El tiempo y los tiempos

Digo lo que siento

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El gobierno quiere que la gente que hace diez o veinte años que espera una vivienda, siga haciéndolo. Pero prevé soluciones sólo para la mitad de la demanda real. La solución: una política de desalojo y represión más efectiva que la política de viviendas.

El desalojo de las 127 hectáreas de Neuquén capital debe leerse como un eslabón más en esta cadena de medidas que tomó el gobierno de la provincia en contra de quienes se revelan contra el sistema de abandono, marginación y control construido por el MPN durante más de 40 años.

Las declaraciones del ingeniero agrónomo Guillermo Pellini (quien está a cargo de un área afín a sus conocimientos: la secretaría de Seguridad de la Provincia) durante la entrevista que le realizó el periodista Marcelo Pérez Lizaso en la FM Universidad Calf, desnudaron el pensamiento tan vivo como primitivo de este hombre que –debemos asumir- representa el del gobierno de Jorge Sapag.

“Entendemos que no se puede invadir tierra privada o tierra aún del Estado, que es un poco la de todos, porque son espacios públicos, para resolver un problema hacemos justicia por mano propia y no estamos dispuestos a esperar los tiempos”, señaló el funcionario.

Haciendo una interpretación tan libre como intencionada de estas declaraciones, podríamos deducir que:

–          El Estado tiene tierras

–          Hay un problema –la falta de viviendas-

–          Tener una tierra es un acto de justicia

–          La gente no está dispuesta a esperar “los tiempos”, aún cuando no exista una definición clara de a cuánto equivale “un tiempo”, y muchos menos, cuánto tardan “los tiempos”.

Voy a recordar algunos datos de mi colega Marcelo Pascuccio, en una nota que se publicó en el periódico de papel 8300 en setiembre de 2008, que se llamaba “El engaño de la casa propia”.

“Jorge Sapag -en campaña- habló de reorganizar el IPVU, de implementar planes de viviendas con criterios de distribución y adjudicación justa. También prometió crear un Banco de Datos Familiares y de Tierras Disponibles para viviendas”. Material pendiente.

“La oposición al MPN en Neuquén capital tuvo como eje de campaña la falta de vivienda y no faltó el candidato que llegó a empadronar vecinos prometiendo el futuro acceso a casas dignas. Ya resuelta la interna, Martín Farizano habló de urbanizar la meseta, crear el Instituto Autárquico Municipal de Viviendas y construir 10.000 en 3 o 4 años”. Pasaron dos. Falta poco.

En setiembre de 2008, Sapag habló con la radio Universidad y dijo que se construirían 5.000 casas en tres años con fondos de nación y que la provincia sólo aportará con el Plan de Mejoramientos Barriales y en un futuro servicios a loteos. Cric-cric.

¿Cuánta gente necesita vivienda? Según el mismo artículo, a comienzo de 2008 “la ADUS había 26.000 personas anotadas esperando aquel día en que el gobierno provincial se digne a empezar a construir casas. Pero el titular de la agencia, Herminio Cesar Balda, nos desayunó con que la realidad es mucho mas grave. Reconoció que el déficit en Neuquén es de 40.000 viviendas. Si tenemos en cuenta que se construirán solamente 5.000 en tres años, es muy posible que apenas cubra el aumento de la demanda de ese período de tiempo y el déficit siga siendo el mismo”.

Y la nota agregaba algo mas: “Habrá que tener en cuenta que las familias sin techo, que ya están cansadas de esperar viviendo hacinadas o en frágiles casillas, difícilmente puedan aguantar mucho tiempo más”.

Los datos que el mismo informe señalaba tomando como fuente la Defensoría del Pueblo de Neuquén, era que el 57% de los habitantes de la ciudad no tiene techo propio. “De ese 57% de la población solo el 25% puede alquilar, del resto, el 23% vive en casa de los padres y el 9% vive en casillas precarias en tomas y mayormente sin servicios”.

Desde esto, pasó un año y dos meses. Ahora viene diciembre, el verano, y llegamos al año y medio sin gloria pero con pena. Esto, en la escala de medición del tiempo del agrónomo Pellini, ¿será “un tiempo” o “los tiempos”?

Les doy un dato mas grave aun: el 2 de noviembre, en un acto oficial, el gobernador Sapag bajó por decreto el déficit. “En los dos primeros años de la gestión comenzamos a dar una solución para 6.600 nuevos propietarios. Son casas ya entregadas y en ejecución”, subrayó el gobernador durante el discurso en el que recordó que son cerca de 18.000 la casas que dan forma al déficit habitacional”, dijo en declaraciones que reprodujo el diario Río Negro. Este acto, fue en la entrega de 50 viviendas de un plan para policías.

A esto, el gobierno lo llama “demanda social asentada de manera oficial”. Quiere decir que más de la mitad de los que hoy no tienen vivienda, ni terreno ni nada, pueden ir olvidándose de la casa. No están en los papeles, ni en los planes, ni en la mente de quienes nos gobiernan hoy.

Cuando decimos que la gente no está dispuesta a esperar, deberíamos decir: no está dispuesta a esperar MAS. No puede esperar mas.

El periodista Martín Caparrós había propuesto –en medio de un extenso conflicto educativo el año pasado- que todos y todas las funcionarias públicas enviaran a sus hijos e hijas a escuelas públicas. Nosotros, alguna vez, hicimos sin querer una propuesta similar, que consistía en que todos los funcionarios y funcionarias, desde Sapag, pasando por Alicia Comelli hasta todos y cada uno de los asesores de Bertoya, se atendieran en el hospital público.

Ahora, la propuesta que traemos es que todos y todas los dirigentes, se vayan a vivir a una casilla con sus padres e hijos. Abuelos, abuelas, padres, madres, hijos e hijas –con sus novios algunas o embarazadas- en una casilla. ¿Cuánto tiempo? Hasta que el gobierno les entregue una vivienda. Si es que figuran en las cifras de demanda, claro.

Sobre el final de la entrevista con Marcelo Pérez Lizaso, el agrónomo Pellini mostró su sorpresa por los hechos posteriores al desalojo de la toma, contra la comisaría 41 del Don Bosco. Explicó que en los 40 años que lleva viviendo en Neuquén “jamás había visto semejante organización y semejante agresividad en un intento por copar una comisaría. Esto me hace recordar a las viejas épocas. Sabemos a qué me estoy refiriendo, donde se tomaban instituciones de la sociedad, que en definitiva la policía no es más que una institución de la sociedad, que todos necesitamos para que nos proteja”.

40 años. Es un período al que podríamos denominar “un tiempo”. Un período claro, mensurable. Un período que coincide –oh casualidad- con los años que el MPN lleva gobernando esta provincia. Un período en el que la práctica política se convirtió en clientelar, y a la pobreza en la herramienta fundamental de la perpetuación del partido.

40 años son –además- una generación. Una generación entera. Por eso, lo que organiza a esta gente es la bronca, la indignación, la impotencia. Tanto contra la policía como en contra de los gobiernos que no cumplen con su deber sin que Dios, ni la Patria, ni la justicia neuquina se lo demande. Lo contrario, Pellini, sería realmente para sorprenderse.

One thought on “El tiempo y los tiempos

  • Grande, maestro. Colijo, sin buscar mucho, que el libro que el gobernador JAS le recomendó al memorioso Pellini fue “Consejos para futuros gobernantes”, de César Bruto. En particular, el capítulo titulado No dar nunca el caramelo…

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