Sinceramiento

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¡Qué desgracia tener más de 50 años y memoria! Antes el sindicalismo luchaba contra la explotación del pueblo. Ahora, pide aumentos de tarifa.

Por Eduardo Marchetti

No puedo menos que celebrar que hoy vivamos en una época de absoluto sinceramiento de la condición humana, tanto en el accionar individual como en el colectivo. Pero quiero detenerme en ese último aspecto.

Me refiero a que hace unos treinta años, menos también, cuando un sector de la economía -producción, servicio, etc.- necesitaba de un ajuste en el esfuerzo del pueblo para su beneficio y esa apetencia coincidía en el tiempo con un reclamo del gremio del sector, se sospechaba que los sindicalistas alentaban, soto voce, una medida de fuerza empujados -o no- por la patronal para su provecho y lograr, por ejemplo, liberar precios si estaban fijos, aumentar tarifas, modificar aranceles de importación o exportación, etc., etc. Claro que si era algo más que una sospecha, es decir, si la estrategia patronal involucraba realmente al gremio -con su consentimiento- en la maniobra, podría hasta costarle el puesto al o los sindicalistas y, quizá, la vida.

Pero -por fortuna- todo eso ha quedado en el pasado. Hoy un sindicalista es mucho más sincero y no se ruboriza en absoluto si tiene que convocar a un paro o cualquier medida de fuerza para que el Estado -municipal, provincial o nacional- aumente, por ejemplo, las tarifas de consumo eléctrico, colectivos, taxis, remises y demás, porque su patronal dice que se está desfinanciando por la maldita “desactualización tarifaria”.

Es como si los empleados municipales o provinciales hicieran un paro total de actividades para que se aumenten las alícuotas de las tasas por servicios retributivos, automotores, cementerios, ganancias, inmobiliarios, ingresos brutos y demás, con tal de que le den un aumento salarial.

Qué desgracia tener más de cincuenta años y memoria. Ni hablar de la desgracia de los más jóvenes al leer la historia desde las distintas vertientes que nos suministran esa información del pasado. Porque sin memoria no tendría, amenazante, como una espada de Damocles, esa moral que me indica que algo no anda bien. Porque esa memoria me hace recordar que hace más de treinta años los referentes de nuestra militancia nos indicaban que los problemas de rentabilidad de una empresa del sector que sea -producción, servicios, etc.- era responsabilidad de la patronal.

(Sobisch debe ser un referente importante para esos gremialista de hoy cuando dice que los de ATE son responsables de la crisis financiera del Estado neuquino).

Ahora me pregunto si aquellos referentes, como Tosco, Salamanca, Torres y demás, no deliraban y todo su mensaje era parte de una patología mística.

Me lo interrogo porque miro a mi alrededor y no veo a ningún dirigente político, como por ejemplo de los que hace poco asumieron bancas, o sindical, como por ejemplo de los que hace poco reunieron a unos 10.000 muñecos en Neuquén para un acuerdo social, constituyente o algo parecido, reaccionando ante tanto “sinceramiento” por parte de UTA, LyF y vaya uno a saber quién más.

Por eso, dejo de mirar por la ventana del bar para evitar el eventual espejismo del paso de un cegetista neuquino con el FAL al hombro y sus combatientes detrás pidiendo que aumente la cuota de la televisión por cable e Internet, y sigo leyendo la historia del sindicalismo argentino.

Y cierro con esto: compañeros… váyanse al carajo!

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