Ahora sé que el Boby está piantao, piantao piantao

Tema de la semana

el-tema-de-la-semanaLa cuestión empeoró. Mucho. De hecho escribo estas líneas encerrado en mi habitación, con la puerta bajo siete llaves (encima perdí dos, voy a tener que ir al cerrajero), y con los muebles apilados contra la puerta.

Por Qwert Poiuy

Del otro lado está el Boby, que se ha convertido en una bestia irracional (como todo perro, claro), y furiosa, que sólo busca acabar con mi vida a dentelladas. Está fuera de control, y es capaz de cualquier cosa. De cualquiera. Hasta de comer Dogui, creo yo.

La situación llegó a este estado crítico luego de un experimento que realicé la semana pasada con el fin de sustraerlo de TN y volverlo a la realidad.

La experiencia fue sencilla: sólo escondí el televisor adentro del lavarropas (apagado, claro), puse la Tonomac Siete Mares en la sintonía de radio Unsicalf, y le saqué el botón de la sintonía (es que el turro del Boby siempre se las ingenió para cambiarme el dial a su gusto. Nadie me pregunte cómo, porque no lo se).

Cuando el Boby llegó de su paseo matinal en busca de amores perdidos, entró al living, se sentó frente al lugar donde habitualmente está el aparato de TV, y ahí estaba la Tonomac. Lerdo y perezoso, miró para un lado, para el otro. Y como no encontró el viejo Grunding (con ene porque es trucho, reitero), se sentó dispuesto a escuchar la radio. Antes, gruñió.

Antes de que terminara la Palangana, el picho ya ladraba como desquiciado. Daba vueltas en círculo, intentaba morderse la cola (nunca llega, ya lo había comprobado antes, de modo que no me hice mucho problema), y saltaba queriendo voltear la radio de arriba de la mesa del tele.

Como alguna vez oí que la música calma las fieras, corrí hasta el ropero en cuya parte superior tengo guardados los discos de mi juventud. Le saqué el polvo a mi viejo tocadiscos, y le puse la siguiente selección musical:

1)      Las obras completas de Sabú.

2)      Sandro y los de Fuego.

3)      Los dos últimos de los Iracundos

4)      Los Pasteles Verdes (siempre me dio asco pensar por qué motivo un pastel estaría de color verde)

5)      Los Angeles Negros

Creo que no acaba de terminar “Píntame un angelito negro” cuando el Boby, literalmente, se sacó. Versión casera del demonio de tasmania, empezó a morder todo lo que había a su alrededor, incluyendo mis canillas. Como en esas películas de Jackie Chan, corrió por el piso, apoyó una patita sobre la pared y se elevó hacia el sillón. Tocó con la otra patita, y se elevó hasta la mesita del televisor, y ahí nomás, en el aire, le dio un cross de hocico a la Tonomac que voló por los cielos hasta estrellarse contra mi cabeza.

Como todo soldado que sirve para otra guerra, decidí huir y refugiarme en mi habitación.  Desde acá adentro escucho que el muy turro está adentro del ropero mirando A Dos Voces. Y me lo imagino haciéndole fiestita a Biolcati y a De Narváez.

Pero no importa: perdí una batalla (otra, quiero decir). Pero la guerra, recién empieza.

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