No pasarán

Pobre la palabra

pobre-la-palabra1

¡Hablemos con la verdad! ¡Ustedes quieren borrarnos del mapa!

¿Ustedes? ¿Pero señor, que tengo que ver yo con los chacareros?

El diálogo se desarrollaba en medio de la calle, entre el almacenero de mi barrio y un cabo de la policía provincial.

Por José Chiquito Moya


El almacenero había amontonado cajones y otros obstáculos en la vía pública impidiendo el tránsito vehicular. La más sorprendida debía ser la propia callecita esmirriada y dejada de la mano de Dios. Callecita casi sin nombre como la mayoría de las de mi barrio.

Don Arístides -que así se llama mi almacenero- sin prisa pero sin pausa se estaba mandando una flor de barricada, denunciando un arte probablemente ejercitado en su juventud. Su mujer y los pibes, asomados con trabajo por la ventana del negocio, triplemente enrejada, indicaban las correcciones que surgían desde esa perspectiva.

El móvil de la Policía vino por una denuncia que otro comerciante anónimo, también del barrio, hubo de reiterar tres veces hasta vencer la incredulidad del oficial a cargo y el cambio de guardia de las ocho de la mañana. El operativo se presentaba peligrosamente oblicuo, más que nada por el contexto provincial plagado de esta protesta tan posmoderna.

¿Qué querés -alzaba un poco la voz Arístides buscando de incorporar así a los vecinos un tanto remisos que observaban la escena de lejos- que me quede de brazos cruzados mientras pierdo toda la clientela? ¿Sabés a cuánto me quieren encajar las manzanas y peras de este valle? Para colmo los bolivianos de China Muerta se dejan influenciar: están subiendo la verdura hasta el altiplano. ¿Cómo hago para venderle al barrio que no le dan aumento por la crisis de Norteamérica?

Señor.- Cortar la calle es un delito. La calle es de todos. Piense en la libertad de tránsito. Piense en la Constitución. -el policía disparaba argumentos cortos como si practicara con su nueve milímetros reglamentaria.- Cuando terminaba con el último, recargaba:

Es un delito federal

Sí, pero parece que para los de la Sociedad Rural que cortaron no una calle sino todo el país, y nos desabastecieron por meses, no fue delito. Toda la prensa le daba manija. Hoy cortan los peones rurales en Río Negro y Neuquén. Los productores dicen que si le gobierno aumenta los salarios, los que van a cortar va a ser ellos, como el año pasado. Efecto dominó, que le llaman.

Le van a meter un juicio -el policía seguía haciendo puntería.

Hay que ir de acuerdo a los tiempos. Hoy si no cortás la calle no esistís (sic) –Y a modo de corrección, mientras reforzaba el sector oriental de la barricada, soltó su argumento más sofisticado:

Un poco hay que arriesgar.

Los policías viendo que la vía del diálogo no prosperaba se fueron a la Tercera a recabar nuevas órdenes que eventualmente podrían venir acompañadas de gases lacrimógenos. Al virar soltaron un sirenazo que los vecinos prefirieron considerar como un saludo sin segundas intenciones.

Arístides realzó su construcción con el pringoso colchón acercado por un jubilado, que daba al conjunto un aire romántico y fatal. Históricamente la lana de los colchones era útil para parar las balas, enredándolas, pero en este caso se trataba sólo de goma espuma apelmazada. Desventajas del avance tecnológico.

Sea como sea ese detalle me decidió a colaborar activamente. Además me sobran algunos tambores viejos.

Intelectual contumaz, mi primer aporte intentó cubrir el aspecto estratégico de la cosa.

¿No deberíamos hacer lo mismo con las demás calles adyacentes? Cortando esta cuadrita sola no pasa nada, la gente pega la vuelta y listo.

Dejalo así, Loco ¿cómo vendría la gente a comprarme si me aíslo de todo el mundo? Ustedes no aprendieron nada, Viejo. Acá el verdadero enemigo…–el ruido del escape de un Ford del 50 proveedor de carbón, me tapó el final de la frase.

Lástima, me hubiera gustado saber contra quién estamos peleando.

Deja un comentario