El que le roba a un ladrón…

Pobre la palabra, POPURRI

pobre-la-palabra1“¿Y que dice el ladrón cuando está corriendo con su botín a cuestas, perseguido por los que han sido robados? ¿Qué grita a voz de cuello?
¿A ver niños y niñas? ¿Qué podría estar gritando el caco?: ¡No me corran! ¡No me atraparán! ¡Malditos policías! ¡Robo porque tengo hambre! ¡No lo voy a hacer más!
No, no.

Por José “Chiqui”to Moya

El señor ladrón grita desesperadamente: ¡Al ladrón, al ladrón!
Y a qué nos hace acordar esta fábula ciudadana de autor anónimo, pero sabio, o por lo menos gran observador.
Los mal llamados “medios”, sus gerentes multimillonarios, sus encumbrados cagatintas fotogénicos, sus representantes parlamentarios gritan desesperadamente ¡Van a acabar con la libre expresión! ¡Están promoviendo el monopolio en los medios! ¡Se están copiando de la dictadura militar!
En realidad están gritando: ¡¡Al ladrón, al ladrón!!”
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Soñé este texto. Anoche estuve mirando TN y no pude no soñarlo. Así que me levanté temprano (los horarios de los desocupados son materia de otra narración) empuñé mi lapicera y escribí lo de arriba de un tirón y sin faltas de ortografía.
Aún sin desayunar, me cruzo a lo de mi vecino Alterego con la novedad gráfica en la mano, flameando como una bandera. En realidad no tenía un destinatario preciso. Había escrito como un desagravio a mí mismo, a mi cordura, como una respuesta solitaria de quién había sido agredido por una gran ola de mierda. También descubrí entre los pliegues de esa bronca, una importante cuota de vergüenza. Creo que le llaman vergüenza ajena.

Impaciente, quise saber la opinión del inefable Alterego, mi lector cautivo. Entro en su casa como dicen que lo hace Pancho.
Mi amigo me recibió con tortas fritas, el diario de la mañana perfectamente leído y buena predisposición para el diálogo, que es lo principal.
Leyó mi texto con exagerada paciencia. Después dijo:

–¿Y, lo agarraron?
–¿Cómo si lo agarraron? ¿A quién agarraron? O sea…
–Loco, Ud. viene y me trae un escrito donde aparece un ladrón corriendo y un damnificado que lo sigue, y entonces yo pregunto si lo agarraron. Porque sino qué clase de moraleja pretende que yo extraiga de la parábola.
–Pero…pero Ud. no entendió lo principal, el mensaje. La idea es que el ladrón está gritando para disimular que él no es el ladrón; que pretende estar entre quienes lo corren; y que, además de zafar de los perseguidores, le preocupa también lo que piensen los demás. No le digo donde mi inspiré porque pienso que un tipo informado como usted lo tiene que haber sacado de una.
–Error. Acá lo único importante es si el sospechoso concretó a no el ilícito. Digamé, si el cana (o quién sea) finalmente lo agarra de las pestañas ¿a quién le importa lo que el chorro haya pregonado a los cuatro vientos? ¿Eh? Si se escapa, que es lo más probable, al resto tampoco le va a importar demasiado. Es que estamos ya todos acostumbrados.
–¿A que escapen o a que lo agarren?
Me miró por encima de los lentes atados con alambre, no dijo nada y me devolvió el textito a esta altura cansado de ser analizado como un bicho raro.

Retrocedí y me fui a mi morada con la cabeza baja y el papel arrugado en el bolsillo.

Tenía que conformarme con rumiar.

Tanto lío por una ley. La libertad de expresión no debería tener ninguna ley que la permita. Pensándolo bien, eso es lo verdaderamente sospechoso. Pero mejor no se lo comento a Alterego porque ese tipo no cree en nada.

4 comments

  • Me sigo preguntando, junto al cronista, si TN -por citar solo un medio de un gran multimedio- repite sin cesar que con la denominada -por ellos, claro- ley K no habrá libertad de expresión, que se acabará con el periodismo independiente -sin fundamentar una sola de estas afirmaciones- ¿cómo es que nadie, pero absolutamente ningún periodista del canal de la (in)noble Ernestina opina distinto a la línea del mismo? Cómo puede no haber una sola voz disidente, que aún sin compartir el contenido de la ley, se permita apartarse del discurso único de TN.

  • Este texto está increible, sobre todo para algunos adultos, que se prenden de lo que “escuchan” sin siquiera haber leído un párrafo de ninguna de las dos leyes (la de la dictadura, o sea la actual, y la que se pretende implementar).
    Como siempre, los estudiantes o a los que “nos falta”, “tenemos que aprender” de las grandes idioteces que se comen los “grandes”.
    Excelente.

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