Sonamos: la Sociedad Rural tiene otro plan

Digo lo que siento

digo-lo-que-sientoEl presidente de la Sociedad Rural Argentina dijo que tenía un plan para el país. En realidad, la SRA ya implementó un plan: fue en marzo del 76. Y así estamos.

Por Fabián Bergero

La Sociedad Rural Argentina –creada en 1866 aunque ya de antes funcionaba como un grupo de poder en el país- tiene un plan. Un nuevo plan, diría. Lo anunció el actual presidente de la entidad, Hugo Biolcati, durante el acto de inauguración de una nueva edición de la tradicional muestra agropecuaria de la Sociedad Rural en Palermo, en donde se exhibe el potencial de este sector clave para la economía nacional.

Allí Biolcati dijo que ellos (la mesa de Enlace) tenían un plan para terminar con la pobreza. Y explicó que su discurso del sábado, era una especie de “hoja de ruta” para llevarlo adelante. Aseguró que ese plan lo presentarán en marzo (a la Sociedad Rural le gusta hacer cosas drásticas durante los marzos) y que está consensuado con los partidos políticos que ganaron las elecciones del 28 de junio.

¿En qué consiste este plan? Bueno, no hubo un detalle explícito, pero sí varias definiciones claras. Por ejemplo que el Estado es un mal administrador. Que ellos –la mesa de enlace, el campo, la Sociedad Rural, no entendí bien- le habían entregado al Estado más de 30 mil millones de dólares en los últimos siete años (toda la era kirchnerista) que iban a aplicarse en planes sociales y programas asistenciales, pero que su destino fue incierto.

También recordó que en el país, el 27 por ciento de los argentinos padecen hambre, que hay familias que revuelven tachos de basura en busca de comida y que esto era increíble teniendo en cuenta que el campo argentino es “una enorme fábrica de alimentos”.

Mientras escuchaba el discurso –que luego tuve que leer con más detalle- pensé que se trataba de la Sociedad de Beneficencia, pero volví a mirar los videos de la presentación y era –efectivamente- Hugo Biolcati el que hablaba desde el palco de la Sociedad Rural, acompañado por Macri, De Narváez y otros amigos de la nueva y paqueta derecha argentina.

Si bien –como dije- el plan no fue explicado en detalle, me alcanzó con lo poco que se dijo y lo mucho que se mostró para comprender en qué consistía el plan que se presentará en marzo. ¿Será para el 24? No creo.

Imagino que desde ese palco, Biolcati vio al Estado grande e ineficiente, y consideró necesario achicarlo y hacerlo más eficiente. Como es tradición en argentina, la eficiencia es enemiga del Estado. O para ser más claro: el Estado es enemigo de la eficiencia. Por lo tanto, hay que privatizar. Y calculo que para eso, estaban ahí abajo Macrio, De Narváez y friends, hombres que se hicieron millonarios con las privatizaciones en nuestro país.

Del discurso deduzco también que el dinero que administre el Estado, debe ser destinado a programas asistenciales y planes sociales. Porque ésa es la función del Estado: asistir a los pobres para que no dejen de ser pobres, pero que no se quejen. La idea de la distribución de la riqueza (que comparte el gobierno actual) pasa por darles más planes y no por crear las condiciones reales para que esa gente deje de ser pobre. ¡Ojo! No hablamos de que esa gente sea rica. Apenas que deje de ser pobre.

Otro elemento interesante es que el campo es una enorme fábrica de alimentos. Tal vez Biolcati no lo sepa porque debe tener apenas 60 años, pero el campo es una fábrica de alimentos desde hace dos siglos. El problema es que nunca repartió esos alimentos para que dejen de haber:

1)      pobres

2)      gente con hambre

Es que el campo argentino siempre miró –y aún mira- hacia fuera. ¿Por qué contentarse con el mercado local si puede vender afuera a precio dólar lo que aquí se produce?

Durante el duro conflicto que mantuvo con el gobierno el año pasado, quedó claro que la preferencia de este sector no es el mercado interno. No es rentable. De lo contrario, no producirían soja. Los datos conocidos, dicen que el mercado interno consume apenas el 3 por ciento de soja. Si lo que les importa es el hambre, producirían trigo y maíz en mayores cantidades.

No dañan el suelo, no matan el ambiente, se consume en el mercado local y –es cierto- tiene menos precios en el mercado mundial. Pero si se distribuyera trigo y maíz entre los pobres, podrían seguir siendo pobres, pero sin hambre. Y quizás superaríamos los graves problemas que la subalimentación ya está causando en las jóvenes generaciones de argentinos y argentinas.

Hay otro elemento que Biolcati olvidó decir: el plan de la Sociedad Rural ya se ejecutó en Agentina. Tal vez él no lo sepa porque quizás por aquellos años andaba arriando vacas por algún campo del interior de la república. Pero la prestigiosa SRA implementó un plan económico en el país que comenzó a aplicarse el 2 abril de 1976, a los pocos días del golpe de Estado de Videla, Masera y Agosti. Que fue en marzo.

El encargado de llevar adelante esa política económica fue José Alfredo, nieto de José e hijo de José: los tres Joseses que presidieron la Sociedad Rural desde su creación.

¿En qué consistía ese plan? Básicamente: eliminación de retenciones al campo; subsidios para el campo; apertura de la economía; desindustrialización y endeudamiento. Durante el gobierno militar, la deuda externa de nuestro país pasó de 7 a 40 mil millones de dólares. Eso –según el plan- era abrirse al mundo.

Con respecto a los trabajadores, hubo una brutal reducción de la participación de los obreros y obreras en la renta nacional. Mientras en los años del gobierno de Perón, la distribución de la renta entre el capital y el trabajo era del 50 por ciento para cada uno, en pocos años de Sociedad Rural cayó a menos del 30 por ciento.

El salario mínimo se destruyó. También los gremios. En realidad, en algunos casos fueron destruidos, pero en muchos otros, fueron cooptados por el nuevo régimen. Y una inmensa mayoría de dirigentes gremiales, se entregaron complacidos. Y entregaron complacidos a los trabajadores que repudiaban el gobierno de facto.

También tuvo una política para los pobres: los arrinconó en unos nuevos ghettos que se llamaron Villas Miseria. Cuando una villa molestaba a la vista, se las corría a otro lado mediante unos artefactos muy prácticos llamados topadoras.

“El campo –dijo Biolcati- dejó de ser la mansa vaca que se deja ordeñar”. El campo de la Sociedad Rural –decimos nosotros- jamás se dejó ordeñar. Fue, es y será el dueño de la argentina, de su economía y de sus ganancias. El campo tuvo un plan: las consecuencias son las que aún hoy vivimos los y las argentinas. De modo que ¿por qué esperar hasta marzo si ese programa lleva décadas en marcha?

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