7 años de Zanón: Cómo construyeron el mundo posible

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El pasado 29 de septiembre se cumplieron los 7 años del momento en que llegaron los telegramas de despido a los 250 trabajadores y trabajadoras de la fábrica Zanón. Aída Guayquimil, Miguel Ramírez y Reinaldo Gimenez, que trabajaban en la fábrica desde hacía años al momento de la quiebra, cuentan cómo fue el gran cambio que significó trabajar para Luigi Zanón a trabajar sin patrones en FaSinPat.

Por les (8300)

Publicada en el periódico (8300) Plan B en Octubre de 2008



La lucha previa

¿Se imaginan volver a trabajar para patrones? Reinaldo Gimenez, mira hacia arriba como intentando imaginar cómo era eso de trabajar para enriquecer a una persona de nuevo en vez de decidir políticas de empresa solidaria. Entonces ríe y responde: “Va a ser un problema, por el hecho de que si le piden antecedentes nuestros a Zanón, no nos va a querer tomar nadie por quilomberos, cuando en realidad estamos defendiendo con dignidad lo que nos pertenece y nada más.”

Según Reinaldo el comienzo de la crisis se ubica en mayo de 1994: “Yo era delegado y el primero de mayo nos proponen un aumento del 14% si bajábamos los costos de producción, la luz, el gas, los esmaltes, etc. La mitad del aumento se pagaba por mes y la otra mitad era acumulativa y se pagaba a fin de año. Me acuerdo que la gente corría adentro, todos a los gritos para que se apagaran las luces para no gastar tanto. 10 días antes de que Zanón tenga que pagar lo acumulado en diciembre, un compañero en complicidad con la empresa, tiró 5.000 litros de esmalte y perdimos el aumento. El malestar comenzó a manifestarse en todos”.

En ese momento Zanón facturaba entre 54 y 60 millones de dólares por año, recuerda Miguel Ramírez. “Paralelamente iban generando la deuda que llegara a 80 millones de dólares al momento de la quiebra. Para mi un valor equivalente al de 10 fábricas está en los bancos de Suiza a nombre de Zanón. Esa es plata del pueblo, por eso decimos que la fábrica es del pueblo porque Zanón no pagó la luz, no pagó el gas y encima no pagó los créditos del la provincia”, dice.

El día de los telegramas

Cuenta Reinaldo que la llegada de los telegramas los sorprendió a todos y explica por qué: “Ya la veíamos mal. Recordemos que con el (parque de diversiones) Italpark, Zanón había hecho lo mismo y dejó a toda la gente afuera sin pagar indemnización. Pero cuando nos tocó a nosotros nos sorprendió muchísimo porque hizo tanto dinero en Neuquén, se sirvió tanto de la provincia y de los créditos, que nadie creía que se podía llegar a ir”.

Miguel interrumpe y denuncia: “Después nos enteramos que la intención de vaciarla estaba hace rato, hacía 5 años que no se hacían los mantenimientos ni las reparaciones de las máquinas y los planos de gas estaban desde el comienzo en un 50%. Es más, yo diría que estaba predestinada a que durara 20 años y chau. Se hizo con las promociones industriales de los ochenta y siempre al amparo de los estados.”

Aída Guayquimil era una de las 8 mujeres que trabajaba en la fábrica en ese septiembre del 2001 y reconoce que tuvo miedo al momento de tomar la fábrica, pero fue por un ratito nomás:

“Cuando recibo el telegrama me sorprendí, el telegrama no decía nada de una indemnización ni nada. Tenía 20 años de antigüedad y pensaba en qué iba hacer sin trabajo y sin un peso. Al otro día nos reunimos todos y tomamos la decisión de entrar y ponernos a trabajar. Recuerdo que Raúl Godoy dice ‘y bueno vamos a entrar a trabajar’ y entré con miedo porque le tenía miedo a la policía. Pero al ver a todos mis compañeros tan unidos, eso me dio fuerzas, de otro modo no hubiera entrado nunca”.

“Mi deseo –dice- es que la fábrica siga y que mi hija entre a trabajar. Que se llene de jóvenes. Nosotros nos vamos a jubilar pero tenemos que dejar sembrado. Es un orgullo que obreras y obreros haya luchado con valentía para sostener los puestos de trabajo. Ganamos una batalla pero no la guerra, pero confiamos en que la vamos a ganar.”

Un agradecimiento infinito

Pensamos en preguntarles sobre aquellos recuerdos especialmente guardados en la memoria de cada uno. Suponíamos que surgirían temas personales y familiares sobre angustias y alegrías. Los momentos en que su lucha fue noticia en todos los medios, incluso en el exterior. El encuentro con algunos de los intelectuales y documentalistas del mundo que visitaron la fábrica, o con alguno de los tantos músicos famosos que cantaron solidarios en el patio de la cerámica. Pero no. Los tres guardaron, con la emoción que todavía brilla en sus ojos, el momento de la gente llevándoles comida en el momento más difícil, hace 7 años. Familias pobres de la meseta o de Parque Industrial llevando torta fritas por las mañanas y la comida que mandaban los encarcelados de la U11. Fue tanta la comida juntada en un trailer, también prestado por el vecino Daniel Andino de Centenario, que tuvieron que salir a distribuir los alimentos entre los vecinos más necesitados. “La mochila que llevamos es muy grande –concluye Reinaldo- por todo el pueblo que nos ayudó y por todos los trabajadores que necesitan que esto siga para seguir sintiéndolo posible.”

Rescate

A poco de vencerse el plazo del manejo de Zanon a cargo de los obreros y obreras, el gobierno de Jorge Sapag va inevitablemente camino hacia la expropiación de la fábrica. No por propia voluntad sino porque las cuentas, convertidas en doctrina de gobierno, indican que es el mejor camino antes que garantizar el cobro a los acreedores “privilegiados” de Luigi Zanón. Hoy desde el Ejecutivo piensan en la letra chica y en el modo de comunicarlo. No se descarta que la expropiación sea llamada “rescate” para estar mas a tono con la pátina formal que el modelo internacional capitalista eligió para llamar a la intervención del estado.

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