Caras y caretas

Pobre la palabra, POPURRI

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El escritor José “Chiquito” Moya – autor de QTH Zanón y Sueños en Rojo y Negro – nos honrará cada sábado con sus aguafuertes neuquinas. Aquí, la primera.

Algo invade mi ventana. Son rostros gigantes, sonrientes, brillantes. Van con música y ruido. Alarmado salgo a la calle corriendo. Pero nadie me ataca. Parece. Sólo se trata de un carricoche con las caras gigantografiadas e iluminadas por extraño artificio, de varios candidatos a.
Mi vecino Alterego también ha sido impactado. Que es lo que se busca. Punto para los propagandistas. Nos miramos en la vereda desde el ya sedimentado asombro. Y como no queda más remedio abrimos una cerveza para concentrarnos en el análisis de los hechos. Esta vez me toca empezar a mí:

–Dicen (es una información que literalmente me cae del éter) que los bebés se ríen no de alegría sino porque es su única defensa. Pregunta: ¿por qué se ríen los candidatos políticos? ¿De qué se están defendiendo?

–A mí lo que más me preocupa es el espacio. La cosa espacial. Tantas cosas que se podrían decir en lugar de esas caras. Recetas de cocina; técnicas para cambiar las ruedas del coche; cómo plantar césped; recordar próceres olvidados; consejos de educación sexual.

–Sin embargo, amigo mío, no debemos ser injustos. Esas caras que vimos pasar (y las que veremos hasta el día de las elecciones) están trasmitiendo un mensaje. Por eso se sonríen. Es un mensaje de bienestar. ¿No viene bien un poco de bienestar aunque sea ajeno? Mirar a un tipo triunfador.

–Usted lo dijo, Don Loco, la cosa es mirar. ¿No se preguntó si lo que está pasando en realidad es que estas personas nos miran a nosotros? ¿Y que se ríen porque lo saben?

Alterego dejó en suspenso la última pregunta que vino a coincidir con el último trago de cerveza vespertina que pedía más. Ha tenido delirios persecutorios pero creí que los había superado. Ni creo que conozca la verdadera historia de Gran Hermano. En estos casos lo mejor es seguirle la corriente.

¿Usted dice que ellos saben que sabemos? ¿Usted dice que si saben que sabemos por qué lo siguen haciendo?

–Ni más ni menos. Por eso usan las caras y no recetas de cocina, ni consignas. Usan las caras como armas.

–Dar la cara –repetí como fascinado por el descubrimiento – nos están diciendo que ellos serán lo que sabemos que son …pero dan la cara.

–Eso es lo que nos cobran.

La segunda cerveza de la tarde sufrió la acelerada de la elaboración teórica. A lo lejos el carricoche seguía paseando los candidatos a, bamboleándolos allí donde no había llegado el pavimento.

–¿Sabe qué, Don Loco? Usted dirá que soy chapado a la antigua, pero prefiero los viejos carteles de papel. Uno le podía dibujar bigotes; le podía pegar otro cartel con otro candidato encima; lo podía arrancar cuando todavía estaba fresco o de puro aburrido cuando esperaba el colectivo. Ahora nada. Se me hace que estamos perdiendo algo, compadre.

–Claro, perdemos mucho. Porque cuando las elecciones pasan los candidatos de papel siguen pegados ahí, nadie los saca. A veces pasan meses y hasta años y los candidatos de papel siguen ahí, en la medianera de la otra cuadra, en la columna alta de cemento, en ese lugar insólito de la ciudad. Y con el engrudo va un pedacito de la esperanza que le tuvieron entonces. Y da más bronca, o pena. Vaya a saber.

–Podemos convenir en que ahora se trata de candidatos virtuales.

En una democracia todos somos candidatos virtuales.

Siempre y cuando seamos fotogénicos.

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