Orines y botellas

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Quién no habrá visto alguna vez por su ventana a un perro levantar la pata y orinar los troncos de sus árboles en la . Ante tantos orines y con la intención de evitar este instinto canino, alguien, imposibilitado de hacer guardia con una escopeta, inventó un método inusual: la colocación de botellas de plástico llenas de agua en los canteros.


Por Mario Galdeano

Ver en las aceras botellas de agua como espanta perros parece tonto, o quizá lo sea, pero lo importante de este mecanismo casero es que revela varias cosas: que hay muchos perros que defecan y orinan en lugares públicos, que el control poblacional de los canes vagabundos por parte del municipio es ineficiente, que quienes sacan a pasear sus perros no lo hacen para que estos espabilen un poco sino para que hagan pis y popó fuera de casa, que el problema no es particular sino de toda la sociedad, y que el tema de la salud de la comunidad y de los animales mismos, es de interés de unos pocos.

El invento, de poner botellas de plástico transparente llenas de agua en la base de los árboles en las aceras, para ahuyentar a los perros, es de un autor anónimo. Nadie sabe a ciencia cierta cuándo empezó, cómo se propagó por muchas ciudades de América Latina, y si este método sirve para mantener alejado al mejor amigo del hombre. Sin embargo, algunos vecinos, que odian el olor a pis de perro, recurren a esta práctica, luego de haber fracasado con repelentes como el azufre y el vinagre.

Botellas de agua

Dos camionadas de caca

Cualquiera conoce el tedio de pisar un zurullo recién hecho, aunque sea de un perro de pura sangre, o ser perseguido por uno de pedigrí de mal humor. Los malestares son diversos, pero ellos no son motivo para encerrarlos en frías perreras municipales o erradicarlos con métodos crueles como la eutanasia.

La solución está en la instrumentación de acciones conjuntas entre el municipio y la comunidad. Con un buen control de policía por parte de la comuna, y un respeto por las normas de convivencia por parte de los ciudadanos. Y abandonar la idea, que solamente el municipio tienen el deber y la responsabilidad de solucionar el problema, e impedir que las mascotas hagan pis y caca en los lugares públicos: calzadas, aceras, parques, baldíos, y las plazas, donde los chicos van a jugar.

En esto, cada propietario de un perro tiene obligaciones que cumplir, aunque no estén incluidas en las ordenanzas municipales. No se trata que una norma legal establezca que hay que llevar una palita y bolsa de nailon para recoger los desechos, o que el animal porte collar, correa y bozal cuando sale a la calle, sino de no mirar para otro lado y hacerse el desentendido de lo que hace el perro en el espacio público.

El simpático vecino que baja del décimo piso con su cuzco todos los días, no lo hace para que el animal se estire un poco, sino para que haga sus micciones y defecaciones fuera del departamento. La mayoría de los veterinarios conocen esta conducta, y opinan que el 70 por ciento de los perros con dueños hacen sus necesidades en la vía pública.

Esta costumbre produce una contaminación parasitaria de los espacios públicos y puede convertir a una ciudad en un lugar maravilloso para contraer enfermedades zoonóticas, tales como la hidatidosis, toxocariasis, y dipilidiasis. Una simple cuenta puede proporcionarnos la magnitud del problema. Si en una ciudad hay 40 mil perros, y un animal elimina por día 400 centímetros cúbicos de orina y 300 gramos de excrementos, ese conglomerado urbano tiene casi tres camionadas de orina y dos de materia fecal todos los días.

Un perro no es algo en el patio

Tener una mascota, un diminuto caniche toy de apenas dos kilos o uno marca perro, no es tener algo en el patio. Implica siempre una responsabilidad más incómoda y onerosa de lo que muchos creen. No sólo por la salud de la familia que lo posee, sino para el animal mismo y el resto de la sociedad.

Ser poseedor del mejor amigo del hombre, no solamente es un problema de orines y heces, sino algo más complicado, porque incluye el riesgo de contraer enfermedades zoonóticas, tales como la hidatidosis, toxocariasis, y dipilidiasis. Ni hablar de quienes dejan sueltos a sus animales la mayor parte del día y producen mordeduras a transeúntes, rotura de bolsas y diseminación de residuos, molestias por ladridos, y provocan accidentes de tránsito.

Los métodos de castración, desparasitación, identificación y adopción de animales, información y educación sobre los cuidados del animal y de las dolencias que los pichichos pueden transmitirle al hombre, captura de perros vagabundos, y el sacrificio de los que están enfermos, dan resultados, pero parciales. Porque el asunto es complicado y debe ser abordado en forma integral, entre las acciones del municipio y la comunidad, a través de la mejor forma conocida hasta el momento: la tenencia responsable de mascotas.

One thought on “Orines y botellas

  • Muy bueno el informe. Cansada de que los inmundos de mis vecinos dejen que sus perros se vacíen en mi puerta.

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