“Debemos retomar el control de la producción de alimentos”

Movimientos sociales, SECCIONES

Fernando Glenza –docente de la Cátedra Libre de Sobernía Alimentaria- habló de la necesidad de volver a tener el control de la producción y distribución de alimentos. Dijo que en Europa no hay cultivos transgénicos. Y advirtió sobre los riesgos de la soja en Patagonia.

En una entrevista especial para el programa La Palangana (Radio UNC-Calf fm 103.7), el profesor Fernando Glenza, integrante de la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria de la Universidad Nacional de La Plata, habló de la necesidad de que la Argentina recupere el control en la producción y distribución de alimentos.

Dijo que el mercado está dominado por cinco grandes empresas, y que se están destruyendo culturas enteras de productores que no pueden mantener el ritmo de un cultivo sumamente caro.

En diálogo con el periodista Marcelo Pascuccio esta mañana, Glenza explicó los riesgos que ocasiona el monocultivo de soja, y advirtió sobre lo que puede significar su llegada a la Patagonia. Aquí, la entrevista completa.

¿Qué es soberanía alimentaria?

Es un concepto que se viene tratando hace poco, construido por movimientos sociales, fundamentalmente campesinos, en todo el mundo. Se largó durante el día mundial de la alimentación en 1996, declarado por la FAO. El movimiento campesino es el movimiento social más grande del mundo. El movimiento de trabajadores rurales sin tierra de Brasil son 4 millones de campesinos organizados. Los productores de arroz del sudeste asiático, las organizaciones campesinas de África. Ellos llevaron el concepto a una instancia superadora del que maneja la FAO que habla de seguridad alimentaria.

Es un concepto limitado, porque se puede entender que los alimentos sean sanos, que no tengan contaminación, o que si hay seguridad en una comunidad, hay que asegurar la cantidad de calorías mínimas para que ese pueblo pueda sobrevivir. Es decir es un término que remite mas a la ayuda humanitaria como en el caso de Haití, que es el país mas pobre de América. Las políticas implementadas allí o en África, hicieron que esas naciones pierdan su soberanía.

¿Qué es la soberanía? Que los pueblos puedan decidir qué producir, cómo, cuándo y cuánto. Retomar el control de la producción alimentaria que se viene perdiendo porque se viene concentrando en pocas manos la producción de alimentos, las semillas.

Tenemos un montón de consumidores, un montón de productores, y en el medio –como en un reloj de arena- cinco trasnacionales que producen semillas, cinco cadenas de distribución (Wall Mart, Carrefur), cinco empresas que concentran los alimentos elaborados y envasados. Lo que se busca con la soberanía alimentaria es volver a tener este poder de decisión sobre nuestras producciones y distribución.  Es paradójico que en argentina tengamos hambre.

¿Cómo analizan el proceso de sojización en Argentina?

Todos los movimientos que apoyan la soberanía están en contra de la sojización. Primero porque es un monocultivo y como tal, genera problemas. Conocemos más de una historia de pueblos sometidos a los vaivenes de los precios internacionales como pasa aquí con la soja.

Pero además, es destructor de la diversidad de culturas. Es increíble que se quiera alfombrar todo el territorio nacional con soja, rompiendo diversidades, culturas, prácticas de las personas. Esto lo vemos en el norte, en el sur del país, donde han desaparecido las chacras, con productores medianos que tenían la vaquita, su campito con maíz, girasol, frutales. Iba rotando la producción, y teníamos una agricultura sustentable porque no se dependía de insumos. Lo que aplicamos ahora con la soja y otros transgénicos, es una agricultura isumodependiente.

Tenemos que comprar la semilla a Monsanto. Y la semilla es resistente a un herbicida que lo produce la misma empresa que produce la semilla. Tenemos que cambiar las maquinarias para la siembra directa. Y estamos a merced de los presos internacionales.

Se tiran grandes cantidades de herbicidas como nunca se tiró. Y es una producción que requiere cada vez más dinero. Comprar una maquina para siembra directa requiere mucho territorio, el pequeño no lo puede comprar, no le resulta rentable la producción, entonces alquila, se va, y se pierde toda su cultura. Esto es una migración que comenzó en los 40 pero se intensificó en los últimos, cuando toda esta gente se fue del campo para engrosar los cordones de pobreza.

Por eso lo que se propone con la soberanía alimentaria viene a plantear un cambio del modelo agrario. Para lo cual deberá proteger sus semillas para poder enfrentar este avance de los cinco semilleros del mundo

¿Para eso fundamental tener bancos de semillas?

Todos los pequeños agricultores y pueblos originarios, tienen un banco vivo de semillas. Se calcula que la mayor variedad de semillas las tienen los campesinos sin tierra, los agricultores en general y los pueblos originarios. Las grandes empresas trabajan con cuatro o cinco semillas.

En agosto pasado Neuquén firmó un convenio de cooperación con Aapresid para estudios locales. Sabemos que Aapresid recibe colaboración de Monsanto.

Es una organización largamente conocida. En 2001 y  2002 impulsó la soja solidaria en la catástrofe del país. Ellos hacían que los productores de soja donaban el 1 por mil de su producción para alimentar a los hambreados en argentina. Ahí fue donde nace la Cátedra de Soberanía Alimentaria, y nos encontramos que en esto había una trampa.

De que nosotros no éramos consumidores de soja y aparte con una publicidad muy engañosa porque se comparaba la mal llamada leche de soja con la de la vaca. Pero la leche es producto de las glándulas mamarias, por lo tanto tendrían que haberla llamado jugo de soja.

Y si uno les daba eso a los chicos pobres los desnutría aun más, porque no tiene los nutrientes necesarios para alimentar como corresponde. Bueno, la cosa es que se instaló a través de organizaciones como Cáritas, el Rotary, vacas mecánicas que no son más que prensas del grano de soja que hacía jugo de soja. E insisten con este tipo de ayuda que tienen para nosotros una función de que la soja tenga buena prensa.

Hay muchos empresarios sojeros que opinan que el cambio climático los va a beneficiar y que se va a poder plantar soja en la Patagonia. Ya hay campos de prueba en la Patagonia, que resistan la falta de agua. Parece que se corren las isobaras y las isotermas hacia el sur, y el calentamiento beneficiaría a la producción de soja. Lo que nos parece una locura, porque el calentamiento requiere desmontar fundamentalmente, y esto rompe el ciclo del clima que cambiará todo. En el Chaco y Santiago del Estero ya no llueve. Las vacas ni siquiera dan leche. Es un problema a escala global con los desmontes de Argentina, Paraguay, Brasil.

Lo paradójico es que en Europa, de donde vienen estas empresas, no hay cultivos transgénicos. Ellos están descontaminando y trasladan el problema a nuestros países. Lo mismo hacen con la minería a cielo abierto. Ellos lo prohíben. Por eso les recomendaría a los de Aapresid que se den una vuelta por Europa para ver qué hacen y qué no hacen allá.

Entrevista completa Fernando Glenza – La Palangana – FM 103,7

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