Convivencia forzada

Digo lo que siento

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La gripe A llegó para quedarse. De modo que es hora de diseñar políticas y establecer prioridades. ¿Cómo prevenir colas al aire libre? ¿Es más importante llevar agua y gas a un barrio, o hacer un monumento a la Biblia?

Por Fabián Bergero

El fin de semana, el tema apareció como una revelación en los medios de comunicación. La gripe A convivirá con nosotros tres o cuatro años mas. Es que el ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires, Claudio Zin, advirtió sobre el tema y llamó a mantener las medidas de prevención.

La explosión de sinceridad llamó la atención. También el impacto en los medios. ¿Hacía falta que alguien lo dijera? ¿O todos pensábamos –con Alvaro Alsogaray- que había que pasar el invierno? Un invierno, y nada mas.

Suena tonto haber creído que todo lo que está ocurriendo será por un solo año. Pero más tonto suena que tanto las autoridades políticas, como las sanitarias, las empresas, los organismos, los comercios, la administración pública, hay previsto medida de tal excepcionalidad, que parecen mas bien de prevención de una batalla que de una guerra.

Lo que quiero decir es que muchas medidas que se tomaron son de tal precariedad, que no van a resistir ni siquiera este invierno. Y te doy algunos ejemplos:

–         Los bancos obligan a clientes a hacer largas colas afuera para evitar el contagio adentro.

–         También lo hace el Instituto de Seguridad Social, o hasta algunos efectores de salud.

–         Las clases se suspendieron un mes. Puede llegar a ser que el receso se alargue un poco más en algunas provincias.

–         También la Universidad de paralizó, en forma preventiva. Ni exámenes, ni cursados.

–         Se pusieron en marcha los feriados sanitarios, un invento que sólo pretende favorecer el turismo, que también se desaconseja para evitar contagios.

¿Se imaginan si esta situación se prolongara todos los años durante tres o cuatro años? Es francamente inconcebible. Pero supongamos que así es. Que no queda mas remedio que repetir el año que viene, lo que se hizo este año. Es entonces cuando debemos comenzar a preguntarnos: ¿no será hora de prever? ¿No será tiempo de que los funcionarios del Estado deberían a comenzar a ver con mentalidad plaificadora el tema?

Qué quiere decir esto? Que si todos los años habrá que suspender las clases en invierno, tal vez sea hora de prever un mes sin clases en invierno y el comienzo de clases antes, o el final después, con las guirnaldas colgando. Del arbolito.

Que si los bancos van a obligar a los clientes y las clientas a hacer cola al aire libre, con tres, cuatro, cinco o seis grados bajo cero, habrá que prever un sistema para evitar que sigan siendo clientes. Vivos. Veo que todos los bares, para vender un mísero café, ponen toldos en las veredas con sistemas de calefacción. ¿No podrá hacerlo un banco cuyas ganancias son varias veces superiores?

También he visto un montón de mejoras edilicias en el Instituto de Seguridad Social de Neuquén. ¿Acaso no podrían prever un sistema más inteligente de atención a un público que generalmente llega con algún problema de salud propio o de algún familiar cercano? Es decir, que llegan en zona de riesgo, y se van peor luego de esa cola de dos horas en la que lo único que recibieron de parte de la obra social fue un poquito de alcohol en gel para… para…¿para prevenir la gripe A????

Por otra parte, es necesario imaginar otras medidas, muy concretas, que ayuden a fortalecer el sistema sanitario. Ayer leía una nota de Laura Loncopan en 8300web, que hablaba de la atención sanitaria en dos puntos de alto riesgo: Ciudad Industrial y la colonia Nueva Esperanza, en la meseta.

¿Es concebible que los médicos y médicas y el personal de enfermería no hayan tenido barbijos? O que una población como la de la Nueva Esperanza reciba atención médica sólo dos veces por semana? ¿Y en un comedor comunitario?

Y algo peor aun: en un barrio que no tiene agua potable, ni gas natural ni nada de lo que aquí, bajo nuestros pies, abunda: agua y gas. Como miles de personas que viven en Neuquén, desde hace mucho o desde hace poco, y lo mas cerca que vieron al agua fue en la canilla que está a cien o doscientos metros. O quienes nunca tuvieron un calefactor en su casa que pudiera estar prendido toda la noche.

Entonces los nuevos gobiernos deberán comenzar a pensar también si no es preferible hacer un tendido de agua potable al oeste o a la meseta, antes de asfaltar una calle o hacer un monumento a la Biblia.

Y tal vez, la lucha por el gas que épicamente presenta el gobierno de la provincia, no debería ser una batalla para aumentar la rentabilidad de las empresas, sino por lograr que no haya un solo vecino ni una sola vecina de Neuquén que carezca de gas. Que pueda dormir caliente y lavarse la cara con agua de la canilla cada mañana.

La lucha por esta gripe pasa por algunas de estas cosas. Y por otras muchas, que no alcanzo a imaginarme.

Y también –creo yo- por una política de comunicación diferente. No hablo en realidad solamente de la política pública de comunicación. También me refiero a la privada, a la de muchos medios de comunicación que parecen exitados contando muertos y viendo quién tiene mas, para –de este modo- ser más duros a la hora de pegarle a los gobiernos nacional y provinciales.

Es claro que los gobiernos tienen responsabilidad directa por lo que ocurre. Son responsables de todas y cada una de las muertes que se producen. Sobre todo, de las que se podrían haber evitado. Pero de la conmoción social, los medios tenemos una responsabilidad ineludible.

Hace años estudié cómo era la comunicación durante una emergencia. Eran cursos que proponían política para los medios y para los periodistas, en el caso de que se rompiera el Chocón. Y lo que se concluía era que tanto los medios públicos como los privados y los gobiernos, deberían sentarse a analizar qué decir y cómo decirlo de la mejor forma posible. Es decir, cómo evitar el pánico en situaciones –mucha veces- de pánico.

No se trata de acordar para mentir. Sino para buscar la forma de evitar un caos. Un desborde. Como el que se produjo en consultorios, farmacias, hospitales, y como aun se sigue produciendo. O como el trauma creado en muchas y muchos, que ya no quieren ni siquiera ir a visitar a un amigo o amiga a quien se le caigan los mocos.

Nosotros también tenemos mucho que aprender. Pero en todas estas medidas está y estará –o debería estar- el Estado y los funcionarios públicos. Y –claro- la mentalidad planificadora que ha brillado por su ausencia.

One thought on “Convivencia forzada

  • Acuerdo, y se me viene a la memoria la frase, que como al pasar emitió un ignoto funcionario de prensa del Ministerio de Salud de Neuquén, cuando a fines de mayo,displicente y cobarde dijo” nosotros sabíamos en abril que esto (de la gripe A) iba a pasar y que dejaría unos 3 mil muertos” ¡!. A mí me dio verguenza, pero parece que para él ese sentimiento es desconocido, sobre todo cuando tiene que cobrar más de 3 lucas a fin de mes por la función que no cumple.

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