Tony Qualizza es un sacerdote joven que trabaja en el oeste neuquino. Ve y sufre como muchos el fenómeno de los chicos violentos y la escalada represiva. En esta entrevista, pide aprender a interpretar a los chicos. Y dice que el clientelismo es la causa fundamental de la pérdida de valores.
Para Tony Qualizza la pregunta correcta no es en qué medida el clientelismo político tiene que ver con la pérdida de valores de la sociedad, sino cuánto no tuvo que ver. Dice que la policía ejerce la mano dura, pero que muchos vecinos la reclaman. Y asegura que los docentes hacen grandes esfuerzos para atender a estos chicos y chicas con problemas, pero que hacen falta profesionales para enfrentar estas situaciones.
En un diálogo mantenido hoy con el programa La Palangana, este “cura del oeste” analiza con pasión esta situación que –dice- no está siendo atendida por el propio Estado.
“Se vive mucho la violencia en este lugar. Es un fenómeno que se da en forma mas frecuente en estos tiempos, y no veo que el Estado esté haciendo nada por revertir esta situación”, dijo Qualizza. Sin embargo, desde su formación pastoral, consideró que antes que el Estado debería estar la familia. “Claro que el tema viene porque las mismas familias se encuentran en un estado de desatención, de precariedad, por la falta de trabajo, el clientelismo. Pero me parece que la primera contención que necesitan los pibes es la que se les podría dar en sus casas. Pero eso muchas veces no ocurre. Y a esto le sigue la desatención del propio Estado”, dijo.
Contención
Aseguró que los y las docentes hacen un trabajo de contención, pero que “a la hora de enfrentarse a estas situaciones se les quema los papeles. Les falta desde los recursos hasta la preparación. En algunos casos se necesitan profesionales: psicólogos, pedagogos. Muchos lo encarar desde el cariño, la buena onda, pero con las limitaciones del caso”.
Explicó que desde su tarea pastoral “a nosotros también se nos queman los papeles”, fundamentalmente porque “también a veces nos falta las herramientas necesarias para saber leer la realidad. Lo que vemos es el brote de violencia. Pero hay que saber interpretarlo. Qué tratan de decir los pibes con la violencia. Acá estamos. Nos queremos vengar por algo. Atiendannos. Hay que ver por qué viene la violencia.”, insistió
Contó que el salón del barrio Hipódromo fue desmantelado varias veces. “Queremos saber a qué se debe. Es un reclamo, un llamado da atención, un pedido de auxilio. Claro que nos da bronca, porque son cosas para los pibes y los adultos. Ellos se autodestruyen. Lo mismo pasa en las escuelas: se destruye lo que es de todo, y no ven que se destruyen las mismas herramientas que les pueden servir a ellos para estar mejor. Nos faltan los recursos. Los económicos, pero sobre todo los profesionales para ver qué quieren, qué piden”, sintetizó.
La droga
“No se dónde empiezan a borrarse los límites –dijo. Esta falta de códigos se viene dando desde hace un tiempo. Tal vez se acentuó últimamente. La violencia se vuelve en contra de ellos mismos, de sus amigos y vecinos. Para mi, el de la droga es un tema que descalabra mucho a los pibes. Ya sea por sus efectos o por lo que necesitan para conseguirla”.
El sacerdote dijo que –por ahora- no ha visto situaciones en la que los chicos roben a sus padres o madres para conseguir dinero para droga. “Acá no llegamos a eso pero no creo que estemos lejos. Este puede ser un tema que explica la falta de códigos: la necesidad de conseguir droga”.
Complicidad policial
En este aspecto, dijo que si bien no tiene pruebas para afirmarlo “la experiencia me dice que la policía no sólo llega a la hora de reprimir, sino que parece que tiene parte en el negocio. Si los vecinos comunes sabemos adónde se vende droga, no creo que haga falta una tarea tan grande de inteligencia policial para encontrar esos quiosquitos. Así que uno sospecha que detrás del mantenimiento de esos quiosquitos también esta la complicidad policial”.
Por otra parte, consideró que a veces son los mismos vecinos quienes piden mano dura. “Al mismo que le robaron tres o cuatro veces, pregunta cuándo viene la cana y los caga a palos. Se busca solucionar esto con represión cuando sabemos que las causas está en otro lado. Y trabajar sobre las causas implica trabajar decenios. Es un cambio cultural que no se soluciona con ningún plan trabajar ni nada por el estilo”.
- ¿Cree que el clientelismo político tiene algo que ver con esto?
- Es al revés: cuánto no tuvo que ver el clientelismo político. Gran parte de la falta de valores de hoy está en ese clientelismo, en la cultura del crédito fácil, a la prebenda política, y a darle dos mangos a la gente para luego tenerla agarrada de esos pequeños favores.