Ahora sé qué me diferencia de Martin Luther King

Tema de la semana

el-tema-de-la-semanaEntre Martin Luther King y yo hay una sutil diferencia. Él “tuvo un sueño”. En cambio yo, ¡tengo un sueño!!

Por Qwert Poiuy

Ocurre que se han alineado una serie de hechos que hicieron que mis rutinas se modificaran sustancialmente. Algunos de poco peso, y otros fundamentales. A saber:

–         La gripe. La del pollo, la del chancho o la tradicional, han hecho que evite salir mucho de mi casa. Además, esta cuestión de la prevención me hace doler todo el cuerpo. Primero, porque llevo en la mochila pañuelos de papel, alcohol en gel, mi propia toalla, un jaboncito líquido por si adonde voy no hay y hasta un secador de pelo por si me agarra la lluvia. Tanto peso, me dobla la espalda. Pero además, convengamos que toser o estornudar con el pliegue del brazo cuando uno tiene puesta una camiseta de mangas largas, una remera, un pullover de lana de oveja y una campera de pluma de ganso, es complicado. El esfuerzo es tan grande, que uno termina de cama. Pero sin gripe, por suerte.

–         El frío. Hasta hace pocos días, salía todas las mañanas a las siete a pasear a Boby Fisher. Mi intención era que meara y cagara las plazas y veredas ajenas y no que ensuciara mi alfombra con pelitos de diez centímetros, que la pagué oro y terminó siendo más ordinaria que gallina mensajera. Pero con los cinco o seis grados bajo cero de los últimos días, el Boby se niega terminantemente a salir afuera. La primera señal la tuve una mañana en que el tipo se quedó sentado y puso las patitas para adelante como sofrenándose. Yo le até la correa y lo pasié los seis kilómetros habituales. Jamás depuso su actitud. Fue como pasear a un enano de jardín de yeso. Cuando llegamos a casa, le puse un platito con agua y en vez de tomarla, se sentó adentro como para refrescarse el tujes de tanto raspón. Dejé de sacarlo temprano la mañana en que se aferró con los dientes al marco de la puerta y no hubo forma de sacarlo de allí. De hecho, sigue allí.

–         Los programas de televisión. Los dan cada vez mas tarde. Sobre todos los buenos. Me hace acordar a ese chiste de Le Luthier, que al programa “Cultura para todos” lo pasaban en su horario habitual de las tres de la mañana. Acá lo mismo: si querés ver algo bueno (siendo “bueno” algo que puede ser: masssomenos buenos o no tan malo), tenés que quedarte despierto hasta la una o una y media. Claro, al otro día ni la furia de Odín te levanta a las seis y media. Pero qué le importa eso a los programadores de los canales, que son esos tipos y tipas que tienen un medidor de rating minuto a minuto instalado en el cerebro.

Fue esta larga sucesión de inconvenientes la que me llevó a cambiar mis  hábitos: me quedo hasta tarde viendo tele y me levanto tipo once, oncimedia. Fue justamente esta nueva rutina la que me permitió ser un involuntario espectador del evento más importante de la televisión de los últimos siglos en Argentina: el triunfo de Estudiantes de La Plata, el miércoles por la noche.

“Rey león”. “Coraje”. “Estudiantes reina en la cima del continente”. Y cosas por el estilo o más ridículas aún leí y vi en estos días. Y me sentí orgulloso de haber sido testigo de este acontecimiento, que –pude comprobar- causó más emoción que la caída del muro de Berlín o la película de Alan Parker sobre Pink Floyd.

Yo siempre pensé que un equipo de fútbol eran once boludos corriendo detrás de una pelota. Y un partido, 22.  Pero desde esta semana, empecé a cambiar esa imagen. Sobre todo teniendo en cuenta, que el “evento” tuvo más rating que Tinelli.

Como dice el dicho: “coma caca, millones de moscas no puede estar equivocadas”.

One thought on “Ahora sé qué me diferencia de Martin Luther King

  • esta buenisimo yo que estoy en casa encerrada con mocos hasta el piso esperando que empiecen las clases y encontrarme con los nenes del jardin con los mocos hasta el piso, llenos de piojos que despues son mios llenos de tiera y demas jaja publiqquen mas de estas notas besos

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