El Universo ya no es lo que era

Senti Pensante

senti-pensanteJames Redfield escribió “La nueva visión espiritual” allá por 1997. Se lo vendía como “el despertar de una nueva conciencia espiritual y universal hacia  el nuevo milenio”.

Por Mamboretá


Redfield mezcla saberes de Oriente y Occidente, física y psicología con la fe de quien descubre que la historia humana tiene un propósito, por lo que debemos ir evolucionando.

Habla de una propia visión existencial para cada uno/a, analizándonos somos campos energéticos

Nuestra nueva conciencia espiritual tiene que ver con la concreción de nuestros sueños, el universo es un sistema dinámico impulsado por nada menos que el flujo constante de pequeños milagros, pero hay una trampa: esta armado para responder a nuestra conciencia, pero nos devuelve sólo el nivel de calidad que pusimos en ella.

Vivir la nueva conciencia espiritual implica atravesar una serie de pasos o revelaciones. Cada paso amplía nuestra perspectiva. Pero cada paso presenta asimismo su propia serie de desafíos. No basta simplemente con echar un vistazo a cada nivel de conciencia expandida. Debemos tener intención de vivirlo, de integrar cada grado aumentando de conciencia a nuestra rutina diaria. Basta una sola interpretación negativa para frenarlo todo.

Las coincidencias significativas pueden ocurrir en cualquier momento. El ejemplo más simple y común es la de estar pensando reiteradamente en una persona y luego encontrarla “por casualidad”. La llegada “justo a tiempo” de información, encontrase con alguien que “justo iba para allá”, los sueños,  etc, son algunos ejemplos. Este misterioso fenómeno fue definido y estudiado por el psicólogo Carl Jung, que lo llamó sincronicidad.

Nuestro desafío personal consiste en superar el condicionamiento cultural que nos lleva a reducir la vida a lo ordinario, al lugar común y a lo carente de misterio. La mayoría de nosotros hemos aprendido a ir por la vida sólo con nuestro ego. Debemos tomar la decisión de desacelerarnos y modificar nuestro punto de atención, y empezar a actuar de acuerdo con las oportunidades que se presentan en nuestro camino.

La sincronicidad que percibimos es prueba de que en nuestra vida actúa una fuerza espiritual.

Reemplazar la cosmología medieval, la angustia de estar perdido, la visión de un universo materialista iluminista justificado científicamente. Pero Einstein demostró en esencia que la materia no es nada más que una forma de luz. Por lo que no es de extrañar que en la observación científica de un acto, la intención de los científicos afectaba directamente la conducta y la existencia de las partículas elementales afectadas. El físico John Bell armó así su famosa ley, conocida como el teorema de Bell (original no?), que estipula que una vez conectadas, las entidades atómicas están siempre conectadas. Otras teorías más recientes, la supercuerda y el hiperespacio, observan un universo que incluye multidimensiones pequeñisimas, tanto que reducen la materia y la energía a puras vibraciones similares a cuerdas.

Así es que todo lo que nos rodea es un modelo vibrante de energía, el componente de la luz, en el que por supuesto estamos incluidos.

A lo largo de los últimos años se ha retomado con interés las teorías del psicoanalista Carl Jung, quien señalaba que el impulso interior más grande apunta a la plenitud psicológica y la autorrealización de nuestro potencial interno. En esta aventura contamos con la ayuda de vías ya establecidas en el cerebro, que él llamó “arquetipos”. Al crecer psicológicamente, podemos concretar o activar arquetipos y por lo miso avanzar hasta la autorrealización. La primera etapa de crecimiento es la diferenciación, durante la cual tomamos conciencia de nosotros mismo en el mundo cultural donde nacimos y empezamos a individualizarnos. Esta etapa es en una primer momento un poco narcisista (egoísta) y en general exagerada (egotista) pero a la larga activa lo que Jung denominó el “arquetipo del héroe”. A esta altura estamos listos para encontrar algo importante para hacer e la cultura; nos sentimos orgullosos y decididos a llevarlo a cabo.

Al seguir creciendo, superamos la fase del héroe y activamos lo que Jung llamó el “arquetipo del sí mismo”, una etapa de desarrollo durante la cual superamos el concepto del yo basado en dominar nuestro medio. Entramos en cambio, en una conciencia más dirigida hacia el interior en la que la intuición y la lógica pasan a actuar juntas y nuestros objetivos se armonizan más con nuestras imágenes y sueños internos de lo que en realidad queremos hacer. En esta fase que él describe como de autorrealización, es cuando habla de la percepción más elevada de la sincronicidad. En este estadio los hechos de nuestra vida empiezan a responder a nuestra disposición a crecer y la sincronicidad o percepción de coincidencias significativas comienzan a producirse con mayor frecuencia.

Paralelamente se ha descubierto que los seres humanos creamos creencias y comportamientos de vida particulares (libretos) que mantienen en forma inflexible como su mecanismo para apartar la ansiedad de la conciencia. Van desde fetiches incontrolables y hábitos neuróticos hasta ideas religiosas y creencias filosóficas fijas más normales. Lo que estos libretos tienen en común es su naturaleza intratable y su resistencia al debate o la discusión racional. Los humanistas descubrieron además que la sociedad humana se caracteriza por luchas de poder irracionales pensadas exclusivamente para mantener intactos estos libretos.(Lucha de poder, Niesztche).

Uno de los descubrimientos clave fue el llamado “efecto de doble atadura”, en el cual las personas descalifican cada idea propuesta por los otros para dominar la interacción.

El universo sensible

Investigaciones recientes han demostrado que nuestra conexión e influencia en los demás, incluso nuestras intenciones, pueden afectar los cuerpos de los otros, sus mentes y la forma de los hechos en el mundo. La nueva física reveló que estamos conectados de una manera que trasciende los límites espacio temporales. El teorema de Bell parece aplicarse tanto a nuestros pensamientos como al funcionamiento de las partículas elementales. No solo podemos recibir información sobre el mundo con nuestra mente, sino que también podemos afectar al mundo mentalmente.

Vivimos dentro de una burbuja de espacio tiempo y, como los físicos hiperespaciales, intuimos otras dimensiones. Cuando miramos alrededor las formas dentro de este universo, ya no podemos ver materia sólida sino energía. Todo, incluidos nosotros, no somos nada más que un campo de energía, de luz, y todas las cosas interactúan e influyen unas a otras.

Vivimos en un universo de energía dinámica, inteligente y sensible, en el que las expectativas y los supuestos de los demás se irradian hacia fuera para influir sobre nosotros. Por lo tanto, la siguiente etapa en nuestro viaje para vivir la nueva conciencia espiritual es ver el mundo humano de energía, expectativa y drama tal como es, y aprender a negociar este mundo de una manera más efectiva.

Ver:

Más allá de las luchas de poder

Deja un comentario