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Tomas Eloy Martínez
Tomas Eloy Martinez

Pasquini Durán, Eloy Martínez, Kimel. En apenas unas semanas, la Parca se llevó a tres grandes del periodismo argentino. Tres de esos pocos que se admira, tres de los comprometidos con el campo popular. Tres necesarios. Por Adrian Camerano (*)

Bien informado siempre, y con un estilo algo intrincado, aunque generalmente por demás claro en sus conceptos, Pasquini es por estos días recordado como un jefe exigente, solidario y malhumorado. Sus panoramas políticos semanales eran un clásico de Página 12, un Página que irrumpió a fin de los ´80 para romper los cánones hasta entonces conocidos en la gráfica nacional.

Un Página, vale decir, alejado del ultra oficialismo actual (aunque uno no deje de leerlo, y sigan allí Bayer, Gelman y Feinman). Un Página en el que Pasquini Durán siguió escribiendo hasta que su cuerpo dijo basta. También se fue Tomás Eloy Martínez, rango de grande, de “bronce”. Artesano en el uso de las palabras, en la construcción de la narración justa, en ese territorio fronterizo y esa separación que seguro no existe entre el periodismo y la literatura. Nadie mejor que él –Soriano, quizás- torna palpable esto que postula López Echagüe, acerca de que el periodismo es un genero literario.

En los clásicos artículos de despedida, algunos de los que lo conocieron coinciden en que “Lugar común la muerte” es su mejor obra, aunque vale consignar que tuvo valentías varias. Especialmente “La pasión según Trelew”, a apenas meses de la masacre, cuando retumbaban aún los tiros en la base Almirante Zar. Autor, además, de un histórico reportaje a Perón en Puerta de Hierro (a uno le sale Guardia de Hierro, debe ser que ya se trataba del líder que dio vía libre a los grupos de la derecha peronista), y de “El vuelo de la reina”, “La novela de Perón”, “Santa Evita” y tantos más. Icono de la Fundación Nuevo Periodismo que comanda García Márquez, catedrático en el exterior, reconocido acá y allá. Huelgan las palabras.

Y llegamos a Kimel. Quizás el menos “famoso” de los tres, autor de un imprescindible libro sobre la masacre de los Palotinos, el asesinato de seminaristas en el barrio de Belgrano durante el genocidio argentino. Kimel devela la trama de aquel episodio (el libro es medio inhallable, pero se puede ver en video la reciente “La Masacre de San Patricio”, basada en él) y es querellado por el juez de la causa y de la dictadura, al que critica en unos breves párrafos. Un juez de esos que sólo hablan por sus fallos, alejados del pueblo, encerrados en su lógica de tribunal. El asunto es que el calvario de Kimel -¿Justicia?- dura dos décadas. Veinte años que determinarán su vida, que la cambiarán de forma radical. Kimel suma solidaridades, el apoyo del CELS y otros, y obtiene fallos a favor y en contra en el ámbito local. Hasta que toma la decisión de recurrir a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que dicta una histórica condena al Estado Argentino. Se trata, nada menos, del fallo que dio sustento a la reciente despenalización no general del delito de calumnias e injurias, un avance superlativo en materia de Derechos Humanos y libertad de expresión. Un ejemplo, Kimel.

El año pasado, en un encuentro de periodistas organizado en el Foro de Periodismo Argentino, tuvo oportunidad de contar una vez más su derrotero judicial. Durante su didáctica intervención algunos no podían dejar de preguntar y acotar, y estaban también los pasmados por lo que relataba. Nadie desatento, nadie desinteresado; la verdad es que escucharlo daba escalofríos. Terminado su relato, un colega del Chaco le dio la mano y le descerrajó: “Estoy tocando a Kimel, es como tocar la historia”. No exageraba. Se trataba, empero, de un simple periodista sin otras ambiciones que hacer su trabajo lo mejor posible, con una sencillez, coherencia y entereza admirable. Algo que escasea en tiempos de nota rápida, teclado aporreado y textos pensados como mercancía de consumo. Los periodistas -hay que decirlo- le debemos mucho a Kimel, y no sólo por el avance en la normativa y en la jurisprudencia, sino fundamentalmente por su ejemplo de lucha. Pasquín Durán, Eloy Martínez, Kimel. Tres que por estos días se fueron. Ojalá que no siga esta racha, que maestros no sobran. Ojalá que estos tres para muchos sean ejemplo.

(*) Periodista y docente

www.surprofundoperiodismodeautor.blogspot.com

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