Más allá de las luchas de poder

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El gran logro de la interacción de los psicólogos fue identificar y explicar la forma en que los seres humanos tendemos a competir y a dominarnos unos a otros debido a un profunda inseguridad existencial. Fue Oriente, sin embargo, el que aportó un esclarecimiento mayor de la psicología implícita en este fenómeno.

Oriente sostiene que nuestros niveles normales de energía son débiles y chatos hasta que nos abrimos a las energías absolutas disponibles en el Universo. Cuando se produce esta apertura, nuestro Ch’i – o tal vez deberíamos llamarlo nuestro nivel de energía cuántica-se eleva a una altura que resuelve nuestra inseguridad existencial, pero hasta entonces, nos movemos buscando más energía de los demás.

Hay un viejo dicho místico según el cual, la energía sigue a la atención. Por lo tanto cuando dos personas interactúan, se dirigen la atención, literalmente fusionan campos energéticos, aunando su energía. El tema pasa a ser enseguida: ¿Quién va a controlar esta energía acumulada?. Si uno puede dominar y consigue que el otro ceda su punto de vista, mire el mundo a su manera, a través de sus ojos, este individuo captó ambas energías como propias. Siente un inmediato poder, seguridad, valoración personal y hasta euforia. Pero esas sensaciones positivas son ganadas a expensas de la otra persona, ya que el individuo dominado se siente fuera de sus centro, ansioso y carente de energía.

Este proceso de dominación psicológica se observa en todas partes y es la fuente tácita de todo conflicto irracional en el mundo humano. Cuando entramos en interacción con otro ser humano, debemos tener presente todo esto. Cada persona es un campo energético que consiste en un conjunto de supuestos y creencias que se irradian hacia fuera e influyen en el mundo. Cada uno tiene un conjunto de supuestos y un estilo de interacción únicos en este sentido, que yo he denominado “dramas de control”

Dramas de control

El pobre de Mí:

El más pasivo de los dramas de control es la estrategia de la víctima, o lo que he dado en llamar Pobre de Mí. En este drama, en vez de competir directamente por la energía, la persona trata de ganar deferencia y atención a través de una manipulación de la simpatía. La estrategia del Pobre de Mí consiste en hacernos perder el equilibrio y obtener nuestra energía creando una sensación de culpa o duda de nuestra parte. Al aceptar esa culpa, nos detenemos y, a través de los ojos de esta persona, miramos el mundo y al hacerlo, la persona logra sentir la inyección de nuestra energía sumada a la suya y así se siente más segura.

Como tratarlo:

Lo importante es tener presente que el propósito del drama es obtener energía, por lo tanto, al hablar con un Pobre de Mí debemos partir de la disposición de darle conscientemente energía; esa es la manera más fácil de quebrar el drama. Luego debemos considerar si la inducción de la culpa esta justificada, sin olvidar que somos nosotros quienes debemos determinar y decidir hasta que punto y cuando somos responsables de ayudar a alguien en la necesidad.

El distante:

Un drama ligeramente menos pasivo es el drama del Distante. Sabemos que ingresamos en el campo energético de alguien que usa esta estrategia cuando empezamos una conversación y nos damos cuenta de que no podemos obtener una respuesta directa. La persona crea de modo constante un aura vago y misterioso a su alrededor, obligándonos a poner energía para obtener información que normalmente se comparte de manera informal. No es que sea reservado (lo cual es otra cosa), para el Distante es un método de manipulación que trata de seducirnos y al mismo tiempo mantenernos a distancia.

Cómo tratarlo:

Una vez más debemos empezar por enviar energía. Al enviar amor y energía en vez de ponernos a la defensiva, aliviamos la presión de continuar la manipulación. Sin la presión podemos volver a empezar, identificando el juego y llevando el drama a la conciencia, al convertirlo en el tema de conversación.

El Interrogador

Un drama de control más agresivo que invade la sociedad moderna es el interrogador. En esta estrategia la manipulación se usa de la crítica para obtener energía de los demás. Frente a estas personas tenemos la sensación de ser torpes, incapaces o estar equivocados, dudamos de nuestro mundo y en cambio aceptamos y adoptamos su visón del mundo.

Como tratarlo:

La cuestión es que nos mantengamos bastante centrados como para decirles como sentimos su presencia. Una vez más la clave radico en no adoptar una postura defensiva y enviar energías afectuosas al explicar que nos sentimos cuestionados y criticados.

El Intimidador

El drama de control más agresivo. Nos damos cuenta de que entramos en un campo energético de una persona así porque no solo nos sentimos consumidos o incómodos, sino que nos sentimos inseguros, en peligro incluso. La estrategia del Intimidador consiste en llamar nuestra atención y de ese modo obtener energía creando un medio en el que nos sentimos tan amenazados que nos concentramos por entero en él.

Como tratarlo:

Es mejor apartarse de su presencia. Si alguien mantiene una relación duradera con un intimidador, lo mejor es ponerlo en manos de un profesional.

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