El diccionario del diablo

Pobre la palabra

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–Tengo un problema con las palabras, Don Loco. Creí que conocía a la mayoría, pero cada vez salen otras más difíciles. Mejor dicho, son las mismas pero son nuevas.

Por José Chiquito Moya

Mi amigo Alterego, inclinado sobre un cuaderno de tapas duras pirateado a su hijo de séptimo grado, seguía empeñado en su reciente descubrimiento respecto al avance de nuevas palabras.

–En realidad las palabras, en sí, no son nuevas, siempre estuvieron ahí –despliego mis conocimientos semánticos envueltos como para regalo.

–O sea en el diccionario –atornilla Alterego.

– Si y no –prosigo – me refiero al “ahí” del conocimiento popular. Quiero decir que depende del uso que le demos. No sacamos palabras nuevas como si tuviéramos una máquina para fabricarlas. Simplemente las desempolvamos si estaban en desuso.

–Desempolvamos –rumiaba mi amigo cada vez más curvado sobre la mesa.

–¿Qué palabra lo tiene a mal traer? –trataba de darle a mi voz un tono no muy pedante, pero estaba fracasando.

–Las que nos tira la televisión. –ladró, recuperando los noventa grados de su espalda.

Tengo que reconocer que logró impactarme. Mi reacción corporal fue ponerme a cubierto del aparato de TV en blanco y negro que Alterego tiene en un rincón de la cocina. Casi me tiro cuerpo a tierra. Pero rápidamente entré en razones.

–No entiendo, la tele no tira palabras. A lo sumo pondrá de moda algunas, como los yogures, los coches de lujo o algunos perfumes. Es normal en un sistema de venta de mercancías. –cuando me escuché este último giro una luz roja parpadeó en mi cabeza. Pero como es sabido no conviene demostrar dudas frente al alumno.– pero vayamos a un ejemplo. –coroné didáctico. ¿A ver?

–Acá tengo una lista, y conste que es del último tiempo no más. – amenazaba con abrir el cuaderno, no se decidía y finalmente con un resoplido lo hizo. No pude no asomarme tratando de leer sobre su hombro.

Parecía una lista de las que hacen las señoras cuando se preparan para ir al supermercado. Decía:

campo

medios

mordaza

caos

consenso

malas palabras

pobreza

violencia

constitucional

piquetes

clientelismo

No quise preguntarle pero era probable que esa lista viniera de antes. Y para adelante tenía varias hojas en blanco que esperaban pacientes. Tuve que decir:

–No parecen palabras nuevas. Más bien son viejas palabras. Y sí, han estado sonando más que otras, últimamente. Pero…el contexto…

–Tengo en paralelo las fechas en que los noticieros las pusieron al aire. Y otra lista de la cantidad de veces que cada una fue repetida. Al final me parece que se transforman, que ya no dicen lo mismo. Que son nuevas palabras. –cerró el cuaderno con estrépito y se me quedó mirando – como que nos robaron lo que decían las viejas. Yo digo: ¿qué derecho tienen?

La pregunta la hizo en voz baja, con tristeza o resignación. En cualquier momento se me volvía a encorvar sobre la mesa. Alterego esperaba algo de mí, además de una cátedra sobre la parte lingüística de la cosa. Y me pareció bien. Aunque sentí celos por no ser el autor del hallazgo. Me senté a su lado pasándole un brazo por el hombro.

–Alterego, amigo mío, le propongo hacer un ejercicio a modo de exorcismo.

–Meta.

–El medio dice que el campo descubrió que la pobreza es una mala palabra, violenta pero constitucional.

–Clarito como el agua, compadre.

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