La ciudad de la furia

Digo lo que siento

digo-lo-que-sientoNeuquén cumplió 105 años. Su estructura económica está atada al desarrollo del comercio y los servicios. ¿Qué será de esta ciudad cuando se acabe el petróleo?

Por Fabián Bergero

El pueblo Estación Neuquén tiene 427 habitantes. De ellos, 170 son argentinos y 257 extranjeros. Se trata de una ciudad de 2000 metros cuadrados, cuyas calles aún no tienen nombres. Aquí se puede llegar a caballo o recorriendo los 1196 kilómetros que la unen con Capital Federal a través del Ferrocarril del Sud.

La principal actividad local es la licorería. Y esta ciudad de clima templado no tiene ningún servicio público.

Estos son datos de 1903, publicados por el Boletín Mensual de Correos y Telégrafos número 16. Estos datos pueden dar risa en estos días, en que Neuquén se convirtió en la ciudad más importante de la Patagonia, con cerca de 250 mil habitantes. Pero lo interesante es que se pudo contar con mucha información sobre la ciudad en un sólo registro estadístico.

Neuquén sufre hoy los graves problemas de una ciudad que creció en forma caótica, desordenada y mal dirigida. Partida en dos por la ruta nacional 22 y por las vías del ferrocarril, limitada al norte por la barda y al sur por el río, al este por otro río y al oeste por las superpoblación, este urbe configura un verdadero intríngulis urbanístico que ningún gobierno comunal enfrenta.

Pero este es no es el verdadero problema. La ciudad de Neuquén tiene una estructura económica completamente al servicio de la actividad del Estado, el turismo y del petróleo.

Es complicado tener precisiones, porque hoy las herramientas de medición de la situación socioeconómica de la ciudad, se han discontinuado. La Encuesta permanente de Hogares, que antes se hacía en forma permanente dos veces por año, ya no se hace en períodos regulares. Los pocos datos que hay son de estadísticas nacionales. Y no siempre están los datos que uno quisiera saber. Pero trabajemos con datos conocidos.

La tasa de actividad en el primer trimestre de 2009 es del 48,8 por ciento. El empleo 45,2. La subocupación 5.0 y la desocupación 7,2.

La ocupación más alta –según datos de 2006- se daba entre aquellos que tenían el primario y secundario completo, y universitario incompleto: el 75 por ciento. Los profesionales, con titulos universitarios, tenían un nivel de ocupación de casi el 18 por ciento aquí en Neuquén.

Del total de ocupados, el 27 por ciento lo hace en el Estado. El resto en la actividad privada.

La pobreza, según datos del últimos trimestre de 2008, era del 12,7 por ciento, y la indigencia del 4,1.

Son datos preocupantes. Veamos otros:

¿Dónde se da la mayor ocupación? En los servicios, casi el 50 por ciento. Es decir, sirviendo al Estado, al turismo y a las petroleras principales. Si a ellos se sumaran a quienes traban en el comercio, Hoteles y Restaurantes, y trabajo doméstico, nos encontramos con que el 75 por ciento.

Si tomáramos las mujeres ocupadas en estas actividades terciarias, veríamos que suman el 93 por ciento de la Población económicamente activa. Es decir que sólo el 7 por ciento de las mujeres están en alguna actividad vinculada la tierra, la industria o la construcción. En 2003, eran el 95 por ciento. Empeoraron, pero poco.

¿Cómo es el mapa por sectores de la economía? Las actividades extractivas ocupan apenas el 8 por ciento del total de ocupados y ocupadas; el 7 por ciento en la industria; el 10 por ciento en la construcción. 25 por ciento.

El 73 por ciento realiza tareas poco o nada calificadas. Y son más las mujeres profesionales con trabajo que los hombres (30 contra 25 por ciento, respectivamente). Pero los hombres ganan un 30 por ciento más que las mujeres, pese a todo.

El 37,7 por ciento de la población tiene menos de 19 años. Son niños, niñas y adolescentes. El 44,7 por ciento, entre 20  y 50 años. Y el 17,7, supera los 50. Es decir que la pirámide demográfica se está haciendo panzona, peligrosamente panzona.

Muchos y muchas creen que el principal problema de la ciudad de Neuquén es el tránsito. Pero la estructura económica, la pirámide poblacional y los niveles de pobreza, la convierten en un polvorín. ¿Por qué la ciudad no tiene vocación de autosubsistencia? ¿Por qué su destino está atado al gas, el petróleo y la estructura del Estado? ¿Alguien puede imaginar el impacto que provocará en esta ciudad el agotamiento de los recursos no renovables? ¿O cuando las actividades mineras se lleven gran parte del paisaje?

No creo que el común de la gente lo haga. Eso es preocupante. Pero que tampoco lo adviertan nuestros gobernantes, es directamente, alarmante.

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