Voluntad de poder psicológicamente, Federico Niesztche

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Estamos acostumbrados a concebir la progresiva conformación de una enorme abundancia de formas como algo compatible con la proveniencia de la unidad.

Que la voluntad de poder es la forma de afecto primitiva, que todos los demás afectos son conformaciones suyas.

Que existe un significativo esclarecimiento consistente en colocar poder en lugar de «felicidad» individual que supuestamente persigue cada ser viviente: «persigue poder, un plus de poder» – El placer es sólo un síntoma de la sensación del poder alcanzado, una conciencia de la diferencia – no persigue placer sino que el placer aparece cuando se alcanza aquello que se persigue: el placer acompaña, el placer no mueve.

Que toda fuerza impulsora es voluntad de poder, que no existe fuera de ella ninguna fuerza física, dinámica o psíquica…

– en nuestra ciencia, en la que el concepto de causa y efecto está reducido a una relación de ecuación, con la ambición de demostrar que a cada lado se encuentra el mismo quantum de fuerza, falta la FUERZA IMPULSORA: sólo consideramos los resultados, los ponemos como iguales en relación al contenido de fuerza, nos dispensamos de la pregunta por la causación de un cambio…

es un simple asunto de experiencia que el cambio no cesa: no tenemos, en realidad, la más mínima razón para comprender que a un cam[bio] tenga que seguir otro. Por el contrario: un estado alcanzado parecería tener que conservarse a sí mismo, si no hubiera en él una capacidad [de] no querer conservarse precisamente a sí mismo…

El principio de la autoconservación de Spinoza tendría en realidad que detener el cambio: pero este principio es falso, lo contrario es verdad. Justamente en todo lo viviente se puede mostrar clarísimamente que lo hace todo no para conservarse sino para devenir más…

¿es «la voluntad de poder» una especie de «voluntad», o es idéntica al concepto «voluntad»? ¿Viene a significar lo mismo que apetecer? ¿O mandar?

¿es ella la «voluntad» de la que Schopenhauer cree que sería el «en sí de las cosas»?

mi principio es: que la voluntad, tal como la ha concebido la psicología hasta nuestros días, es una generalización injustificada, que esta voluntad no existe en absoluto, que en lugar de concebir la coformación de una única voluntad determinada en muchas formas, se ha anulado el carácter de la voluntad al sustraérsele el contenido, el «¿adónde?»

: este es el caso, en grado sumo, en Schopenhauer: lo que él llama «voluntad» es una mera palabra vacía. Aún menos se trata de una «voluntad de vivir»: pues la vida es apenas un caso particular de la voluntad de poder, – es algo totalmente arbitrario sostener que todo se esfuerza por convertirse en esta forma de la voluntad de poder.

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