Lástima…

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Elecciones0001Las elecciones del domingo dejaron más argumentos para reflexionar que para festejar.

Por Eduardo Marchetti

Unos hablan de logros que únicamente se han instalado en su fructífera imaginación. Otros ya reclaman espacios de poder a los que hasta ahora no podían acceder. Están  desde los más humildes que se conforman con haber conservado el espacio ganado hace poco, hasta quienes ya están pensando en gobernar una provincia. Estos serían sólo cuatro matices -es posible que haya más- sobre las reacciones que despertaron en algunos candidatos los resultados de las elecciones del domingo 23 de agosto para renovar nueve de los dieciocho concejales de la ciudad de Neuquén.

Esto sin incluir las expresiones de alegría, forzada en algunos casos o con más naturalidad en otros, reflejadas por los reporteros gráficos apenas se fueron confirmando tendencias.

Es decir, que a pesar de los diferentes grados de estímulo que tuvieron los números de ese domingo en rostros y mentes de los aspirantes, la reacción de todos ellos -sin excepción- fue como si nada extraordinario hubiese ocurrido en esa jornada. “Lástima grande que no sea verdad tanta belleza”, concluía diciendo el poeta aragonés del siglo XVI, Lupercio Leonardo de Argenzola, luego de darse cuenta que “ese cielo azul que todos vemos, ni es cielo, ni es azul”.

Sin embargo, sospecho que ese darse cuenta pertenece más a los electores que a los candidatos, si es que son honestos a la hora de dar explicaciones sobre lo ocurrido. De mi parte, lo dudo. Quizá tomaron muy a pecho la consigna del ahora precandidato a presidente Felipe Solá: “En política hay que hacerse el boludo”.

¿Qué ocurrió de extraordinario? Bueno, que por primera vez en la historia de esta ciudad solamente la mitad de los ciudadanos que estaban en condiciones de votar se molestó en hacerlo. Quienes tuvimos alguna participación en los comicios del domingo 23, en particular trabajando para alguna radio -Universidad Calf en mi caso-, dedicamos gran parte del día a preguntarle a políticos, funcionarios, operadores, punteros, presidentes de mesa, fiscales partidarios, esposa, hijos, canillitas y taxistas, ¿por qué votó apenas el 50 por ciento?

Que la gente no sabía que era obligatorio la elección de concejales, lo que estaría manifestando una subestimación sobre el rol del edil; que creían que se trataba de una elección interna de algunos partidos; que ni siquiera se sabía que ese día había elecciones; que eso pasó por no haber convocado con el comicio del 28 de junio, o que en la gente hay cierto hartazgo con tantas elecciones juntas, fueron algunas de las explicaciones que casi todos los consultados ensayaron. Sea cual fuere la causa, una de ellas o la suma de todas, lo concreto es que la mitad del electorado ni siquiera se molestó en averiguar qué pasaba ese día.

Es posible que lo analicen en la intimidad del partido al que pertenecen o de su familia, pero lo grave es que públicamente ninguno de los que accedió a la renovación parcial del Deliberante haya dicho algo sobre esta raquítica y patética elección. No. Al contrario. No dejaron pasar unas pocas horas para “posicionarse” frente a partidarios y extra partidarios.

Dígame, confiéselo lector: ¿No le produce vergüenza ajena la reacción de nuestros “dirigentes”? ¿Será esa reacción la risa del boxeador al que no le caben más dedos en la cara y lo están por noquear?

Y ya que es gratis, sigo con algunas preguntas más. ¿No deberían los candidatos electos autoconvocarse para reflexionar sobre lo que pasó? ¿Acaso, no sería más saludable que ellos pidieran a la justicia electoral anular los comicios, ir a la Casa de retiros espirituales de Plottier y resolver qué hacer?

Recordemos que solamente recibieron el 22, 21, 17 o 10 por ciento de votos de la mitad de los vecinos que podían sufragar. ¿El entusiasmo de los candidatos será superior al de los electores? ¿O no será que también los actuales y electos subestiman, como mucha gente, el papel de los concejales? Entonces, ¿cómo es posible que puedan ir tranquilos por la vida pensando en pedir la presidencia del cuerpo, ser candidato a intendente o a gobernador en 2011, o creer que su figura ya está instalada en la mente y las expectativas de los habitantes, sin antes reflexionar sobre lo que ocurrió ese triste y lamentable domingo 23A?.

Sin embargo, insisto, creo que aun no se han dado cuenta. Lástima…

2 comments

  • El que escribe esto no sabe lo que es la militancia. Si lo supiera se daría cuenta que detrás de cada candidato hay mucha gente con expectativas y sueños sin esperar ninguna retribución. Por favor, no denigremos la política, ya sabemos los resultados.

  • Mirà Trovatore, si lo conocieras a Marchetti no dirías eso. El tipo tiene años de militancia y coherencia, y es precisamente desde ese lugar, sumado a la capacidad de anàlisis que tiene, es que escribe lo que escribe. No creo que Eduardo niegue las expectativas de la gente “que està detrás de cada candidato” (guau… que frase para pensar: ¿què cosa esta la de la vanguardia necesitada de gente caminando detrás, no?), pero es innegable la escasa (por no decir nula) representatividad tanto de los candidatos como de los “elegidos”: los eligió el 20 y el 21 por ciento del 50 por ciento del electorado, es decir, el 10 por ciento del total de hombres y mujeres habilitados para votar… Es nefasto. “No denigremos la política”, decís sobre el final: Mirá Trovatore, la política es diariamente denigrada por quienes “nos representan”, no por una opinión. Quizá no todos, es cierto. Pero es patètico que ningún funcionario ni candidato se haga cargo de la apatía y el desinterés que generan y han generado en la sociedad. “Ya sabemos los resultados”, decís finalmente: ¿qué resultados? la apatía de la que hablamos?, la corrupción?, el abuso de poder?, la violencia instituciuonal?… esos resultados, como decía recién, no son responsabilidad de la gente “que tiene sueños y expectativas”, precisamente, ni mucho menos de los periodistas que investigan y opinan.
    En fin, está claro (y seguro que Marchetti coincidirá), en que la democracia es otra cosa, no sólo poner un voto en una urna cada dos años.
    Habrá que seguir luchando.
    Saludos.

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