Lo que hay detrás de la “panacea universal”

Derechos de la humanidad
Tamiflú es el nombre comercial del oseltamivir
Tamiflú es el nombre comercial del oseltamivir

El Tamiflú es el antídoto contra la gripe A y otras como la aviar. Las políticas de emergencia pasan por adquirir y suministrar la droga. Incluso aquí se habló de que su venta sea libre. El laboratorio que lo produce está vinculado al ex secretario de Defensa de EEUU. Un hombre que abandonó la administración mucho más rico de cuando entró.

El infectólogo Daniel Stamboulian –el científico que más talla en el comité creado por el gobierno para atacar la Gripe A- dijo que en las últimas semanas se había logrado comprobar que el tratamiento precoz de la enfermedad con oseltamivir es clave para evitar complicaciones.

El gobierno de Cristina Fernández está cavilando por estas horas, si disponer de la venta del Tamiflú (el nombre comercial de esta droga) en forma libre en las farmacias, a pesar de su elevado precio, que podría superar los 50 dólares.

En la reunión con los ministros de Salud de todas las provincias junto con el nacional, Juan Manzur, se tomó una decisión que por ahora parece precaria: suministrar el retroviral sólo en pacientes de más de 15 años, que formen parte de grupos de riesgo, y que tengan los síntomas típicos de la Gripe A.

Lo cierto es que ningún país duda ya de la efectividad de esta droga para combatir la gripe, incluso a pesar de que se hayan detectado algunos poquísimos casos de resistencia al antiviral fabricado por laboratorios Roche.

Las informaciones que transmiten los medios es que México está acumulando Tamiflú para contener la expansión de la gripe en su próximo invierno, que llegará cuando aquí arrecie el verano. También dicen que Venezuela, el país de Hugo Chávez, tiene suficientes dosis de Tamiflú como para enfrentar una eventual escalada de la pandemia en ese país, que aún no sucedió. O que el gobierno de los Estados Unidos donará 420 mil dosis del antiviral a la Organización Panamericana de la Salud para contribuir a la lucha contra la Influenza en América Latina y el Caribe.

La panacea

El oseltamivir es un antiviral selectivo contra el virus de la influenza de gran efectividad para enfrentar las dos variedades del virus influenza, la A y la B. Una vez administrado “disminuye los síntomas de pacientes con la gripe adquirida recientemente y reduce la incidencia de los síntomas propios de una gripe confirmada”, según la infalible Wikipedia.

Claro que la misma enciclopedia aconseja que esta droga sea receta por un médico, aun cuando tanto en nuestro país como en otros jaqueados por la pandemia, se está decidiendo su venta libre en farmacias como preventivo de la gripe.

La mayoría de los y las argentinas conocieron recién este año las bondades de esta “panacea universal”. Sin embargo, el Tamiflú tiene una larga historia de éxitos médicos, y de controversias políticas.

La primera que instaló sospechas sobre este medicamento fue la ensayista e investigadora canadiense Naomi Klein. En un libro fundamental para comprender de qué forma de aplicaron en los países del “tercer mundo” las políticas neoliberales inspiradas por Milton Friedman (La Doctrina del Shock. El auge del capitalismo del desastre), la autora explica justamente eso: cómo la escuela de Chicago impuso sus ideales a sangre y fuego, aprovechando las conmociones naturales (un terremoto, un tsunami) o artificiales (un golpe de estado, o las famosas “políticas de shock” impulsadas por no menos ilustres ministros de economía).

Durante ese shock, la población está tan sensibilizada, temerosa, asustada o traumada, que crea las condiciones necesarias para imponer los más dramáticos planes de ajuste, privatización, disminución de salarios y todo lo que los y las argentinas ya conocemos por haberlo vivido hasta hace poco tiempo.

En este contexto, Klein habla de cómo se crearon –a la luz de las catástrofes- negocios multimillonarios. Los más lucrativos, fueron los de la seguridad. Los segundos, lo de la salud. Particularmente los que tenían que ver con la fabricación de antídotos contra las nuevas pestes. Desde el Ántrax hasta las nuevas gripes.

Los que ganan

Donald Rumsfeld fue secretario de Defensa de George Bush. Antes de llegar a ese cargo, había participado en la empresa Gilead Sciences, y era propietaria de la patente de Tamiflú. Tres semanas antes de renunciar a su cargo, el gobierno de Bush impusló –y logró sancionar- una ley de Autorización de Defensa, que en pocas palabras le permitía recurrir a las fuerzas armadas en caso de emergencia pública. Entre las facultades que le daba a las fuerzas represivas, el presidente norteamericano permitía que durante una “emergencia de salud pública”, el ejército podría imponer cuarentenas y vigilar el suministro de vacunas, según explica Klein en su libro.

Esta ley –dice la autora- hizo que el precio de las acciones del Tamiflú subieran un 24 por ciento.

“Cuando Rumsfeld dimitió después de la derrota de los republicanos, en las elecciones de 2006, la prensa informó de que regresaba al sector privado. Lo cierto es que nunca se había marchado”.

Es que no jamás se había terminado de desvincular del todo de las empresas que formaba parte, sobre todo aquella relacionadas con la seguridad. Esto es así, porque sus decisiones podrían ser sospechadas de parcialidad. En realidad, Rumsfeld no quería perder la gallina de los huevos de oro que eran esas empresas valuadas en 95 millones de dólares. Una pequeña fortuna personal que equivale a casi 20 presupuestos neuquinos.

Rumsfeld “se negó a elegir entre sus intereses empresariales y su deber público” dice Klein. “No llegó a vender sus acciones de Gilead mientras permaneció en su cargo (conservó entre 8 y 39 millones de dólares en acciones de la firma)”, explica.

Esto llevó a situaciones realmente ridículas, como que el secretario de defensa abandonara la sala de reuniones cada que vez que se trataban cuestiones que rozaran sus intereses empresarios. Por ejemplo, cuando había que decidir compras de medicamentos para combatir la gripe aviar.

“En Julio de 2005, el Pentagono adquirió Tamiflú por valor de 58 millones de dólares. Unos meses más tarde, el Departamento de Salud y Servicios Sociales anunció un pedido de medicamento por valor de 1.000 millones de dólares” informa la autora.

Un hombre rico

“Definitivamente, el desafío de Rumsfeld resultó rentable. Si hubiese vendido sus acciones de Gilead en enero de 2001 cuando tomó posesión de su cargo, habría recibido nada mas que 7,45 dólares por cada una”, dice. Pero cuando terminó su mandato, cada acción cotizaba 84 dólares. “Por lo tanto –concluye Klein- cuando Rumsfeld dejó el puesto de secretario de Defensa era un hombre bastante más rico que antes, algo poco frecuente para un multimillonario en un cargo público”.

El hecho de que el Tamiflú esté relacionado con la cura de la mayoría de las gripes de los últimos años, es un dato sospechoso. Pero que su propietario fuera el secretario de Defensa del gobierno que vio en las guerras y las epidemias la forma más clara de acrecentar las fortunas personales y empresariales, es –definitivamente- una prueba clara para las peores sospechas.

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