Pagamos todos y encima Sapag se enoja

Digo lo que siento

digo-lo-que-sientoEl sistema energético nacional es estatal y es privado: el Estado invierte y el privado gana. ¿Y el usuario? Paga. Y si no lo hace, Sapag se enoja.

Por Fabián Bergero


Durante la década menemista, la política fue clara: había que privatizar todo lo que era del Estado y pasar la prestación de los servicios públicos a empresas que serían más eficientes en su manejo.

De este modo, los servicios se convirtieron en negocios y los usuarios en clientes. Las firmas privadas tenían compromisos de inversión y estándares de calidad que respetar, y el Estado debía ser el garante de tales condiciones.

Ocurrió finalmente que las empresas ganaron mucho con los negocios, que no invirtieron, que la calidad de los servicios se resintió gravemente, que quedaron miles y miles de argentinos y argentinas excluidas del servicio (ya sea porque nunca llegaron o porque se los cortaron por falta de pago) y el Estado jamás controló ni las inversiones ni la calidad.

A mi me interesa en esta ocasión el caso del gas. Porque el viernes escuché nuevamente al gobernador Sapag defender los aumentos del fluido que –dice él- llegan a los sectores de mayores consumos, aunque según el informe de la Defensoría del Pueblo de Neuquén, el 52 por ciento de las presentaciones realizadas por el aumento en las boletas de gas, fue de personas que viven en barrios del oeste de la capital.

El oeste –debemos recordarle a Sapag- es el sector más pobre de la ciudad, y en donde viven casi los dos tercios de la población de la capital.

Las empresas privadas que manejan el recurso no invirtieron en exploración ni en transporte y pretenden que la población pague esa falta de previsión.

Veamos algunos datos históricos, que creo que son interesantes para ilustrar esta afirmación que hacíamos al principio:

  • Mientras la estatal YPF manejó los hidrocarburos, el horizonte de reservas de gas (es decir las reservas comprobadas) alcanzaban para 20 ó 25 años. Cuando las privatizadas se adueñaron de este recurso estratégico, ese horizonte bajó a los 12 ó 15 años. No era que se había acabado el gas. Ocurrió que la extracción del gas venía asociada a la del petróleo. De modo que como no había infraestructura de transporte, el gas se venteaba en esos fósforos a cielo abierto.
  • Durante la década menemista, se tomó una decisión bastante controvertida: utilizar el gas para abastecer usinas térmicas. O sea: usar el calor –para producir energía- para que los usuarios –la mayoría- se calienten. Calentar para calentar, una ecuación que va en contra de todos los protocolos internacionales sobre el calentamiento global.
  • En Neuquén se inauguraron varias de esas centrales en Puerto, Capsa, Alto Valle y Filo Morado.

Todos recordarán cuando Argentina –luego de haber tocado fondo en 2001 y  2002- empezó a levantar y el país comenzó a producir. Ahí se vaticinó el famoso apagón, que no se produjo. Pero la situación era delicada porque recién en ese momento, se descubrió esto que dijimos más arriba: las empresas privadas que manejaba los recursos, tanto para su explotación, distribución y transporte, no habían hecho las inversiones necesarias. Ni siquiera aquí, en Neuquén, la cuenca de gas más grande de Latinoamérica.

Hasta ese momento, mal que mal, existió en el país una política en materia de uso de los recursos energéticos.

  • En los 70 se construyeron las grandes centrales hidroeléctricas. El Chocón-Cerros Colorados, Arroyito. Yaciretá comenzó en esa época. También las primeras centrales nucleares en Embalse y Atucha I.
  • En los 70 se construyó el Neuba I, con gas de Neuquén para Buenos Aires. En la dictadura se construyó el Centro Oeste. Durante el gobierno de Raúl Alfonsín el Neuba II. Un gasoducto por década.
  • Cuando llegó Menem, se construyeron unas pocas centrales térmicas. No se hicieron gasoductos dentro del país. Se hicieron si, los que llevaban gas a Chile desde Neuquén y desde Mendoza para exportar excedentes. Claro que cuando tuvieron mejores precios en el mercado externo, dejaron de pensar en el interno y privilegiaron el negocio. Si no, pregúntenle a Sobisch que fue un férreo defensor de esa política de expoliación.

O sea que no se invirtió en transporte, y tampoco en exploración. Las reservas de gas se achicaron, no porque no existan, sino porque no era rentable para las empresas explorar.

¿Cómo se enfrentó esta crisis? El Estado se hizo cargo de las inversiones. Ya sea garantizando a las empresas privadas mejores ganancias como lo acaba de hacer Sapag con el aumento del gas en boca de pozo, o a través de fideicomisos que son las que financian tales inversiones  o directamente la importación de gas caro, porque las empresas locales no extraen.

Hay que observar que esos fideicomisos se constituyen con plata del Estado, de todos y todas nosotras. Y que en muchos casos –como en el caso reciente del gas- se financian a través de cargos especiales en las boletas del servicio. Es decir que este canon que pagamos, es para financiar las obras que las empresas no hicieron, y que el Estado jamás les obligó a hacer. Y –como dije al principio- ahora tenemos que pagar.

Otro dato que es interesante: siempre que se aumentó el gas en boca de pozo, el gas apareció. Como por arte de magia, las reservas se extendieron. ¿Extorsión? Si.

Como vemos, la política energética no es chicha ni limonada. Las empresas no perdieron ni lo harán. Yo dije la semana anterior, que las empresas ganan menos o mas, pero ganan. Pensándolo mejor, creo que ganan mucho siempre. Y el Estado pone la plata y hace pagar a los consumidores.

¿Esto es lo que defiende Sapag? ¿La imprevisión de los gobiernos nacionales y de los provinciales del MPN? ¿La fiesta menemista? ¿El sobichismo retardado?

Creo que nuestro gobernador debería ser más cauto. Y si no quiere confesar que –efectivamente- privilegia los intereses de estos grandes imperios del gas y el petróleo por sobre los de la sociedad, que por lo menos se haga el distraído y deje de atacar a los usuarios que nos negamos a seguir pagando la fiesta de otros.

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