26 años después, una ley de medios de la democracia

SECCIONES

P1070409La Cámara de Senadores sancionó, sin modificaciones, la nueva ley de radiodifusión. La norma reemplazará al decreto-ley de la última dictadura militar.

Con 44 votos a favor, y 24 en contra, se aprobó en general la ley de servicios audiovisuales. El tratamiento en particular se extendió hasta las 6 de la mañana del sábado. Los sectores de la oposición no lograron introducir las modificaciones planteadas durante el debate, entre ellas la reforma del artículo 161, que establece el plazo máximo para adecuarse a las nuevas exigencias.

El senador del Movimiento Popular Neuquino, Horacio Lores, acompañó la iniciativa en general, aunque presentó sus observaciones al articulado, mientras que Nancy Parrilli y Marcelo Fuentes del bloque del Frente para la Victoria, adhirieron en plenitud al proyecto.

7la músicaLa Coalición para una Radiodifusión Democrática, junto a 200 organizaciones, realizó una vigilia frente al Congreso, sobre la calle Entre Ríos. A las 17 comenzó un acto, aunque los festejos se extendieron hasta la madrugada.

Fábulas sobre la realidad

Siempre que se asiste a una sesión parlamentaria histórica se entrecruzan, por lo menos, dos realidades.

El acto organizado por la Coalición (no la de Lilita) tuvo baile, bombos, carteles, canciones, gritos, proclamas, y más. Se escuchó la mejor versión peronista de “No me arrepiento de este amor”. Hasta la santa Gilda la hubiera disfrutado.091011

Adentro, el periodismo cuajó su actitud frente al micrófono. Los trajeados de la televisión acomodaban sus maxilares para pronunciar, fuerte y claro, “aquí se sancionará la ley K”. La oprobiosa. Aunque quizá pensaran lo contrario.

En los balcones del recinto se murmuraba en silencio. Cobos fue gustoso de las fotos, y Chice colocó a una personaa su lado para que sostuviese las hojas de su discurso, justo antes de que cayera. Una legisladora puntana dijo haber sido amedrentada, luego de que alguien comió un pollo de su heladera. Menem no se presentó, aunque su despacho era visita obligada para ir a los sanitarios.

Un corresponsal aseguró en bambalinas que cualquier papelito hubiera servido para entrar al Congreso. Un carnet vencido de un club o una credencial sin firmar. Sin embargo, había pocas y pocos extranjeros de la ciudad capital.

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