Habla de Zanón sin decir expropiación

ARCHIVO

No levanta las banderas ni dice lo que hay que hacer. Deja que sea el espectador quien decida. Virna Molina y Ernesto Ardito traspasan el mito de Zanón y logran lo que muy pocos han podido hacer: contar la historia reciente con un lenguaje diferente y desde una perspectiva propia.

Por Laura Heredia

Nota publicada en el periódico (8300) Plan B en Marzo de 2008

Es una de esas películas que te dejan pensando y que querés volver a verla para descubrir cabos sueltos. Con una estética de ficción, el documental sorprende, atrapa y emociona. A través de Zanón, reconstruye la realidad social y política de la provincia sin perder de vista la historia del país. Durante la proyección, la gente revive cada momento coyuntural al tiempo que encuentra un espacio para resignificarlo.

Los hechos son los que marcan la historia de Zanón. El personaje no es uno solo. Es el colectivo, el grupo de trabajadores. La cocina, la carpa de ventas, la reunión de coordinadores, el taller mecánico, los hornos, el refrigerio… en todos lados pasa algo y es simultáneo. Es como ver una novela pero con la fuerza de que los actores son los trabajadores y los hechos, reales.

Corazón… Profundiza en la fábrica y su dinámica al tiempo que analiza de que forma la organización está atravesada por las políticas del Estado y la vida de sus obreros. El trabajo en los grupos, la cotidianidad de las familias. El cambio resuena por todos lados y repercute en el proceso.

Al igual que Zanón la película genera amores y no tantos… Molesta porque hace ruido. Busca los detalles que son comunes en cualquier espacio laboral para lograr la identificación de quienes no son militantes. “Si uno hace algo para fortalecer el mito, lo aleja y entonces la gente piensa que es perfecto, único pero inalcanzable. Si uno lo cuestiona, lo humaniza, el proceso se hace real y es posible imaginarlo en otros lugares” explica Virna Molina.

Durante dos horas, el documental muestra como hombres y mujeres hicieron de esta experiencia una lucha digna de ser mostrada en una película. Arranca de cero pero sin ser un relato cronológico; cruza ejes temáticos para explicarle a quienes no conocen o no entienden, como es posible la gestión obrera de Zanón. Así sorprende con un obrero que deja la gestión obrera para irse a una petrolera; un compañero que confiesa que rindió para ser policía y un es supervisor que volvió con la gestión obrera y cuenta como fue torturado por la triple a en el cordobazo.

Y va más allá. Indaga en aspectos tan reales y molestos como los que sufre cualquier trabajador: la traición de un dirigente sindical o la falta de respeto hacia las compañeras. Reflexiona acerca de cómo puede socavarse la democracia cuando la información se concentra en unos pocos.

El relato avanza y por momentos se detiene para mirar hacia atrás, en la historia del movimiento obrero.  A diferencia de otros documentales, Virna y Ernesto entienden que la experiencia de los ceramistas trasciende el marco de las fábricas recuperadas. Desde la Patagonia Rebelde hasta el asesinato de Carlos Fuentealba. La policía, el aparato coercitivo del gobierno ha servido para reprimir trabajadores. Entonces la película mira hacia el costado y ve otras luchas como la de Lafsa y subterráneos.

Corazón de fábrica explica sin vueltas en que consiste la política de Zanón hacia los jóvenes. Denuncia la violencia a la que son sometidos día a día los chicos y adolescentes: el desempleo, la agresión de la policía, la falta de oportunidades… Crogmanon. Es entonces cuando las imágenes del recital de La Renga muestra que las cosas se pueden hacer bien.

Nada es por arte de magia, el control obrero de Zanón es real y puede llevarse adelante en otros lugares.

Para eso, primero hay que entender que Zanón no es un mito. Es una experiencia de lucha, una más pero la única que se ha mantenido por tanto tiempo, sin jefes ni patrones. Es una experiencia para divulgar en profundidad para que otros vean como es posible.

Por qué no hablar de la expropiación.

Los días vividos en Zanón hicieron que Virna y Ernesto pudieran ver más allá de lo que habían conocido acerca del conflicto en Buenos Aires y comenzaran a preguntar que hay detrás de cada consigna.

Así fue como luego de 4 años de investigación, tres meses en Zanón, con más de 100 horas de rodaje y dos años de montaje, tomaron la decisión de no hacer hincapié en la propuesta que los ceramistas entienden como la solución definitiva.

Hoy la expropiación es la salida concreta del conflicto en lo legal pero el proceso de gestión obrera que aborda el film la trasciende, no se agota con ella.

Había que lograr una síntesis en el relato que llegara a un público masivo ya que el objetivo es hacer de Corazón… una verdadera herramienta de lucha.

Con la premisa de que el cine es un medio masivo de difusión y que el lenguaje audiovisual gobierna el imaginario social de nuestros días, los realizadores se concentraron en la posibilidad de cambio.

Zanón es posible y la transformación es una necesidad concreta. El agotamiento del sistema se verifica a cada momento. Cualquier chico sabe que el planeta está siendo devastado por las políticas económicas.

Una de las tesis iniciales de la película sostiene que el cambio político va de la mano de una transformación en lo personal. En este sentido, las relaciones humanas son fundamentales al momento de construir una experiencia de organización.

Es necesario ver al otro como un igual en las condiciones laborales, en los conflictos familiares, en otros lugares, en otras épocas. En fin, reconstruir lo que el sistema capitalista fragmenta, separa y aísla.

Para esto, los realizadores pusieron todo su conocimiento del lenguaje audiovisual para que el mensaje, la idea, el concepto llegue al que está viviendo la película. El ojo no pierde de vista el movimiento, los colores y el cerebro ve mucho más allá cuando la música y los sonidos confluyen en un concepto, una sensación, una idea nueva.

(Recuadro)

Los documentalistas también se organizan

Luego de haber conocido en profundidad la experiencia de Zanón, Ernesto y Virna se sumaron en el 2006 a la formación de DOCA, una Asociación que agrupa a  documentalistas argentinos. Trabajan  con el propósito de lograr un cine que se apropie de las diferentes formas de producción y distribución. Una de las premisas de DOCA es solidarizar el acceso a la información y compartirla.

Fruto del trabajo colectivo se obtuvo un nuevo espacio de financiación estatal para el cine documental. Ahora el INCAA acepta evaluar proyectos de realizadores sin necesidad de asociarse a una productora. Esto rompió el monopolio de un grupo que controlaba el acceso a los recursos estatales.

Deja un comentario