“Si no lo hace el gobierno, hagámoslo nosotros, que somos el Estado”

GUÍA COOPES

Estudiantes del secundario nocturno que funciona en el Cpem 64, reunieron dinero para comprar cerámico para la escuela Nuestra Señora de la Guardia, que funciona en el Oeste neuquino. Esto fue parte de un proyecto escolar de último año.
Por Ileana Pérez.

Son estudiantes del nocturno que funciona en el Cpem 64. Están en 3° año, el último. El proyecto de último año de una materia social, consistía en buscar una problemática, investigarla, y proyectar algo para intentar disminuir este problema.

Ellos eligieron ayudar a mejorar el establecimiento de la escuela Nuestra Señora de la Guardia, ubicada en Crouzeilles 2300, comprando cerámicos para poner piso a cuatro aulas que igual funcionaban.

Además de este proyecto, hay muchos otros que también se están poniendo en práctica, como campañas para concientizar sobre los cánceres de mama de útero, prevención contra la violencia familiar y de género; Campañas de Salud y alimentación, entre otros.

Por profesores conocidos, y personas allegadas a la escuela, cuatro estudiantes llegaron al secundario ubicado en el barrio Hipódromo en busca de un proyecto; sin conocer bien la zona, hablaron con el cuerpo docente, hicieron un recorrido del colegio en busca de alguna carencia para solucionar. Se encontraron con una escuela secundaria que no contaba con las mejores condiciones edilicias, pero que sí tenía profesores capacitados para trabajar en ese ámbito y chicos que estudiaban y trabajaban para la escuela.

A través de múltiples trabajos para recaudar dinero, juntaron cerca de 15 mil pesos que utilizaron para comprar cerámicos y los materiales necesarios para colocar el piso a las aulas de la escuela.

En el colegio hay cuatro talleres, de los que surge emprendimiento mantenidos por los mismos alumnos, con aprendizaje para la inserción en el mundo laboral. Se plantean dentro del plan de estudio materias relacionadas con Economía Social, y trabajo cooperativo. El objetivo es que disminuya la cantidad de deserción de jóvenes. La propuesta es que estudien y aprendan labores que los ayudarán superarse.

El 30 de septiembre, a la mañana, llegaron desde el Cpem 64 en una camioneta con la primera tanda de cerámicos. Habían conseguido reunir el dinero y comprar todo. En la Guardia, había chicos que sabían de este proyecto, y otros que no. Todos sintieron muchísima alegría. Los chicos estaban emocionados y entusiasmados, y ayudaron entre todos a bajar los pisos.

Los alumnos no estaban todos en los salones, la jornada en la Guardia es diferente, con mucho movimiento en los pasillos, pero trabajando. En la escuela, muchos adolescentes participan de programas especiales de inclusión escolar, de adolescentes embarazadas y niños con problemas familiares importantes.  “Resultó interesante ver como en la escuela, eran contenidos, y se sentían parte de algo bueno, en lo que no renegaban en trabajar. Que creciera la escuela, era crecer ellos mismos”, dice Elsa Achares, una de las estudiantes que participó de este proyecto.

En este marco, con esta historia, y con muchas ideas en la cabeza, tomaron una de las necesidades, que ellos creían era la más alcanzable, y se propusieron el 30 de septiembre entregar todos los cerámicos a los chicos y chicas.

Vendieron empanadas, pollos, pizzas, canelones; hicieron rifas y un pequeño kiosco en su escuela. Fueron muchos días de trabajo, fuera del horario escolar, después de trabajar y estar con sus familias, los chicos se juntaban y pensaban que sería lo próximo que harían.

Se encontraron con mucha gente que no los apoyaba, que no quería colaborar, vieron las dificultades que tenía proponerse juntar dinero, y aunque “muchas veces pensamos que no íbamos a llegar –dice Fani Salas, otra de las chicas del proyecto– seguimos igual”.

“Nosotros elegimos la escuela porque vimos que no estaba con las condiciones necesarias, y sin embargo, los chicos trabajaban y estudiaban, independientemente de lo que tenían”, expresó Julio Nanni, otro de las estudiantes del Cpem 64.

“Las cosas no las tenemos que esperar de arriba, hay que trabajar por lo que uno necesita. Por que el gobierno no hace todo lo que debería hacer, y el Estado somos nosotros, entonces no hay que quedarse cruzado de brazos”, añadió.

Entre estudiantes, de diferentes edades y diferentes ámbitos, compartieron un momento emotivo y significativo, que culminó con una conclusión: “No existe nada más solidario que ayudar sin esperar nada. Colaborar con quienes lo necesitan, aún si no nos corresponde. No hay que quedarse esperando, porque nunca se sabe si nuestro gobierno va a cumplir. Tenemos que pelear por nosotros mismo, y ayudar a los demás”.

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