“Desde la lógica del vaciamiento y del saqueo, la reproducción social no interesa”

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Entrevista al Trabajador Social Jorge Borgognoni, coautor, junto a Ricardo Chirico y Gabriela Suppicich, de Nuevas historias de una vieja lucha, trabajo editado recientemente por la Universidad del Comahue, en el que se analiza el fenómeno de las empresas recuperadas, y donde la palabra mayor la tienen, no podía ser de otro modo, los propios trabajadores.

Por Sergio Chirico

Entrevista publicada en el Periódico (8300) Plan B en Diciembre de 2006


El fenómeno de las empresas recuperadas ¿se debe a la toma de conciencia de los obreros, empujados por el temor a perder sus empleos y su poder de organización, o al agotamiento del salvaje sistema neoliberal impuesto en la década del ’90 ?

Dichos factores no son excluyentes sino concurrentes. Este proceso no puede ser explicado como un resultado monocausal, lineal, e incluso es posible que el agotamiento del modelo implique un elemento potenciador, que aparece posterior o concomitantemente, según el caso. Pero es tan cierto que cada caso es diferente, como también, que todos y cada uno de ellos, ocurrieron en un momento histórico, en una coyuntura determinada y que contenía, entre otros, estos elementos. Vale hacer algunas aclaraciones; los obreros no se enfrentaron al “temor” de perder sus empleos, sino que esto era algo seguro. Respecto de la toma de conciencia y el grado de organización, estimo que se dieron de modo diferente en cada experiencia; como ejemplo, diría que en Sasetru, por el hecho de tratarse de una empresa ocupada por trabajadores desocupados con composición militante, la toma de conciencia y la organización, estuvieron presentes desde un principio. Algo similar ocurre con los obreros de la ex –Zanón, cuyo núcleo de trabajadores, con mayor militancia, poseían un grado de organización importante y promovieron cierto tipo de conciencia.

¿ El fenómeno de empresas recuperadas por sus trabajadores, es una expresión de la lucha por los derechos que el Estado reconoce en la letra y niega en la práctica ?

Queda claro que el propio Estado, a través de la Constitución, reconoce al trabajo como un derecho. Pero, de todas maneras, los trabajadores sabían (y quienes no, tuvieron que aprenderlo), que  el reaseguro de esa prerrogativa, el ejercicio concreto de ese derecho, depende directamente de su pelea, de su lucha por exigirlo, y en los casos a los que nos abocamos, de ejercerlo. Yendo más allá del rol que el capital les ha asignado históricamente como trabajadores, debiendo enfrentarse a mandatos establecidos y a los abusos del capital. Yendo en definitiva, contra el propio Estado, para que ese derecho en la letra, no duerma el sueño de los justos. Obligando a su inclusión, en la agenda pública. Y para eso hay que luchar, y mucho.

¿Qué otras expresiones de lucha por los derechos reconocidos por el Estado y no garantizados, podemos encontrar?

Las expresiones de lucha se multiplican y diversifican cada vez más, paralelamente a los problemas que el sistema provoca. Las clases dominantes, con la connivencia del Estado, han multiplicado las problemáticas; es lógico y sano, que los sectores afectados respondan luchando. Los campesinos santiagueños, los movimientos ecologistas, las organizaciones de desocupados, y en su momento, las asambleas populares, entre tantos otros son, cada uno con sus características peculiares, claros ejemplos de esa lucha. Admitiendo singularidades, evidentemente existen condiciones unificantes para las mayorías, que forjan esta diversidad de emergencias.

¿Por qué la sociedad, en general, apoyó estas luchas? ¿Qué aportan al resto de la sociedad?

Los trabajadores fueron ganando terreno en una sociedad muy resistente a superar el individualismo y la alienación neoliberal. Fueron de menos a más, en la medida en que se animaban a reconocerse capaces de ir más allá de los límites de la propia empresa. Informando y socializando, los demás sectores se fueron acercando. Y reconocieron la legitimidad de los reclamos de los trabajadores, al participar y brindar apoyo.

En relación a lo que estas luchas aportaron al resto de la sociedad, considero que los trabajadores se dieron a una política de saltar el propio cerco, interesarse en la resolución o en la búsqueda de superación de distintas problemáticas, conflictos y luchas, de otros sectores sociales. Fueron adoptando, cada vez más, una actitud militante amplia, acorde a los valores que pregonaban. Se dió un proceso creciente, de intercambio de estos trabajadores de empresas recuperadas con otros. Pero sobre todo, este intercambio se dió con sus comunidades, donde fueron encontrando, alimentado, el reconocimiento a su protagonismo, a su importancia, y que les otorgó también la continencia necesaria para seguir. No es poco lo que han hecho, sobre todo, si tenemos en cuenta lo que significa hacerlo en el período que se desarrollaron estas experiencias; enfrentarse con un empresario y con el Estado, y construir desde otra lógica. Nos han enseñado, incluso aquellos que a priori se presentan “menos revolucionarios”,  que luchar siempre es digno, que vale la pena hacerlo, incluso en las condiciones a priori más adversas. No obstante, me parece que estas experiencias todavía son muy cercanas, y no logramos ponderarlas en su real magnitud; como si se tratara de un gran cuadro con el cual, para apreciarlo, hay que guardar una distancia suficiente. Un gran cuadro dinámico, cambiante. Un cuadro que lamentablemente, muchos son los interesados en que no se vea, y aún muchos más, los que desconocen su existencia.

Si ciertas medidas de flexibilidad laboral, como las tomadas en los ‘90 (reducción de salarios, flexibilidad en los horarios laborales a cumplir, mayores facilidades para despedir personal, menores obligaciones para contratarlo, entre otras), priorizan a los objetivos de la acumulación en lugar de las necesidades sociales, ¿no se desnaturaliza el objeto, el sentido del trabajo, que es en realidad satisfacer las necesidades racionales y legítimas de la colectividad y no la acumulación de bienes?

Ese objeto del trabajo que mencionás, poco o nada tiene que ver con las concepciones del empresariado involucrado en estas experiencias, el Estado, y en general, con las de todos los que abrevan de la fuente neoliberal, principalmente en los ´90. Para ellos, la acumulación es lo único que importa, a cualquier costo, como sea, incluso a través del saqueo, como en la acumulación originaria. No existe eso que algunos llaman “capitalismo serio” ni la supuesta competencia. Desde la lógica del vaciamiento y del saqueo, la reproducción social no interesa. No se trató de la burguesía nacional planificando la Argentina industrial, con su respectiva trama de reproducción social y el perfil de obreros necesarios. No se trató de nada que pudiese tener que ver con pensar desde tu planteo, desde otro sentido del trabajo y desde las necesidades colectivas; fue la política de “el último que apague la luz”.

Con todas estas medidas flexibilizadoras de las obligaciones patronales, ¿no se está, encubiertamente, realizando una transferencia hacia el asalariado, de riesgos que corresponden al empresario? ¿No es más del viejo dicho “socio en las pérdidas, pero no en las ganancias”?, ¿Por qué el Estado permite, y en algunos casos propicia, estas medidas?

Está muy relacionado con lo que hablábamos antes; para el capital, riesgo cero. Y para el trabajador, te diría que, aunque parezca irónico, el riesgo era lo menos grave, porque hablar de riesgo supone alta probabilidad de ocurrencia de algo no querido, negativo, dañino, pero a su vez, deja un margen, por pequeño que sea, de que eso no ocurra. Pues bien, para los trabajadores asumir riesgos en la gestión de la empresa, en el trabajo, sin tener certidumbre  de hasta cuando, con qué ingresos, desde qué organización, con que apoyos, etc., fue una apuesta sensata ante la certeza de lo que les esperaba si no lo intentaban; ¿qué cosa podía ser peor que no intentarlo?. Ese viejo dicho debiera actualizarse a partir de la política de los ´90, y sería: “ni siquiera socios, para los capitalistas todas las ganancias y para los trabajadores las desgracias”.  Respecto del por qué el Estado permite esto, es porque el Estado está vestido de negro, y no por árbitro, sino por enterrador, matador y sepulturero de las mayorías, una condensación de poder de los sectores hegemónicos.

¿Cuál es la razón por la cual la mayoría de empresas recuperadas asumen la figura de cooperativas?

Porque el Estado no contempla figuras jurídicas que contradigan su lógica y su esencia. Entonces los trabajadores, no por convicción, salvo excepciones, y sí por necesidad, se aferraron a la receta menos nociva posible, dentro de las viabilidades que ese Estado prevee. En algunos casos, los trabajadores la adoptaron como cuestión estratégica y momentánea. Los trabajadores de la ex Zanón, por ejemplo, han presentado un proyecto en la Legislatura provincial para la expropiación bajo control obrero; mientras tanto, la cooperativa implica un poco de oxígeno y tiempo. Además, cuesta imaginar figuras alternativas. Y tampoco sabemos si actualmente, en aquellos casos donde la figura de cooperativa no termina de convencer, se está dando el debate sobre alternativas a exigir. Creo que no, dado que las urgencias que los trabajadores deben resolver día a día, les ponen coto a este tema.

El que los sindicatos, salvo en el caso de Zanón, acompañen poco y nada a los trabajadores en su lucha de recuperación de empresas, ¿no pone en el tapete las viejas sospechas de connivencia con la patronal?

Considero que a esta altura debieran quitarse del tapete las sospechas, para instalar certezas.

¿Por qué cree usted, que las personas que participaron en la lucha por la recuperación de empresas, fueron en su gran mayoría obreros y no personal administrativo?

Debería contar con más elementos de análisis para contestar esto. No obstante, hay algunos aspectos que me parecen importantes al momento de imaginar una respuesta. Creo que habría que indagar en las probabilidades que los administrativos creían que tenían, de conseguir un nuevo trabajo, y comparar estas percepciones, con la de aquellos trabajadores que optaron por los procesos de recuperación. Pero sobre todo, y lo probablemente más importante, sea indagar en la diferenciación en el interior de algunas empresas; principalmente en la industria, donde los administrativos no suelen autoidentificarse como trabajadores y menos aún como “obreros”, y para los que suelen preservarse mejores condiciones de trabajo, promoviendo proximidades y relaciones con estamentos gerenciales, de conducción, propietarios, etc., y fomentando afinidades, lealtades y otras influencias patronales.

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