“El descontrol social”. “Las grietas institucionales”. “La gran estafa neoliberal”. “El terror de los desamparados”. “Las réplicas de la conciencia”. “Ni éramos tan bacanes, ni tan ricos, ni teníamos tanta cultura sísmica, ni éramos los jaguares de Latinoamérica, ni los ingleses de este lugar del mundo y estábamos solos…”. Es el clamor de algunos editorialistas chilenos, estremecidos de espanto y lacerados de indignación, contándonos algunas verdades sobre el terremoto que movió tal cantidad de masa, que alteró en 8 cm. el eje de la Tierra y acortó nuestros días terrestres en 1.26 microsegundos.
Por Jeannine Zambrano
El terremoto desnudó al Chile tercermundista, que no se exhibía en las cifras de superávit, el de los olvidados en los escombros de la pirámide social. El Chile de cascarón, de edificios mal construidos, rellenos de cartón e infladas promesas de confort. El de carreteras privatizadas que no dieron la talla antisísmica; de hospitales concesionados, que fisura a fisura exhibieron su apabullante inseguridad. El Chile descoordinado, de burócratas autómatas e instituciones incapaces de reaccionar y gestionar, de municipios ineptos, de una Armada que, desde la más obtusa y criminal ceguera, negó la posibilidad de tsunami, mientras miles de víctimas que huían de los cerros eran arrasadas por el agua. El Chile de un gobierno acorazado en su armadura de control y eficiencia, que intentó minimizar la tragedia negando la necesidad de ayuda y desestimando urgencias. El Chile de los pillajes, de los saqueos, del lumpen irracional al que la TV le vendió el apremio inaplazable de poseer un LCD bajo el brazo. El Chile de la dictadura, que en vez de compasión imparte toques de queda, tanques y fusiles empuñados por más de 12 mil militares dispuestos a calmar la hambruna, la desesperación y el dolor a punta de “orden” y “seguridad pública”.
“El terremoto desnudó al Chile de
cascarón, el de los olvidados
de la pirámide social…”
¿Qué lección les queda a los chilenos? ¿Y anosotr@s? La Madre Tierra ha gritado de dolor y de muerte. La magnitud de este terremoto corresponde a 1.333 veces la potencia de la bomba de Hiroshima: una liberación de energía, en unas cuantas decenas de segundos, equivalente a más de mil megatoneladas de TNT. Los mayas –y hasta la NASA se interesa ahora por ellos-, sabios astrónomos sensibles a la voz del Universo, vaticinaron hace miles de años un cambio en los polos magnéticos y un desplazamiento masivo de la corteza terrestre, con implicaciones energéticas de tal magnitud para el planeta y para nuestra vida, que provocaría, en última instancia, un cambio de conciencia planetaria… ¿Estamos abiert@s a ese cambio?
Que no perdamos de vista la sombra que emergió del Chile derruido. Que no abandonemos la oportunidad de reconstruir un nuevo pacto social y asumir que el desarrollo debe ir de la mano de todos esos valores que nos hablan de respeto e inclusión del Otro. Que no descuidemos el imperativo ético de los gobiernos, y también el de cada ciudadano y cada conciencia. Que volvamos una nueva mirada, cargada de lucidez y sensibilidad, a las entrañas de esa Tierra que nos brinda hogar y sustento, y que también nos pide cuidado y respeto. Que no vivamos de prestado nuestro paso por este tiempo
Jeannine: Exquisita tu escritura. Relevante, coherente, concisa y muy elegante. Por favor avisame si tienes otras notas. Me encantaria leerlas.
Cordialmente,
Sandra.