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El encuentro comenzó con la lectura de un texto sobre el asesinato de Natalia Gaitán titulado "Fusilada por lesbiana"

La psicóloga y psicoterapeuta, Susana Velázquez, describió las prácticas abusivas que pueden registrarse en una consulta médica.

La disertación de Velázquez fue en el contexto de la jornada de capacitación y debate: Violencias de género y “ginecoabusos”: pedagogías reparadoras en el reclamo de justicias no sexista, organizada por la Colectiva Feminista La Revuelta.

Allí se presentó, también, el primer informe sobre el servicio de asesoramiento legal “Socorro Violeta”.

Estos fueron algunos de los pasajes destacados de su discurso:

  • “Vamos a denominar abuso sexual en el consultorio privado o institucional- médico, psicológico, psicoterapéutico, odontológico, kinesiológico (…) a un involucramiento del profesional mediante acciones de connotación sexual, con o sin el consentimiento de la consultante”.
  • “¿Qué podemos considerar abuso sexual en el consultorio? Las siguientes acciones: avances sexuales basados en una relación asimétrica, con predominio de la relación poder-saber que constituye abuso ético y mental”. Algunas de estas acciones son: “contacto físico inadecuado: roces, acercamientos casuales, manoseo, caricias, pellizquitos, palmaditas en algún lugar del cuerpo de la mujer (…) revisaciones corporales que no son necesarias para ser el diágnostico por el que consultan (…) en cada caso de ser necesario tiene que anticiparle a la mujer que hará tal maniobra”.
  • “Estos avances sexuales constituyen abuso físico y mental de la mujer, por parte del médico, apoyado en su poder y la supuesta impunidad”. Posicionándola a ella en una situación de perturbación: “O sea, más vulnerable, desprotegida y subordinada al poder que el profesional ostenta. Mientras él saca ventajas de la situación abusiva, incurriendo en graves faltas éticas, la mujer pierde terreno. De esta forma se viola uno de los derechos humanos fundamentales: el derecho a un trato digno”.
  • “El impacto, la sorpresa que provoca estas actitudes, lo inesperado van a provocar desconcierto y angustia, la cual, generalmente, no puede ser controlada (…) Estos avances sexuales van a operar como estímulos traumatizantes. El hecho de que el profesional haya pasado los límites de lo que se espera en una consulta produce en la mujer un quiebre de lo que vino a buscar: seguridad, confianza e idoneidad”.
  • “El mayor conflicto se plantea cuando la mujer quiere poner en evidencia las conductas abusivas que no sólo le causan tensión y angustia sino que, fundamentalmente, plantean por un lado la frustración por la confianza que ella depositó en la figura del médico, y por otro, la confianza y el respeto que las personas en general sienten en relación también a la figura del médico”.

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