La infiltración norteamericana

Otra Vista Social Clú, POPURRI

otra-vista-social-cluUribe pretende instalar en el Cono Sur la política pergeñada en 1998 con el Plan Colombia. Con más rechazos que adhesiones, el presidente colombiano llega al país.

Por Pablo Scatizza

Pocos medios han dado cuenta de un hecho que resulta de extrema peligrosidad para la soberanía de los países latinoamericanos, y es la autorización del presidente colombiano Alvaro Uribe a Estados Unidos, para que instale en el territorio de ese país siete bases militares. La excusa, como lo ha sido siempre, es la lucha contra el narcotráfico, y Uribe se encuentra de recorrida actualmente por los países del cono sur tratando de convencer a los mandatarios regionales de las “bondades” que esta medida traerá consigo.

Frente al único apoyo de su par peruano, Alan García, y al silencio de las mandatarias argentina y chilena, Cristina Fernández y Michelle Bachelet, los presidentes Hugo Chavez y Evo Morales  no dudaron en repudiar la decisión de Uribe, que significa un paso más en la consolidación de la expansión hegemónica -ya no sólo política sino militar- de Estados Unidos en este continente latinoamericano.

Una expansión que en términos oficiales comenzó a cristalizarse mediante el Plan Colombia firmado en 1998 entre los entonces presidente Andres Pastrana y Bill Clinton, que tras la fachada de erradicar la guerrilla colombiana y controlar el tráfico de droga en ese país tiene el objetivo último de acaparar los recursos económicos de la región e de intervenir en el control geopolítico.

Quien también salió rápidamente a cuestionar esta decisión fue el ex presidente Cubano Fidel Castro, quien en una extensa y clarificadora carta titulada “Siete puñales en el corazón de américa”, explica los alcances de esta medida.

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