Algunos datos sobre la tierra en Argentina

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Según la investigación coordinada por Walter Pengue “hoy, más que siempre, podemos afirmar que Argentina es un territorio de remate, en relación a la posibilidad que tienen los sectores capitalizados, del exterior y de nuestro mundo local, de apropiación de bienes ambientales hoy exclusivamente presentados como mercancía de cambio.

El primer recurso involucrado es el suelo, lo que conlleva cuestiones territoriales y de accesibilidad a otros recursos no menos importantes por encima y por debajo de éste, como el agua, la biodiversidad, minerales, petróleo u hasta el propio espacio vital.

(…) Los guarismos (faltos de sistematizar desde ningún organismo del Estado nacional –es decir, no sabemos, ni permitimos saber, en manos de “quién”, con nombre y apellido, está la tierra enArgentina-) de instituciones sociales, dan cuenta que prácticamente 17.000.000 de hectáreas están ya en manos de capitales foráneos, y que un doble de éstas estarían en venta u ofrecidas tanto aquí como en el extranjero (basta sólo recorrer las páginas de periódicos europeos o las numerosas páginas web de las inmobiliarias que ofrecen tierras en Argentina).

En todas las provincias es posible identificar la misma problemática: 500.000 hectáreas (ha) vendidas en Mendoza a capitales malayos y 800.000 más en posible venta, 40.000 ha en San Luis a grupos italianos en la zona del dique Las Carretas, 2.000.000 ha en venta en San Juan, 100.00 enajenadas a un grupo holandés en Catamarca, 1.400.000 más entre Formosa, Chaco y Corrientes, 130.000 en Santa Fe, 100.000 en Entre Ríos, 2.400.000 en Salta, 100.000 de bosques en Ushuaia y Tierra del fuego, 172.000 ha Misiones a grupos chilenos que se suman a las ya archicomentadas superficies compradas por grupos económicos como del de Benetton, Lewis, Tompkins Turner, Cresud (Soros), Nettis Impianti, Salentin, Thysen, los grupos Radici (italiano) o Liag (australiano) y tantos otros. Todas adquiridas bajo el resguardo legal de la normativa legal argentina actual y a los “precios del mercado” (aunque a veces los propios precios de compra, y venta posterior de los campos, alcanzan el estado de la ridiculez: se venden a centavos, y se revenden, a los pocos meses, a miles y miles de pesos).(…)

En las zonas de fronteras se han vendido tierras casi sin parar. Entre 1997 y 2004 (según datos de la propia Secretaría de Seguridad Interior, el único organismo del Estado que guarda algún registro, siquiera precario de las ventas) se vendieron a extranjeros 1.266.323 ha -entre sociedades y personas físicas- sólo en estas áreas tan sensibles de 50 a 150 kilómetros de ancho en el perímetro fronterizo de nuestro territorio.

(…) Una hectárea de suelo productivo “cuesta” en promedio en la Unión Europea alrededor de 15.000 a 25.000 dólares o unos 12.500 dólares en los EE.UU dependiendo de la zona, casi 20.000 en Nueva Zelanda, 238.000 en Japón. Mientras tanto en la Europa del Este, países como Polonia, Hungría, Bulgaria, República Checa o Eslovenia poseen extensas y buenas tierras agrícolas a valores que son prácticamente un 10 por ciento de estos precios. Sin embargo, estos países tienen prohibido, desde hace años, el acceso a extranjeros para su compra (Duna, 2002). Allí los extranjeros pueden arrendar tierra para producción pero no pueden adquirirla. Sólo lo hacen de forma restringida luego de 12 años de residencia.

A diferencia de países como Estados Unidos, Canadá o Gran Bretaña, la Argentina no cuida sus tierras y recursos naturales; hasta en naciones de la región, como Perú o México, se imponen condiciones excepcionales para que los extranjeros compren tierras. En México, los mexicanos por nacimiento o naturalización y las sociedades mexicanas tienen derecho para adquirir el dominio de las tierras, aguas y sus accesos, o para obtener concesiones de explotación de minas o aguas”. En Brasil, se fijan topes a los extranjeros: no se puede sobrepasar el 25% de la tierra de cada municipio. El Salvador no permite la compra de bienes raíces a extranjeros cuyos países no tengan iguales derechos con los salvadoreños. Canadá examina los proyectos de inversión a través de su Consejo de Ministros. En Estados Unidos, por ejemplo, en Indiana, rige una restricción para los extranjeros que no tienen intenciones de convertirse en ciudadanos naturalizados, pues no pueden conservar tierras de más de 150 hectáreas por más de cinco años. En Iowa, la “pampa” de los norteamericanos, no se les permite comprar tierras de usos agrícolas. En Missouri, deben vender todo en dos años si pierden el status de residentes.

Pero la cuestión de la tierra y su extranjerización es una parte si se quiere menor de un problema de un espacio desordenado y que tiene a la concentración, como la otra cara de este Jano territorial. ”

FUENTE: La apropiación y el saqueo de la naturaleza.Conflictos ecológicos distributivos en la Argentina del Bicentenario.Walter A. Pengue (compilador) 1ra.ed. Buenos Aires, Lugar Editorial, 2008.

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