El tiempo de desalambrar

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En el norte neuquino los alambrados caminan. Serpentean entre la complicada geografía y -casi como al descuido- se cuelan en las tierras  que los crianceros ocupan desde hace décadas. Una vez allí aprietan, ahogan y expulsan a los antiguos habitantes. Hombres y mujeres con poder manejan estos pentagramas de acero. Pero la resistencia de la familia Faundes al avance del los hilos de acero pareciera ponerle fin a esta historia de dominación. (8300) estuvo en los campos de Las Lagunas y participó de la reunión de la Mesa Campesina, el germen de la rebeldía.

Enviados especiales: Jorge Ariza y Fabian Bergero
Publicada en 83000 Plan B Nº10 abril de 2006

Sin paso

Don Alejandro Aroca, un puestero de Chorriaca, se sube a nuestro auto en las puertas de ese paraje ubicado a 80 kilómetros de Chos Malal. Aroca está estragado por el reuma que –dice- le causó su trabajo en las minas del norte.

Vamos camino a Las Lagunas, un paraje ubicado a 30 kilómetros de Las Ovejas, por la ruta 43, donde se está por realizar la reunión de la Mesa Campesina, la organización de los crianceros del norte neuquino. Vamos a los campos de los Faundes, la familia que le ganó las tierras al avance de una poderosa abogada chosmalense.

Don Aroca resultó un perfecto baqueano para describir lo que ocurre en esta zona al sur de Chos Malal.

De pronto el auto se detiene. De frente avanzan dos crianceros a caballo con unos cien animales por arriba de la ruta. Emprenden el camino hacia las tierras bajas, donde los chivos deberán aguantar penosamente el invierno. Esos animales en el camino son un riesgo enorme tanto para los arrieros como para los cientos de vehículos que circulan por la ruta 40.

–          ¿Por qué no van por debajo de la ruta?, preguntamos.
–          ¡Porque no pueden, no los dejan! explica Aroca.
–          ¿Por?
–          Porque el alambrado se pegó a la ruta. ¡Si se subió hasta los guardarails!
–          ¿Quién es el dueño de estos campos?
–          Estas tierras son todas de Marcelo Pessino, asegura.

Pocos metros más adelante comprendemos lo que nos decía: el alambrado corre pegado a la ruta, y se sube en cada guardarail para hacer imposible el paso. No está dispuesto a permitirle el paso a nadie. Ningún animal podrá traspasarlo. El alambrado es muy poderoso. A tal punto que nadie en Chos Malal se anima a obligarlo a hacerse para atrás. Ni aunque ponga en riesgo vidas humanas como lo está haciendo.

Casi 40 kilómetros más adelante, Don Aroca nos señala una línea imaginaria: “acá terminan las tierras de Pessino”, dice. El hombre es dueño de todo por aquí. Y por lo visto, hace lo que quiere. (ver recuadro)

Pero el alambrado no descansa. Sigue imparable secuestrando la belleza y el potencial económico del norte neuquino. Antes y después de Chos Malal. En La Primavera, otra zona propiedad de Pessino. Sigue pasando Andacollo. En las puertas de Huinganco. En las Ovejas. El alambrado es tan implacable como infinito.

El camino de tierra que inunda de polvo nuestro vehículo nos muestra un paisaje de ensueño. A nuestra derecha, la  majestuosa Cordillera del Viento. Hacia la izquierda, el río Nahueve, otro secuestrado por el tenso alambre, y por el que nadie clama rescate.

Por ese inhóspito camino llegamos hasta las tierras de los Faundes, los actores de esta historia que –para muchos- es el principio de algo nuevo en esta zona completamente abandonada por el gobierno provincial.

Lo que sigue es una síntesis de los hechos que comenzaron en la primavera del año 2003.

Tierras tomadas

Los animales estaban flacos. Demasiado. Algunos habían muerto porque no lograron soportar el duro invierno en los campos de invernada. Como cada año, los Faundes, la familia de Antonio, Obdulia y sus once hijos, decidió emprender el regreso hacia sus campos de Las Lagunas, a pocos kilómetros de la frontera con Chile. Allí, en las tierras altas de la Cordillera del Viento, pasarían el verano engordando sus animales con las pasturas frescas que resguardó la nieve.

Pero cuando llegaron al campo, notaron que el alambrado había caminado por allí. El encordado de acero les había secuestrado 250 hectáreas de excelentes pasturas, de un total de 800 que tienen las tierras de la familia. En la entrada había una tranquera cerrada que les impedía ingresar con sus animales, ya a punto de morir.

Una abogada de Chos Malal, Ramona Parada, dijo que le había comprado esa porción de campo a Ninfa Rosa Tillería, quien decía ser la propietaria de estas tierras” recuerda Juan Faundes, el vocero de los once hermanos.

La compra se había realizado por un total de 5 mil pesos. Es decir a 20 pesos por hectárea.

Nada por aquí

Las dos mujeres firmaron un contrato de compra venta, que le sirvió a la abogada para reclamar ante la dirección General de Tierras de la provincia un permiso precario de ocupación. Antes, claro, hicieron una inspección ocular para confirmar que las tierras estaban vacías.

Hicieron la inspección en octubre de 2003 y encontraron el campo vacío, porque siempre en esa época los crianceros nos vamos con los animales a los campos de invernada, en tierras bajas” explica Juan.  La trashumancia, es decir el traslado de los animales desde tierras altas en verano hacia tierras bajas en invierno, es algo tan natural en esta zona como que el sol sale por la mañana.

Pero a diferencia de muchos de los crianceros que sufren el mismo avasallamiento y dejan sus tierras ancestrales, los Faundes decidieron resistir. Se metieron adentro de los campos usurpados con sus desfallecientes animales y buscaron ayuda hacia fuera. En Neuquén, la gente de la CTA les dio su apoyo legal y táctico. César Sagredo, secretario de Organización, viajó a los campos de Las Lagunas y se unió a la familia.

Si quedaban afuera del campo se morían los animales. Venían de la invernada. Los chivos estaban muy flacos y ellos muy cansados de aguantar el invierno” recuerda el dirigente gremial. Explica también que frente a ellos no había una simple abogada: “Ramona Parada fue candidata a diputada por el sobichismo. Es abogada de todos los municipios del norte de la provincia. Y todo ese poder lo ejerció para quedarse con las tierras”, dice.

El 11 de marzo de 2004, la familia denuncia los hechos en Tierras para que se expida sobre la propiedad de los campos (lote 1/10, Fracción B sección XXXIII del Paraje Nahueve) que ocupan desde más de una década.

La Mesa Campesina

En medio de la batalla legal iniciada hace dos años, Antonio murió. El 29 de marzo de 2005. Esto le afectó mucho. Le endureció la enfermedad que tenía, y dejó su vida peleando el campo” asegura su hijo Juan. Pero la familia decidió seguir la lucha.

Justo para esa época, se conformó en el norte la Mesa Campesina, una incipiente organización destinada a ponerle fin a los avances de los poderosos.

Juan Vázquez, miembro de la mesa, cuenta: “En principio se formó porque había mucho problema en el campo con la tenencia del la tierra  y por falta de políticas de Estado para el desarrollo de los crianceros”.

El entonces obispo neuquino, Agustín Radrizzani, se hizo eco de estas demandas y le pidió a los sacerdotes del norte una solución. Se creó el Equipo Diocesano de Pastoral Rural, el germen de la mesa.

“La mesa se va formando con representantes de distintos parajes, donde nos mandataba la gente para llevar los problemas de todo y así se le fue dando forma como para tener un bosquejo de la realidad de la mayor cantidad de lugares posibles” cuenta Vázquez.

–          ¿Cuál era el problema más grave?
–          La principal demanda tiene que ver con la tenencia de la tierra y con el avasallamiento de gente con dinero que se queda con los campos.
–          ¿Es algo muy común?
–          Si. Incluso a veces se venden los campos con la gente adentro. Ellos peregrinan por la dirección de Tierras en busca de soluciones, pero no obtienen respuestas.

–          ¿Y cuánto tiempo en promedio llevan viviendo en estas tierras?
–          Aquí hay familias que viven hace cien años en estas tierras.

Y se hicieron dueños de todo

Elena Godoy confirma lo que dice Vázquez. Integrante de una familia de crianceros de Las Ovejas, vive la mayor parte del año lejos de su familia, quienes permanecen en tierras  altas con los animales. “Nos dejan encerrados con sus alambrados. A mi no me dejan pasar para ir a la veranada, donde está mi marido y mis hijos”.

Saben que si dejan alguno de los campos, los pierden a manos de los alambrados. Pese a que hace años que habitan las tierras. “Esto era todo nuestro –dice entre lágrimas Elena-. Ellos vinieron después y se hicieron los dueños de todo”.

Pero el avance del alambre no tiene freno. Crece por todos lados e impide el paso de los crianceros con sus animales desde los campos de veranada a los de invernada y viceversa. “Estoy cansada de esto, pero nos tienen que dar el paso. Y ya no se a quién quejarme. Fui a tierras un montón de veces y no estaba el jefe que tenía que resolver el tema”, explica Elena.

En algunas zonas, el alambre les cobra peaje: hay que pagar tantos animales para poder pasar. Si no, no pasan. Resignados, muchos crianceros ceden a la extorsión porque saben que sus animales están demasiado debilitados como para dar un rodeo que puede significar cientos de kilómetros de mas.

La 035

Contrariamente a lo que marca la historia en estas tierras, el conflicto se dirimió para el lado de los Faundes. El 3 de marzo de 2006, la dirección de Tierras que depende del ministerio de la Producción, emitió la Resolución 035 en donde le da la razón a la familia,  y le revoca el permiso precario a la abogada Parada.

Fueron dos años difíciles. Las presiones y el acoso que sufrió la familia parecían no tener límite. ¡Hasta la policía llegaba a este alejado paraje para sacar los animales de los Faundes de las tierras que pretendía Parada! Todo el aparato del Estado atrás del avance de la abogada.

El festejo

Es el 25 de marzo de 2006, una fecha que aquí en el norte quedará fuertemente ligada a la resistencia. En los campos de los Faundes se reúnen unos 60 crianceros de distintos parajes del norte neuquino. Llegaron convocados para una nueva reunión de la Mesa Campesina, el lugar en donde dejan de estar solos e indefensos para pasar a estar juntos y con fuerza. El encuentro está matizado por la historia de la familia Faundes. Es un ejemplo que los alienta porque por primera vez ven que es posible ganar.

“Lo que hoy festejamos es un duro cuestionamiento a tierras. Tuvimos que contratar un abogado, pero a ese reclamo se le dio lugar y el permiso precario a la abogada hoy fue revocado” explica Juan Faundes.

Juan Vázquez también se emociona con este resultado, pero cree que este movimiento debe ser mayor. “Para los integrantes de la Mesa Campesina, que reune a unas 350 familias, el fallo Faundes ha repercutido muy bien. Pero hay 1800 familias en el norte neuquino, por lo que creemos que el impacto debe ser mayor”.

El abogado Mariano Mansilla fue quien tuvo a cargo la pelea legal con Tierras. Este es un caso emblemático porque juntos pudieron defender la tierra. Antes a muchos  los sacaron. Pero debemos tener presente que el derecho de prelación está consagrado en la Constitución, lo que significa que la  tierra es para los que estaban de antes. No para los funcionarios ni para los políticos como Ramona Parada, la abogada del poder”, dice.

Cada testimonio es aplaudido por los campesinos. Muchos nos hablan directamente a nosotros, los que venimos de la capital y nos estamos enterando del tema. Ellos quieren que esta historia se conozca en cada rincón de la provincia, violar el cerco informativo del gobierno, para que el ejemplo se repita en el sur, en el centro, en donde estos hechos se sigan repitiendo.

Cerca de las cinco de la tarde, un fuerte aplauso clausura el encuentro.

–          Ahora vamos todos a comer, nos invita un gaucho mientras se frota las manos.
–          ¿Pero ustedes no comieron ya?
–          Si, a la una, antes de la reunión. Pero ahora tenemos que comer otra vez. ¡Para festejar!

Dejamos nuestros equipos de periodistas a un lado y nos sentamos a la mesa a compartir el asado con nuestros anfitriones. Fuimos testigos de una historia que pocos conocen. Y estamos convencidos de que hay una buena razón para festejar: que en el norte neuquino parece haber llegado el tiempo de desalambrar.

Los Faundes

Antonio Narciso Faundes, el padre, falleció en marzo del año pasado. Su esposa, Obdulia, recibe las atenciones de sus once hijos: José, Juan, Juan José, Julián, Miguel, Octavio, Andrés, Raúl, Daniel, Cristina y Alejandro.

Amo y señor

Marcelo Pessino es uno de los nombres más repetidos en esta historia de avasallamiento de crianceros en el norte neuquino. Su mención remite a problemas. Serios. Pero las instituciones parecen estar irremediablemente de su lado, y por eso todo lo puede.

Dueño de las tierras de una gran porción del norte neuquino, el hombre llegó incluso a ser diputado provincial por esa región, durante el período 1995/1999 por el Movimiento Popular Neuquino. El único proyecto de ley que presentó en la Legislatura, fue uno que pedía que se eximiera del impuesto inmobiliario a las tierras productivas del norte neuquino. Para entonces, el hombre ya poseía cientos de hectáreas.

En setiembre de 2002, Pessino fue a juicio en una causa en la que se lo investigaba por usurpación e interrupción de aguas, un hecho ocurrido entre el 26 y 29 de enero del 2001 en perjuicio de la localidad de Andacollo. En pocas palabras, el hombre desviaba las aguas del Canal La Primavera que pasaba por sus tierras, y dejaba sin líquido elemento a toda la comunidad de Andacollo.

Durante el proceso llevado adelante por el juez Miguel Manso, se recolectaron pruebas irrefutables: videos, fotos y testigos daban fe del hecho denunciado por los concejales de Andacollo. Pero curiosamente, el fiscal de la causa, Guillermo Elfembaum, se olvidó de presentar esas pruebas. Y Pessino terminó absuelto. Todo el poder y toda la impunidad para un nombre cuyas arbitrariedades siguen marcando historia en el norte neuquino.

2 comments

  • No existe en el Norte Neuquino, NINGUN MARCELO PESSINO, La nota no tiene objetividad, es maliciosa y falaz, parece ser un aporte de un ignorante total con resentimientos y odios por el prójimo.-
    Cuando habla de los alambres que llegan a las alcantarillas, la construcción de las mismas fueron consensuadas con Vialidad Nacional, ya que es la única forma de evitar la rotura por inundaciones o tormentas que rompen alambrados y pasarían miles de vacas a las rutas provocando accidentes graves.

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