El juez del triple crimen se aparta de la causa 12 años después y sin resultados

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Pablo Iribarren, el juez que impuso la teoría de los marginales y que nunca logró demostrar quién mató a las adolescentes, dejó la causa del triple crimen de Cipolletti impune, sin gloria pero con una profunda pena.

Doce años de investigación no le bastaron al juez de instrucción de General Roca, Pablo Iribarren, para determinar quién fue el que secuestró, torturó y mató a Verónica Villar y a las hermanas María Emilia y Paula González.

Durante una sinuosa investigación judicial, el magistrado llegó a apoyar la teoría de los marginales como autores materiales del secuestro y muerte de las chicas. Esa hipótesis le sirvió para procesar a Hilario Sepúlveda y Horacio Huenchumir, dos hombres pobres que forman parte del elenco de “los sospechosos de siempre” de la ciudad.

Cuando esa fórmula cayó, Iribarren se quedó sin pistas firmes y  la causa empezó a naufragar hasta la aparición de un mitómano: Claudio Kielmasz, quien aportó nada menos que el arma con el que mataron a las hermanas González.

Pero ni todas las pruebas que el juez logró recabar sirvieron para determinar concretamente cuál fue el papel de este hombre en la causa. Fue a juicio por el crimen, pero terminó condenado sólo por el secuestro.

Hubo una segunda persona: Guillermo González Pino, un vendedor de autos que terminó increíblemente involucrado en la causa, inexplicablemente condenado (también por el secuestro) y finalmente desvinculado de la causa por el Superior Tribunal de Justicia de Río Negro.

Es decir que Kielmasz es el único que sabe lo que pasó, pero sus múltiples y contradictorios relatos sobre el crimen, terminaron convirtiéndolo en una fuente poco confiable.

Terminado el juicio, Iribarren quedó a cargo de la llamada “causa residual”, en la que en realidad se debería intentar determinar quién, por qué,  y cómo mataron a las chicas. Lo único que se sabe es que las tres desaparecieron el 9 de noviembre a las 19. Y que sus cuerpos aparecieron dos días después en un descampado, cerca de las vías del tren, a pocos metros de donde fueron vistas por última vez, muertas.

Hubo una comisión investigadora formada por diputados de la provincia de Río Negro sentenciaron que la hubo graves “errores y horrores” cometidos por el juez y el fiscal de esa causa, los peritos y la policía.

Femicidios

El crimen de Verónica Villar y de las hermanas González fue el primero de una serie de asesinatos contra mujeres ocurridos en Cipolletti, una ciudad que hasta entonces se promocionaba como tranquila. La mayoría de estos crímenes siguen impunes. Nunca el Poder Judicial de Río Negro atinó a vincular estos crímenes como para elaborar una estrategia de abordaje diferente. Como por ejemplo, desde una perspectiva de crímenes de género.

Janet Opazo fue asesinada el 26 de junio de 1993 mientras se dirigía a su casa del barrio Labraña de Cipolletti, uno de los mas pobres de la ciudad. Caminaba junto a su amiga Claudina Kilapi cuando sorpresivamente un hombre salió de entre la alameda y le disparó a ambas en la cara. El novio de Opazo fue responsabilizado por el crimen. Años mas tarde, la responsabilidad recayó sobre Claudio Kielmasz, por entonces sospechado como autor del primer triple crimen de Cipolletti. Las pericias de la policía Federal, de Río Negro y de Neuquén fueron tan contradictorias, que finalmente la justicia lo sobreseyó de la causa. Luego fue involucrado nuevamente, juzgado en setiembre de 2006 y sobreseído. El crimen aun sigue impune.

El crimen de Daniela Calfupán (14) ocurrió entra la noche del 31 de diciembre de 1994 y el 2 de enero de 1995, cuando su cadáver fue hallado semienterrado en un descampado cercano a Cipolletti. Había salido de su casa en las vísperas del año nuevo para salud a una amiga. Estuvo con ella hasta pasadas las 9 de la noche. Salió con destino a su casa y desapareció. El caso llegó a juicio oral, donde se declaró inocente a los tres imputados por el hecho. Desde entonces, nada mas se sabe.

Ana Zerdán era bioquímica. Fue asesinada el 18 de septiembre de 1999. Después de atarla y amordazarla, la golpearon salvajemente. Murió por causa de los golpes recibido con un tubo de oxígeno en la cabeza. Hace un mes detuvieron a su ex pareja Juan Carlos Aguirre y a un hijo de éste, Juan Manuel. A los pocos días ambos fueron dejados en libertad por falta de mérito. La decisión de la cámara criminal primera de General Roca, fue cuestionada por los familiares de la profesional y otros 3500 vecinos, que piden que su actitud sea analizada por el Consejo de la Magistratura.

Pero la causa volvió sobre sus pasos y los Aguirre fueron nuevamente imputados y juzgados desde el 6 de febrero hasta finales de mayo de 2008.  La Cámara Criminal Segunda de Cipolletti absolvió a Juan Carlos Aguirre y a su hijo.

En 2001 la víctima fue Diana del Frari. El 14 de agosto de ese año apareció muerta en su consultorio de kinesióloga, en pleno centro de Cipolletti. La golpearon brutalmente y murió apuñalada por el mismo agresor. Las pericias demostraron que luchó hasta el último momento. Peritos de la Gendarmería Nacional lograron identificar unas huellas digitales halladas en el laboratorio. Eran de Enzo Pérez, un plomero que había sido apresado en el 2002 cuando atacaba a una odontóloga y a su hija de 15 años en un barrio residencial de Cipolletti. Pérez estaba muerto cuando identificaron sus huellas. Fue asesinado en la Alcaidía de General Roca. No hay detenidos por este crimen. Hay una persona prófuga, con pedido de captura librado el año pasado por la justicia. Su responsabilidad en el crimen podría ser la de encubridor.

La muerte de Elvira Abaca sigue impune. Fue una de las víctimas de los disturbios ocurridos en todo el país el 19 y 20 de diciembre del 2001, que terminaron con el gobierno de Fernando de la Rúa. Elvira escuchó por la radio que habían manifestaciones y represión en distintos puntos de Cipolletti. Temerosa, fue a buscar a su hija, que tenía un puesto de artesanías en una plaza de la ciudad. Llegó al lugar, econtró a su hija, y ambas salieron corriendo junto a otras personas, huyendo de la embestida policial. De pronto Elvira cayó al piso. Murió camino al hospital. La justicia nunca logró identificar quién disparó el arma que le quitó la vida.

El 23 de mayo del 2002, un hombre ingresó al laboratorio de análisis clínicos ubicado en pleno centro de Cipolletti. En menos de media hora, asesinó brutalmente a la bioquímica Mónica García, a la psicóloga Carmen Marcovecchio y a una paciente suya,  Alejandra Carbajales. También hirió gravemente a Ketty de Bilbao (77), quien ingresó a último momento al lugar. Luego de apuñalarlas, las roció con ácido. La Gendarmería Nacional logró identificar las huellas digitales de David Sandoval, un hombre que había sido paciente de la psicóloga cuando estuvo detenido en un instituto de menores. Sandoval fue juzgado como único autor del crimen, y finalmente absuelto. Pero la causa volvió atrás: el Superior Tribunal de Justicia anuló el fallo y ordenó juzgar nuevamente a Sandoval, quien –finalmente- fue condenado.

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