La tierra para quien la propala

Pobre la palabra

pobre-la-palabraLo siento. El tema de la tierra se me metió en la cabeza y no me lo puedo sacar. Disculpen, entonces por el exabrupto que sigue. Que, como el audaz lector podrá fácilmente percibir, encima, llega retarde. Basta de vueltas, tema de la semana: Tierra Nueva. Mejor dicho, no la tierra en sí ni tampoco la novedad anunciada, sino el anuncio como tal. Las famosas palabras, la consigna, la sentencia, el spot publicitario o como la posteridad prefiera llamarla si la querrá llamar de alguna manera.

Por José Chiquito Moya


El asunto es por dónde podemos empezar a tomar la cosa, que sería más fácil si viniera con manijas. Probemos un primer acercamiento, el ontológico: la cosa “tierra”. ¿Se refiere al planeta Tierra? Difícil. ¿Se refiere al pedazo de tierra que administrativamente llamamos país? Frío. ¿Tal vez al que llamamos Provincia? Tibio. ¿Pero en ese caso no hubiese correspondido hablar de Provincia Nueva? ¿Qué, muy obvio? Tal vez, pero sigue sin cerrar. Sigamos avanzando: ¿si ese pedazo de tierra coincidiría con el de la Provincia, pero que no le podemos llamar provincia, por qué debería ser? Hipótesis uno: por que se trataría de una tierra a la que no podrían aplicarse las leyes que supuestamente rigen en aquella entidad estatal. Hipótesis dos: por que consideramos esa tierra en el mismo sentido en que uno dice: tengo un terreno en tal lado, o ¡Qué caro que está esa tierra! O sea en el sentido de la propiedad. Hipótesis tres: por que antes no existía, se descubrió ahora, antes era una no-tierra.

Lo que precipita la cuestión de la calidad, lo nuevo de esa tierra. Veamos.

¿Dónde estaba antes? O sea ¿cual era la vieja tierra? ¿Era la tierra que erosionaron los glaciares en su retroceso? Difícil. ¿La que habitaron por siglos gente que no venía de Europa? Mmmmtampoco. ¿La de después del Gral. Roca y sus muchachos? Cada vez más cerca. ¡Juguémonos: la que estaba ayer nomás, en manos de otra administración política, que de tan pecaminosa ni siquiera podemos recordar su nombre! Bueno, es un decir, recordar claro que la recordamos, es más, todavía la sufrimos.

O sea que lo de nueva, viene a ser el aporte sustancial. Y lo sería sólo en su calidad política, siempre y cuándo consideremos generosamente que el hecho de seguir perteneciendo a una administración de cuarenta y pico de años puede  ser considerada nuevo.

¿Y para qué serviría toda esta disquisición, además de para sacármela de la cabeza? Para practicar un ejercicio dialéctico. Cada vez que Ud. escuche que a tal o cual comunidad mapuce le están sacando la tierra, no se lo vaya a creer del todo. Es que este gobierno (y los socios-parientes de este gobierno) se refieren a esa NUEVA TIERRA ¡Nada que ver con la vieja! Cada vez que Ud. escuche que en tal o cual lugar de la provincia un par de ñatos, de aquende o allende o de más allende todavía, desparraman cianuro o ácido sulfúrico como para hacer dulce, contaminan el agua, y encima se llevan  el precioso mineral precioso dejando una propina, tampoco lo crea. Ellos están “trabajando” la TIERRA NUEVA que es la que se banca, por ser nueva, y por estar en ningún territorio, todo la mierda que estas malas personas le quieran inyectar. ¿Qué van a llenar de edificios el Limay, que van a desmontar el Bayo, que van a seguir dejando que las petroleras revienten la cuenca acuífera? No lo crea. El País de las Maravillas no deja de ser un país, por ser de maravilla.

Para colmo, cada vez que escucho (de las cincuenta mil veces que la escucho diariamente por radio y televisión) lo de Tierra Nueva, no puedo estar tranquilo. Los creativos no tuvieron la renovadora idea de darle la changa a otro locutor. La misma voz impostada y engolada te persigue por toda la casa, por el laburo y por las calles, amenazando darte por la cabeza con el martillo de NEUQUEN ES CONFIANZA.

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