ideología aclara, no confunde. No se confunda y no pretenda confundir.

  • Si lo que Scatizza dice es verdad quiere decir entonces que lo que escribio Miller es mentira no? o también puede ser al reves, y lo que publicó el Rio Negro es verdad. Digo esto porque recién lei de nuevo el informe del Rio Negro y no puedo creer que hayan publicado algo tan largo y que le hayan dado tanto peso a un tema basado en mentiras. Pero leo este artículo publicado acá y las pruebas parecen contundentes. Realmente estoy confundida y meparece que es gravísimo joder con un tema tan delicado como este.

  • Bueno es recordar que las mentiras más eficaces son las que tienen alguna parte de verdad que las torna verosímiles. Y también es bueno recordar que (8300) tiene el objetivo de mostrarnos lo que nadie nos muestra, el otro lado, lo que se intenta ocultar…

  • La verdad que hay que estar muy bien informada para defender a la policía de Río Negro.

  • Amigos, noto que hay certezas, preconceptos y olvidos. Por ejemplo, y con todo respeto, respecto de los olvidos -y miren si hay penas en todo este delicado caso- no se recuerda el papel del Río Negro, de su director ni de muchos de sus periodistas, que sufrieron y cómo, en la época de plomo. No quiero avanzar más pero…nobleza obliga. Y sería bueno también que si se cita a periodistas “colaboracionistas” no se dejen “espacios vacíos”. Data concreta o nada. Afectos.

  • En este penoso asunto deseo dejar algo en claro: no hay defensa de nadie. Hay datos, que se pueden compartir o no. Y en el caso concreto del señor Camarelli se positivamente que en dos ocasiones con actos concretos le pudo haber salvado la vida a dos personas de mi círculo familiar íntimo. Eso no lo redime de haber sido jefe de la C-4, pero es un atenuante frente a tanta barbarie desatada. Y si hay que dejar constancia generalizada de cómo actuó la sociedad valletana de cara a esos sucesos trágicos…mejor no hablar de ciertas cosas. No eran muchos los valientes: De Nevares, Hesayne, Noemí Labrune, el Río Negro (con mucho énfasis de sus periodistas de la agencia Neuquén), Don Preiss, Madres y Padres y Familiares de detenidos desaparecidos y algunos más. Porque los más, hummmmmmm, vaya. Ahora todos “son”, cuando uno sabe lo que “eran” casi todos. Sin ánimo de nada. Sólo, un aporte para el debate. Ah, y para que se sepa, Alicia también sufrió los embates de aquella dictadura: no le da chapa para que todo lo que escriba sea la verdad absoluta, pero no fue de las que se escondieron debajo de la cama o en anonimatos consecuentes.

  • A raíz de ciertos comentarios recibidos en este y otros foros, creo necesario hacer una aclaración: tanto en éste como en el otro artículo que escribí acerca del informe publicado por el diario Río Negro, mi cuestionamiento fue puntualmente hacia la visión parcializada, capciosa y mendaz de la firmante del artículo -Alicia Miller-, y en concordancia con ello la politica editorial de la empresa respecto a este tema, que mediante este informe sentó su posición de cara al próximo debate oral y público correspondiente a la segunda etapa del juicio a los genocidas.

    En tal sentido -y he aquí la aclaración necesaria- no me quedan dudas de la labor seria y comprometida de los/as trabajadores/as periodistas de ese diario, quienes dan la cara día a día, investigan y recorren las calles en busca de información, tal como lo hicieron en aquel entonces periodistas que jugaron su pellejo como Carlos Galván, Ricardo Villar, Osvaldo Ortiz, Beby Salto, y otros que seguro se me pasan por alto.

    Los que no lo hicieron, sin embargo, tampoco merecen ser calificados, sin más, de “colaboracionistas”. Nunca inferí siquiera que Miller pudiera estar a la par, por ejemplo, de ratas como Pedro Brodi, quien bajo su disfraz de “periodista” formó parte del Battalón 601. Desconozco el pasado de Alicia Miller y no tengo ninguna opinión al respecto, y tengo entendido que es una periodista respetada en el mundo de los medios de comunicación.

    Analizar la realidad en tonos blancos y negros no es recomendable. Hay grises que explican y ayudan a comprender. Si el Rio Negro (entiéndase: la política editorial, la empresa) “defendió” los Derechos Humanos en los setentas (algo que pondría en cuestión y relativizaría luego de revisar críticamente sus archivos) no significa ello que hoy los defienda. Su postura frente a hechos de torturas en la U11 denunciados por Zainuco ha demostrado que ello no es así. Y su apoyo a los juicios a los militares, a los altos mandos, no tiene necesariamente que ser la misma -ni va a ser, como lo demostró al publicar un informe de 8 páginas- frente al juicio a las segundas y terceras líneas, a las manos ejecutoras, a los policías rionegrinos, por ejemplo, que actuaron bajo la órbita de la Comisaría de Cipolletti.
    Pablo Scatizza

  • Yo opino una cosa no mas, porque en vez de quedarse estancados en esta historia, no digo q lo olviden pero si que empiezen a mirar un poco mas el presente y ver que vamos a terminar peor que en el 2001 gracias a la querida SRA presidenta CFK, que se las da tanto de gente de “derecha” y ella fue una “montonera” que mando al frente a sus propios compañeros… por favor vean quien es realmente esta hdp que tenemos gobernando y recuerden lo que estamos pasando antes de votar… Sigamos mirando que estamos pasando y recuerden esta realidad para tener memoria pero para votar

  • me gustaría saber qué hacia el autor de la nota durante la dictadura. era un subversivo o es uno mas de los que se dieron vuelta?

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