Una comunicación para el cambio

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ley de medios
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Desde este sábado, la sociedad argentina cuenta con una herramienta fundamental para construir una comunicación para el cambio social.

Por Sergio Mayorga*

El proyecto aprobado propone una adecuación de la norma interna al “Derecho Universal Humanitario”, de jerarquía constitucional, a partir de su expresa incorporación en la reforma de 1994.

Así, el art 2do. de la declaración de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sobre libertad de expresión, señala que “Toda persona tiene el derecho a buscar, recibir y difundir información y opiniones libremente en los términos que estipula el artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. Todas las personas deben contar con igualdad de oportunidades para recibir, buscar e impartir información por cualquier medio de comunicación…”

A su turno, el art. 12 del mismo texto establece “Los monopolios u oligopolios en la propiedad y control de los medios de comunicación deben estar sujetos a leyes antimonopólicas por cuanto conspiran contra la democracia al restringir la pluralidad y diversidad que asegura el pleno ejercicio del derecho a la información de los ciudadanos. Las asignaciones de radio y televisión deben considerar criterios democráticos que garanticen una igualdad de oportunidades para todos los individuos en el acceso a los mismos.

Al respecto podemos agregar que la comunicación es la principal herramienta para la construcción de ciudadanía, para el desarrollo de una sociedad que potencie las capacidades de elegir de cada sujeto, y que le permita construir su propio mensaje en la interacción plural y horizontal con los otros.

Si en cambio, se sigue tratando a la comunicación como una mercancía más de “libre comercio”, ésta termina corriendo la suerte de “concentración en pocas manos”. Desde esta lógica, la producción de contenidos audiovisuales (programación) son pensados desde los intereses comerciales e ideológicos de los multimedia (grandes grupos empresariales con desarrollo en distintos tipos de medios: diarios, TV, etc), y con los criterios de selección del mercado ( raiting, pauta comercial).

Esta forma de comunicación promueve un sujeto que desconoce sus propias necesidades, potencialidades e historia, y que jerarquiza o reivindica como propia la “mirada” de los medios masivos, de un sujeto alienado, con falta de identidad social e histórica, porque recibe de los medios una imagen de “la gente” que no da cuenta de el, y que por el contrario le propone para “existir” y verse reflejado, asumir el discurso político y cultural de los sectores dominantes.

En sentido contrario el proyecto de Ley prevé la reserva del 33% del espectro radioeléctrico (capacidad física de frecuencias de radio y TV) para las organizaciones comunitarias. Esto se condice con el deber del estado, asumido en los tratados internacionales, de garantizar efectivamente los derechos, promoviendo la participación de nuevos adjudicatarios de licencias vinculados con los sectores sociales marginados en la distribución de la riqueza y de la representación simbólica.

Esta cuestión posee gran potencial transformador, el desafío es construir a partir de la nueva ley un conjunto de medios que expresen la mirada, los intereses, “la subjetividad” de los sectores sociales que por su propia condición pueden cuestionar el “statu quo” económico y cultural, que hoy expresan, casi sin contradicciones, los titulares de los medios masivos de comunicación. Y digo potencial, porque no existe una ley que por si sola garantice que ello suceda, dependerá de la conciencia política y la vocación de construcción de los distintos sectores del campo popular.

Ampliar el espacio de participación popular en la comunicación es también incluir dentro del diseño de una política de comunicación del estado incentivos a la producción artística y cultural nacional y local, promover la creación o desarrollo de radios y televisoras comunitarias, o de  propiedad de los estados nacional, provinciales y municipales, a la vez que limite el monopolio.

Resulta imprescindible por tanto el desarrollo de un sistema de medios públicos administrado por todos los actores sociales: las distintas organizaciones de la comunidad, los trabajadores de la comunicación, los artistas, las Universidades públicas, los partidos políticos, etc, que comience a plantear otra agenda y otro modelo comunicacional.

Finalmente, solo el debate que ha generado este proyecto de ley tiene, a mi criterio, un importancia histórica, pues puso en cuestión el interés y la subjetividad que subyacen a toda producción periodística y cultural, y dejó en evidencia a los grupos monopólicos que manejan la información, y a los sectores políticos que quieren que nada cambie. De igual manera extendió este debate a lugares en los que nunca se hubieran dado, por ejemplo en la ciudad de Neuquén, un conjunto de organizaciones sociales, gremiales, políticas y artísticas constituyeron el “Foro por una nueva ley de medios audiovisuales” generando distintas actividades para promover el debate sobre el sentido y alcance del proyecto.

* Abogado, integrante del foro neuquino por una nueva ley de medios audiovisuales.

One thought on “Una comunicación para el cambio

  • Soy estudiante de Lic. en producción de Radio y Televisión en la Universidad Nacional de San Luis.
    Simplemente agradecerte por tu perspectiva, ya que impacta a largo plazo en mi práctica profesional. Recién estoy impregnándome en el tema, pero lo que puedo afirmar es que necesitamos escuchar distintas voces, para no ser manejados como una masa no pensante y formar un juicio crítico.
    Un saludo cordial. Andrea Vargas

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