La Fiesta del Chivito y de la Dignidad Campesina

Pueblos Originarios

FOTO 2La quinta edición de la Fiesta Nacional del Chivito, la Danza y la Canción en Chos Malal, del 13 al 15 de noviembre pasado, no sólo mostró música, gastronomía y artesanías del lugar: tuvo un importante condimento político. Desde el escenario se criticó duramente las ediciones de la fiesta en tiempos del gobernador Sobisch; cantores y cantoras del norte neuquino dieron a conocer sus reclamos en versos y también desde los carteles en la cabalgata de inauguración.

Por Marcelo Pascuccio

Los campesinos y campesinas integrantes de la Mesa Campesina del Norte Neuquino e integrantes del CUN (Crianceros Unidos del Norte) llegaron a la fiesta nacional a caballo y mostrando carteles que reclaman por políticas de Estado que los incluya. Las consignas que en las fotos aquí se muestran no fueron difundidas por ningún medio gráfico de la región. “Mas trabajo en el campo, menos desocupación en la ciudad”, “Necesitamos recuperar los alojos de arreo cerrados”, “Sin crianceros no hay chivitos y sin chivitos no hay fiesta”,  ffueron algunas de las leyendas que mostraron las pancartas del campesinado de la zona.

Los reclamos, que también hicieron las Cantoras del Norte y Atilio Alarcón sobre el escenario, están dirigidos a los gobiernos que nada hacen para fortalecer la actividad que da sentido a la fiesta, la trashumancia.  Esta actividad ancestral de trasladar a los chivos a tierra fértil, tanto en las invernadas como en las veranadas, no es prioridad para el gobierno provincial.

Según Leandro Bertoya sólo se trata de una actividad de auto subsistencia. Tanto Bertoya como los funcionarios que lo antecedieron no comprenden que el trabajo de la crianza del chivito es, y ha sido siempre, la principal actividad económica del norte de la provincia. Tampoco comprenden que el chivo ya es patrimonio cultural y turístico de la zona y que abandonar a quienes sostienen a dicho patrimonio es atentar contra la economía e identidad del norte neuquino.

Sin embargo se insiste en importar actividades económicas que no sólo no tienen arraigo en la región sino que apenas beneficia a algunos pocos. La minería a cielo abierto y las bodegas del Chañar son el mejor ejemplo.

FOTO 1En la fiesta tampoco

El gobierno provincial no sólo esta ausente en cuanto a políticas de Estado para el sector, tampoco estuvo en la fiesta. El Municipio de Chos Malal se puso la fiesta al hombro con algo de apoyo del gobierno Nacional. El intendente Carlos Lator, sin embargo, agradeció a la vice gobernadora Ana Pechen por su apoyo personal a la fiesta. No hubo acompañamiento institucional del gobierno provincial y el más alto funcionario provincial presente en la inauguración fue Oscar Mansegosa, director de Turismo de la Provincia.

En cuanto a la fiesta en particular se está intentando volver a las raíces. Se ha privilegiado aquella música que el pueblo quiere escuchar porque es parte de su cultura, es así que las cantoras con sus cuecas y tonadas hacen bailar a los lugareños como muy pocos lo logran. La grilla de este año ha incluido mayormente músicos regionales a excepción de Liliana Herrero, Hugo Gimenez Agüero y René Inostroza. Inostroza es un cantante y músico campesino de Chile muy querido en la zona por interpretar la música que a todos les gusta en la región, de uno y el otro lado de la cordillera. Fue el último número de una larga noche del sábado. A tal punto era esperado su espectáculo por los miles presentes que quien lo antecedió, Marité Berbel, fue chiflada cuando decidió tocar más canciones de las que la gente quería escuchar.

Desde el escenario el conductor Antonio Rodríguez celebró el vuelco a los comienzos que tomó la fiesta recordando cuando hace poco quienes pagaban más, tenían platea y los que no, quedaban detrás separados por un alambrado. “No nos dejaban estar juntos, ahora podemos bailar todos juntos y entremezclados” dijo Rodríguez acompañado por un cerrado aplauso del publico.

Fueron tres días de reclamo, canto y baile. Con todos los detalles que quedan por ajustar la fiesta está volviendo a ser lo que en sus momentos fue, el festejo de la familia criancera por el año de producción. Cuando la actividad corre peligro al haber sido ignorada durante tantos años por los gobernantes, como no podía ser de otra manera, la fiesta se transforma en grito y canto de protesta. Porque no solo de trabajo y economía regional se trata, de lo que aquí se habla es de identidad y patrimonio cultural. Algo de lo que dice saber el partido de gobierno.

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